A pura rosca. Reuniones aquí, allá y allá también. Cruces de miradas, silencios cómplices y declaraciones estridentes. Caras y careteo. La Fiesta Nacional de la Vendimia está instalada, además de ser una de las celebraciones más lindas del país, como el punto elegido por funcionarios departamentales, provinciales y nacionales para construir alianzas, armar estrategias, estructuras y ver si alguna de sus ambiciones políticas tiene asidero. Es un fabuloso “quién es quién” que ya supo marcar la agenda nacional.

El Carrusel arrancó más temprano que de costumbre. Y el calendario fue agregando encuentros que no estaban en la órbita del conventillo político que rodea a la Vendimia. Y ahí, por ejemplo, apareció Patricia Bullrich en el desayuno realizado en bodega Los Toneles. Una estrategia más que interesante: la presidenta del PRO no tuvo competencia fuerte ese día. Evitó entrar en competencia con otras figuras y fue la responsable de atraer cámaras y grabadores.

De ahí en más, hubo un armisticio que duró apenas una noche, entre la serenata a las reinas, la Vía Blanca y el inicio del comienzo del desayuno de Coviar. Fueron horas de relax, con un Sergio Berni sonriente, lejos de su imagen de hombre recio y díscolo de kirchnerismo extremo, y probando si su imagen mide algo fuera de la provincia de Buenos Aires.

En el Hyatt la paz se terminó. Bastó con el discurso de José Zuccardi, titular de la Corporación Vitivinícola Argentina, para que romper con la convivencia vendimial. A eso se agregó el video institucional con un metamensaje -no tan meta-, que dejaba en claro la importancia que Cristina Kirchner tiene para quienes están agrupados en ese organismo.

Fue tan así, que el ministro de Agricultura, Julián Domínguez, asistente casi obligado por la naturaleza de su cargo, debió ser el único funcionario del Ejecutivo Nacional que no tuvo que soportar ninguna afrenta. Un pedido tibio para bajar las retenciones. Pero fue casi una sugerencia.

Anabel Fernández Sagasti hizo su juego. Su propósito fue capitalizar el nuevo sistema previsional para viñateros. Por eso la trajo a Fernanda Raverta, para mostrar el músculo de su ascendencia en el Anses y seguir marcándole la cancha (por las dudas) a los mendocinos que están en diferentes áreas del gobierno nacional.

Hasta la polémica surgida sobre quién manejará los fondos de una nueva etapa del Proviar sonó en voz baja. Se trata de millones de dólares dispuestos por el Banco Interamericano de Desarrollo para el Programa de Apoyo a Pequeños Productores Vitivinícolas. Los administrará Coviar como hasta ahora o pasará al Instituto Nacional de Vitivinicultura, esa es la cuestión. ¿Qué hay en juego? Gran parte de ese presupuesto se invierte en contratos. 

Alfredo Cornejo tomó como un desplante lo visto en el escenario. Una suerte de puñalada por la espalda. Falta de códigos. En su casa, con un montón de referentes de Juntos por el Cambio entre los invitados, desde Coviar decidieron hablar a favor del gobierno nacional y evitar cualquier tipo de crítica frente a los radicales Mario Negri, Martín Lousteau, Facundo Manes y Carolina Losada, por caso; especialmente Manes, a quien exhibieron por todos lados como novedad y regó la provincia con sus frases hechas y lugares comunes.

El guante lo recogió el gobernador Rodolfo Suarez. Su discurso estuvo más en sintonía con la situación del sector vitivinícola y planteó las necesidades que son de corte macroeconómica y que sólo la Casa Rosada puede solucionar.

El segundo capítulo llegó en Lamadrid Estate Wine, el lugar elegido por Bodegas de Argentina para el agasajo del mediodía. El tradicional almuerzo, que había perdido cierto peso específico en los últimos años, tuvo un resurgimiento en esta edición 2022. Casi todo el gabinete provincia fue hasta las instalaciones de calle Sáenz Peña en Luján y el oficialismo copó la parada. Intendentes, funcionarios y los huéspedes de Juntos por el Cambio.

Ahí la voz cantante la llevó Enrique Vaquié. El ministro provincial de Economía trató de empoderarse con el micrófono. Fue una exposición larga; bastante para el tipo de evento. Pero tenía como objetivo decirle a Julián Domínguez en la cara cuál es la situación de Mendoza, una provincia donde, según Vaquié, “se cuida la guita de los mendocinos, se cuida el mango”.

Todo eso pasó en menos de 48 horas, tiempo en que, por cierto, la pareja del momento nunca se soltó la mano.