Los gobernadores decidieron pintarse la cara frente a un Javier Milei que no atiende sus reclamos por los compromisos adeudados e incumplidos de la nación hacia ellos. El giro en la relación provincias-nación, en particular de parte de los gobernadores dialoguistas, pudo haber sido el dato político de los últimos días dominados por el nuevo golpe de la justicia de Estados Unidos contra el país por la mala expropiación de YPF en el 2012 y que ha puesto sobre las cuerdas al Estado y, claramente, por la crudeza del frío que dejó expuesta una vez más la fragilidad de la matriz energética nacional, la desinversión por años, los efectos de la corrupción, la nula idoneidad y mucha irresponsabilidad, que tuvieron en el manejo de la cosa pública quienes condujeron el institucionalmente el país, entre ellos la ex presidente de entonces, Cristina Fernández de Kirchner hoy condenada y presa en su domicilio.
Los gobernadores han convertido una parte de sus reclamos en dos proyectos de ley que duelen en la Rosada. Uno de ellos para redistribuir entre las provincias lo recaudado por el impuesto a los combustibles que hoy se lo queda ciento por ciento la nación cuando debió financiar obras en las provincias y otro para hacer lo propio con los adelantos del Tesoro Nacional (ATN) que no se reparten desde varios años a esta parte cuando también les corresponde a las provincias.
El fin de la paciencia de los mandatarios amenaza con arrebatarle a Milei el paraguas protector que logró conseguir en el parlamento y con el que consiguió llegar hasta aquí sin que el kirchnerismo –el obstruccionismo por antonomasia–, le haya marcado la cancha con proyectos de ley que para el oficialismo amenazan el equilibrio fiscal y la marcha del ajuste, las bases que sostienen el plan de estabilización económica que ha encarado el gobierno libertario. Lo que peligra en verdad, y que en efecto se convierte en uno de los mayores problemas para Milei, es lo que se conoce como “el club del veto”: ese puñado cercano a los 90 legisladores que ha sostenido en el recinto los vetos de Milei a las leyes que han empujado el kirchnerismo con algunos de sus socios eventuales.
Algunos radicales críticos como el mendocino Julio Cobos, peronistas no k de provincias clave, o los “radicales con peluca” que dejaron hace tiempo su bloque para unirse a Milei votando siempre en su sintonía, son los que permitieron en la última semana que Diputados alcanzara el quórum y poner en tratamiento temas sensibles como el financiamiento universitario o la emergencia sanitaria que hizo epicentro en el Garrahan. La sesión terminó en un escándalo bajo la firme sospecha que fue armado entre libertarios y algunos k para hacerla caer por propias conveniencias. Pero ha sido más que un llamado de atención para Milei.
Es interesante analizar la posición de los diputados radicales mendocinos que han respondido siempre a las decisiones y órdenes surgidas de Alfredo Cornejo, el gobernador, jefe político de Cambia Mendoza y claramente de los legisladores Lisandro Nieri y Pamela Verasay quienes no se sentaron en sus bancas para dar quórum, aunque avalan, apoyan y están detrás de los reclamos de los gobernadores que son también los del propio Cornejo.
Nieri y Verasay pudieron dar quórum y no lo hicieron. Hay razones que explican ese comportamiento basado, muy probablemente, en que Cornejo ha tensado la cuerda que lo une a la Rosada como varios de sus colegas, pero se cuida de romperla. Es que todavía no se ha alcanzado el acuerdo que está discutiendo con Karina Milei y los Menem, Martín y Lule por el posible armado de una alianza electoral en la provincia de cara a las elecciones de octubre. En no más de quince días ese enigma político-electoral tiene que quedar resuelto.
Cada vez que le preguntan por su relación con el presidente Milei, Cornejo responde más o menos lo mismo, sin alteraciones, más allá de las diferencias con el modelo y por las demandas de la provincia incumplidas por el presidente. “La relación es buena”, responde. Y agrega lo que ya se sabe: que Milei no es quien lleva adelante la negociación por la alianza electoral que pretenden, sino que tal función recae en la hermana secretaria y en los Menem, que juegan en tándem y en el enigmático Santiago Caputo enfrentado en ciertos temas con la hermana o El Jefe.
Y Karina y los Menem le han reclamado a Cornejo para firmar lo que lograron cerrar con el PRO en la provincia de Buenos Aires: una coalición anti Kicillof que llevará el nombre de Frente La Libertad Avanza, sin el nombre del PRO y con el color violeta. Milei pretende, al menos por ahora y en este punto de la discusión, que el frente mendocino se llame también La Libertad Avanza. Cornejo, en cambio, lo rechaza bajo el argumento de que lo que pretende el oficialismo nacional y que tiene cabida en Buenos Aires, donde los libertarios vienen de ganarle al PRO en CABA, no cuaja en la provincia. Cornejo les ofrecido que el frente se llame Cambia Mendoza/La Libertad Avanza. Y ninguna de las partes parece, por el momento, doblegarse a la otra. No hay acuerdo así, sostienen desde los dos lados.
Los Milei interpretan que es La Libertad Avanza quien hoy representa para la ciudadanía la herramienta idónea para doblegar al kirchnerismo en aquellos territorios en los que la fuerza de la ex presidente actualmente presa se mantiene con vida. El oficialismo mendocino les refuta la visión al sostener que en Mendoza es distinto y que tienen que respetar el nombre de la fuerza que gobierna la provincia desde casi diez años a esta parte. Los Milei tendrían en mente tres alternativas: o hacen un acuerdo con el gobernador; o van solos o se alían a la oposición de Cornejo en Mendoza. Y en la Rosada, de todo el menú, les seduce acordar con un gobernador no k que juega de aliado en el escenario nacional. Pero no logran imponer el nombre de la alianza, ni el color. Quieren mostrarse como puros y así reconocidos, nada que los acerque a una imagen de mestizaje político como lo que serían en realidad.
Los lugares en las listas, llamativamente, no serían por el momento un tema de profunda discordia. Todo indica que las negociaciones han partido desde un reparto equitativo en la lista de diputados nacionales intercalándose los lugares. Los tres primeros claramente son los más importantes y si hubiese acuerdo es probable que el primer lugar le correspondiera a los Milei y el segundo a un hombre o mujer del oficialismo provincial. Y en cuanto a las listas de legisladores provinciales tampoco hay diferencias insalvables. “La preeminencia en ese caso sería para Cambia Mendoza”, dicen alrededor de quienes son parte de las conversaciones por el gobierno provincial detrás de la alianza.
A Cornejo le quedan un poco más de diez días para que se le cumpla el plazo para fijar la fecha de las elecciones. Antes se tiene que definir la suerte de la alianza con Milei y las negociaciones internas con Luis Petri, quien evitaría ser candidato en esta elección preservándose con fuerza para el 2027 pero que exige para sí aquel porcentaje que logró reunir en las PASO del 2023 contra el oficialismo partidario y el propio Cornejo. Sobre este punto, todo indica que el gobernador le garantizaría al ministro de Defensa de Milei el cupo conseguido en aquella recordada elección. Y Petri habría aceptado.
Hasta el 16 de julio, fecha tope para resolver la propuesta electoral con o sin alianza y hasta la fecha de las elecciones, todo forma parte de un enigma cuya resolución repercute en la relación provincia/nación, en la interna oficialista, en el proceso de elección del peronismo a la espera de las definiciones electorales en manos de Cornejo y en el resto del universo político electoral que no quiere acordar con Cornejo, y que con gusto iría a los brazos de La Libertad Avanza en Mendoza en el caso de que se presentara sola contra el oficialismo provincial.
