El jueves minutos después de las 0.30, un hombre de 34 años fue ejecutado de tres balazos en las cocheras del complejo residencial Aquarella, una torre de 9 pisos ubicada a metros del límite con Capital, a la vera del zanjón Frías, en calle Renato Zanzín casi Pedro J. Godoy. La serie de detonaciones alertó al vecindario y hasta interrumpió el cumpleaños de un abogado, que luego terminó siendo testigo de las actuaciones policiales y judiciales (ver aparte). Tres hombres atacaron a Miguel Ángel Quiroga Gutiérrez en el sector donde se guardan los autos de los propietarios o inquilinos del edificio y se dieron a la fuga en un Ford Sierra blanco. La víctima estaba lejos de su hogar y se abrió un abanico de hipótesis.
El fiscal del caso, Horacio Cadile, creía que tenía una prueba de importancia para encaminar el expediente hacia el esclarecimiento, ero no sirvió después del análisis: las cámaras de seguridad del predio, que captaron la huida del trío de matadores, son de tan mala calidad que no se logra apreciar en las imágenes ni rostros ni la patente del rodado.
Por esto, dio directivas en las últimas horas y pasó las grabaciones a la División Delitos Tecnológicos de Investigaciones, con el objetivo de saber si pueden rescatar algún indicio que lleve a los autores del hecho.
¿Qué hacía el hombre de 34 años en las cocheras del coqueto edificio? Es la pregunta que se hicieron tanto los detectives policiales como judiciales apenas ocurrió el crimen.
Cuando tomaron contacto con el cadáver, lo identificaron: se trataba de un sujeto con antecedentes por robo de vehículos y delitos contra la propiedad. En su billetera portaba documentos y otros papeles, y supieron que su domicilio era en el barrio Sol y Sierra de esa comuna, pero situado en el piedemonte. Además de estos elementos, Quiroga trasportaba entre sus ropas un juego ganzúas para “sustraer” autos. Cuando entrevistaron a la esposa de la víctima, dijo que esa noche habían dejado su casa para ir a la de unos conocidos, y que su pareja le dijo que “ya venía”, que se volvía a su hogar para buscar una campera.
Todos estos elementos sirvieron para potenciar una de las hipótesis. De acuerdo con la visión de algunos investigadores, Quiroga no fue hasta su casa sino al edificio sólo para robar un auto y se encontró con un grupo de malvivientes que también “opera” en la zona. Es decir, lo acribillaron a balazos por una cuestión territorial.
Sin embargo, otros pesquisas sostienen que el sujeto llegó hasta las cocheras del edificio con los otros tres malvivientes que terminaron matándolo. Algunos se inclinan por la hipótesis de que lo llevaron a propósito hasta allí para quitarle la vida y despistar a los sabuesos. No descartan lo relacionado a la venta de drogas.
Otra versión, con mucho menos peso pero que no se descarta, señala que Quiroga fue atacado por uno de los moradores del edificio que, al ver que estaban robando, disparó contra uno de ellos.
En las imágenes se observa a tres sujetos correr hacia el Sierra blanco. Todos llevan gorras, lo que dificulta aún más apreciar los rostros. De acuerdo con unos pocos testigos, se escucharon cinco detonaciones y no se levantaron vainas servidas. Si bien el fiscal todavía no recibe el informe final de la necropsia, se cree que a Quiroga lo mataron con un revólver calibre 22. No había vainas servidas y los plomos no atravesaron su cuerpo.
Si son rescatados del cuerpo y se encuentra el arma homicida, los proyectiles podrían servir para un cotejo balístico.
Se quedó sin su festejo
El ingreso y las cocheras estaban repletos de autos cuando ocurrió el crimen. En una de las casas del edificio se estaba desarrollando la fiesta de cumpleaños de un abogado. Cuando el letrado bajó, las autoridades le pidieron que sirviera de testigo de las actuaciones, por lo que tuvo que suspender el encuentro.
