Tuvo el peor de los comienzos que pudieron tener sus antecesores de la era democrática inaugurada hace ya 25 años. Por errores propios, por otros atribuidos injustamente, por haber generado una expectativa desmesurada, o porque este año la sociedad mendocina dijo “¡basta ya!”, lo cierto es que Celso Jaque debió lidiar en el barro, lo que le hizo cuesta arriba el buen curso de su primer año de gestión.

    Sin dudas que la meneada promesa de reducir el delito 30 por ciento en los primeros seis meses lo catapultó a convertirse en uno de los favoritos del público en el proceso electoral del 2007. Pero el precio que pagó por estar entre los primeros, e incluso por ganar aquella histórica elección, resultó ser muy alto. Tan alto que Jaque, sin saberlo aunque pudo haberlo intuido, ya pasó a la historia como el mandatario provincial que alguna vez prometió hacer bajar el delito y como no pudo, pidió perdón.

    Pero no alcanzó. Jaque ya hizo historia con eso. Aunque le pese, aquel spot de campaña que la gente todavía le está recriminando no se borrará fácilmente, incluso teniendo un éxito impensado de aquí en más hasta el fin de su administración, allá por el 2011. En verdad, el Gobierno no tuvo su luna de miel, ni siquiera aquel espacio de tiempo que se le da, tácitamente, a las nuevas administraciones para que se acomode y encuentre su lugar para comenzar a gobernar.

    Para colmo de males, demoró la designación y armado de su gabinete y permitió, con sus aparentes dudas, que los intendentes se hicieran fuertes y con el derecho suficiente a recriminarle espacios dentro de la estructura gubernamental, cuando, en realidad, todo parecía una disputa por espacios de poder ante un gobierno que se mostraba débil y caminando a tientas.

    Sus ministros tuvieron dificultades para adaptarse y encontrar su propio perfil y varias de las medidas clave no fueron las acertadas en las áreas más sensibles. Pero a Jaque se le ha exigido mucho más que a gobiernos anteriores. Quizás no tenga nada que ver con Jaque en lo personal. O quizás sí.

    Y si así lo fuera, la nueva sociedad mendocina estaría adquiriendo propiedades y características inéditas, combinando una serie de exigencias hacia sus dirigentes partiendo de las básicas condiciones de menos cháchara y más acción. Pero eso ya se verá. El Ejecutivo deberá mejorar sustancialmente para llegar a los niveles de consideración positiva que lo depositaron en la conducción de la provincia.

    Y el primer año ya dejó claras algunas pautas que permiten intuir por dónde discurrirá esa estrategia. El 2009 de Jaque será el año en que definitivamente selle una sociedad política, ideológica y metodológica con Cristina Kirchner. Difícilmente veamos a un gobernador parado sobre los puntales convencionales del federalismo, cuestionando al poder central por su avance sobre las facultades y soberanías provinciales.

    Las urgencias de Cristina harán que la sociedad se solidifique y avance tras un objetivo supremo: proteger a Mendoza de las fuerzas infieles y desleales de Julio Cobos.Para ello, a Jaque se le ha prometido taparlo de loas y bienaventuranzas con un plan de obras públicas que promete ser tan generoso como el nivel de la fidelidad que se pueda demostrar. De ahí que el desafío el 2009 sea igual o muy parecido a lo que provocó en la gente la promesa de la reducción de los niveles delictivos.

    Si no se cumple el drenaje de obras públicas y de los recursos de lo que se viene hablando, la reacción de un pueblo doblemente engañado y usado puede resultar irremontable para ambos gobiernos, tanto el de Jaque como el de Cristina. Porque la tolerancia y la consideración que se tuvieron, por ejemplo, con los mega anuncios de la Alianza o las promesas del propio Kirchner al gobierno del por ahora vicepresidente Cobos, Jaque ya sabe que no podrá contar con ellas.

    Mendoza puede convertirse, desde este fin de semana, en algo así como la meca política del país. Más por lo simbólico, que por su peso específico medido en votos o en poder económico, la provincia fue el banco de ensayo de la frustrada concertación y en su territorio se desarrolló el virus que hizo estragos en la histórica Unión Cívica Radical a tal punto de casi consumirla y hoy es candidata a transformarse en el escenario mayor de las luchas adelantadas por la batalla legislativa del 2009.

    Declarado el enfrentamiento abierto entre Kirchner y Cobos, el vicepresidente enfrentará a su propio gobierno sin renunciar al cargo, mientras que el matrimonio presidencial pretenderá arrastrarlo a dejar la vicepresidencia e imprimirle una dura derrota para sacarlo del plano de las amenazas contra el poder central en el 2011. Sin embargo, Kirchner no ha entendido todavía que mientras más castiga a su ex aliado más crece la imagen de su enemigo.

    En cambio, Jaque sí lo sabe, aunque no parece tener el suficiente peso como para influir en el santacruceño y persuadirlo de que va por mal camino. Por eso, más tarde que temprano, el Gobierno quiere dejar el 2008 con la imagen de una gestión en movimiento, en acción, aprovechando la “generosidad” de la administración de Cristina.

    Aunque le será muy difícil, Jaque está obligado a abandonar la imagen de una gestión sin dinamismo y dubitativa que tuvo a lo largo del año. En ese contexto se inscriben los cambios ministeriales que están en estudio y los sondeos con algunos políticos a quienes se los tantea para volver a ocupar roles trascendentes.

    En la lista aparecen Eduardo Sancho (hoy en cooperativas vitivinícolas), Ángel Cirasino (vinculado a Repsol- YPF) y Carlos Abihaggle como potenciales nuevos integrantes del elenco de Gobierno. Mientras, la oposición se mueve también. Los radicales ya tuvieron su primer encuentro con el cobismo para discutir una sociedad para el 2009, partido a partido.

    Ernesto Sanz, Carlos Le Donne, Luis Borsani, Juan Carlos Jaliff, Alfredo Cornejo, César Biffi, Sergio Pinto y Armando Camerucci, en un despacho del Senado nacional, comenzaron a delinear las bases de un posible acuerdo electoral.Aunque no llegaron a nada oficial, se sabe que se repartieron la mitad de los casilleros a llenar en las legislativas del año próximo.

    Los demócratas, por su lado, arman con el PRO de Mauricio Macri y tientan a algunos peronistas desencantados, como Daniel Cassia por caso, y los peronistas no kirchneristas se muestran como lo hace Enrique Thomas con Felipe Solá este fin de semana. Las vidrieras comienzan a llenarse de ofertas, aunque más de retazos que de cortes nuevos.