Lejos de importarles que estaban en un local por donde pasaban cientos de personas, dos delincuentes armados y a cara descubierta perpetraron un violento asalto en la sucursal de Coa Medical de calle Rioja 1953 de Ciudad, donde atacaron unos cuatro empleados, mientras que otros seis lograron encerrarse para no ser agredidos por los maleantes.
Los damnificados fueron tirados al suelo, golpeados y amenazados de muerte. Los ladrones escaparon con más de 3.500 pesos en efectivo, teléfonos Nextel, y otras pertenencias de los presentes.
El atraco se desató a las 10.30 de ayer, cuando por la mencionada arteria transitaban cientos de personas. Mientras los delincuentes escapaban del lugar, unos policías advirtieron el robo y los persiguieron. A pocas cuadras, lograron capturar a dos sujetos pero no eran los ladrones.
“Se les perdieron de vista y dos chicos venían en contramano. Los policías pensaron que eran ellos y los detuvieron. Pero, cuando los fuimos a reconocer, no tenían nada que ver con el asalto”, explicó Roberto Pereyra, uno de los empleados del lugar y víctima del hecho.
El hombre aseguró que el robo fue perpetrado en “no más de tres minutos”, mientras que también elogió la tarea de la policía.
“Los llamamos y llegaron a los segundos. Nos dijeron que justo estaban a la vuelta. Lástima que aparecieron estos tipos en contramano, porque si no, los alcanzaban”, agregó el damnificado.ataque violento. El asalto comenzó cuando en el interior de la ortopedia Coa Medical permanecían más de diez personas trabajando.
En el hall central se encontraba Pereyra, acompañado de Dana Gentile, Fabián Arenas y Pedro Muzato. En tanto que, en los talleres, había más de seis empleados, de quienes no se dieron a conocer las identidades.
De repente, dos sujetos extraños solicitaron entrar golpeando la puerta (el acceso se habilita desde el interior de la empresa).
Al ingresar, se dirigieron al escritorio de unos de los empleados y pidieron una faja. Cuando el hombre volteó la mirada para buscar ese material, uno de los individuo desenfundó un revólver.
“No sé nada de armas, pero, por las características que le di a la policía, me dijeron que era una calibre 45. Era muy grande”, señaló Pereyra.
Luego de esto, el delincuente que había quedado en la calle comenzó a gritar para meterse al edificio. Al entrar, quedó en la puerta haciendo de campana.
Al mismo tiempo, las víctimas fueron amenazadas y obligadas a lanzarse al piso. “Dame la plata y quédense quietos, si no, los hago cagar”, gritaba uno de los asaltantes.
Cuando escucharon esto, todos los trabajadores que estaban en los talleres -al fondo del edificio- decidieron encerrarse y no ir al oficina central por precaución.
“Teníamos miedo de que nos dieran un tiro. Por eso, hacíamos todo lo que nos pedían ellos” señaló otro de los trabajadores atacados.
Tras reducir a todos, uno se trasladó hasta la caja donde arrebató todo el dinero que pudo. Incluso, algunos billetes quedaron desparramados en el piso, explicaron.
Posteriormente, fueron saqueados cada uno de los empleados. Así, se alzaron con la cartera de la empleada, celulares, billeteras, y más dinero en efectivo, aunque, en este caso, no un monto importante.
“Quédense quietos y no nos sigan”, exclamó el delincuente antes de salir del lugar para escapar por Rioja hacia el norte y tomar Alberdi al este. Sin obedecer, Pereyra salió tras ellos y se encontró con un móvil policial.
Le dio las características y el patrullero salió tras los sospechosos. A tres cuadras, vieron un auto que circulaba en contramano, por lo que pensaron que podían ser los autores. A pesar de esto, nada tenían que ver con el hecho, así que luego de ser identificados fueron liberados.
El procedimiento policial quedó en manos de la Oficina Fiscal Nº1 de Ciudad, donde en horas del mediodía la víctima se presentó para ampliar su denuncia. De los asaltantes, nada se supo.