Alex Daniel Rodríguez Videla había nacido en Neuquén el 5 de mayo del 2009 y tenía domicilio en la manzana A del barrio San Martín. Murió de un balazo en la cabeza durante la madrugada del viernes en el barrio Olivares de Ciudad, uno de los complejos más conflictivos cercanos a la Universidad Nacional de Cuyo.
El crimen, que en principio parecía un ajuste de cuentas más en una zona golpeada por la violencia, es investigado como un caso de “confusión fatal”: los vecinos y testigos coincidieron en que el verdadero blanco del ataque era un amigo suyo también menor de edad, el Chiriguita, conocido en la zona como uno de los integrantes más activos de la banda de los “Monos González”, quien se había mostrado activo en las últimas horas.
Esa es la principal hipótesis que manejan los detectives liderados por la fiscal de Homicidios Claudia Alejandra Ríos. Según la investigación de los primeros dos días, el sospechoso del disparo letal –ya detenido– habría confundido a Rodríguez con su amigo el Chiriguita, quien sí tenía varias amenazas encima por una seguidilla de robos en el citado Olivares y alrededores. De hecho, su madre había advertido horas antes en una comisaría en una denuncia de averiguación de paradero que a su hijo “se la tenían jurada” y ya habían intentado matarlo.
Rodríguez Videla salió esa noche de la casa de su novia seguido por otro joven, que aseguró luego que un policía le había robado un arma de fuego a la víctima, versión a la que los pesquisas no le dieron crédito alguno.
Según trascendió, ambos habrían estado armados. No llegaron lejos: al llegar a calle Bicentenario, alguien disparó con un arma calibre 22 y una de las balas impactó en la frente del joven de 15 años. Murió prácticamente en el acto.
Una patrulla que realizaba recorridas por calle José Ingenieros escuchó entre cuatro y cinco detonaciones de arma de fuego y fue desplazada por el CEO a los pocos minutos. Al ingresar a la zona, se cruzaron con un joven sin remera que corría con un celular en la mano. Cuando lo interceptaron, dijo que “no había sido él” el autor de los disparos y señaló que frente a su casa había un chico tirado. Era Rodríguez Videla.
La tensión en la cuadra creció rápidamente. Los familiares de la víctima, desesperados, lo subieron en la caja de una camioneta policial para trasladarlo de urgencia al Hospital Lagomaggiore. Cuando llegó, ya no tenía signos vitales y en la guardia constataron el deceso.
Por el asesinato fue detenido horas después Fabián Jonathan Avaca, conocido como el Gordo y de 30 años, quien fue imputado por homicidio agravado por el uso de arma de fuego.
En la barriada también mencionaron a otro hombre como el autor del hecho de sangre, quien también está identificado pero no habían avanzado hacia su detención. Por eso, estimaron al ser consultados, que podrían ser más los protagonistas de la historia.
Pero la violencia no terminó ahí. Durante el sábado se registraron nuevos enfrentamientos armados en los alrededores del barrio, siempre entre los mismos integrantes de las “banditas del sector”, la mayoría vinculadas a hechos de inseguridad y al narcomenudeo. Hubo tiroteos el sábado durante la noche y también la madrugada del domingo.
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El día antes del asesinato
Un día antes del crimen y siempre ligado a estos personajes del barrio, el jueves a las 10, una patrulla fue desplazada al límite con el barrio Soberanía tras recibir un alerta sobre un grupo de personas armadas con palos. Cuando llegaron, había dos móviles policiales y varios vecinos que decían haber atrapado a un joven de la banda de los “Monos González” a quien acusaban de haber cometido el robo de un teléfono celular.
Ese chico de 14 años y con cabellos teñidos color zanahoria –que sería el menor buscado inicialmente en lugar de Alex– quedó aprehendido unos minutos antes de ser quedado a disposición de los ETI. Los policías prácticamente lo salvaron de un linchamiento. Hasta le habían intentado dar un puntazo y le provocaron un pequeño corte. Con el paso de las horas, volvió a la calle.
Su imagen ya había circulado en las últimas semanas entre los pesquisas y policías del sector, donde se lo veía robando en la vía pública con una hermana, tal como se desprende a las pruebas a la que accedió El Sol. Eso, sumado a los conflictos previos, hizo que varios vecinos se organizaran para “ajustar cuentas” por los robos que cometía.
Los policías de Investigaciones y otros que patrullan la zona diariamente, no descartan que el crimen de Rodríguez sea el resultado de esa escalada. En las primeras 48 horas de instrucción, apuntaron a reconstruir cómo se gestó el ataque y si hubo más personas involucradas.
Mientras todo esto sucedía, en el barrio Olivares el clima seguía siendo de extrema tensión, tanto es así que varios testigos fueron citados a declarar para contar lo que sabían pero muchos presentaron contradicciones e intentaron introducir algunas teorías que no serían todo fehacientes para encaminar las pruebas hacia el esclarecimiento.
