El lunes, horas antes de abordar el avión que lo condujo a Washington, Sergio Massa tomó el teléfono y marcó el número de Rodolfo Suarez. “Contame qué está pasando en Mendoza”, le pidió el ministro, candidato a la Presidencia por el kirchnerismo, preocupado, en apariencia, como todos, por el intento de saqueo y los extendidos robos en banda del fin de semana en Las Heras y Guaymallén, sumados a los incidentes de Tunuyán, sobre la ruta 40. La charla duró pocos minutos y sólo se limitó a un intercambio de información. Quedaron en volver a tomar contacto si era necesario y si el estado de agitación social, animado por grupos extraños y organizados o no –se está en plena investigación, sostienen–, llegara a escalar en el Gran Mendoza o en otros lugares de la provincia.

Para este martes al mediodía, cuando la ola de rumores y versiones de saqueos y ataques aquí o allá se multiplicaba por las redes y en grupos de wasap, los comercios del centro mendocino cerraban y el miedo se multiplicaba bajo una típica forma de sicosis, en el Gobierno reinaba la incertidumbre frente a los hechos. Sin encontrar explicación al asunto, en la intimidad no se sabía explicar el o los porqués de los acontecimientos, más allá de la consabida crisis espeluznante, que ha llegado a niveles dramáticos de pobreza y de necesidades insatisfechas, aun en familias con trabajo. Y comenzaba a alimentarse, también en la intimidad, la mano instigadora de algún que otro sector político sin identificar. Aunque, sobre el final del día, la versión conspiranoide política se iba diluyendo y todo se inclinaba más hacia actos de marginalidad, del lumpenaje, algo anárquicos unos y otros, con alguna dosis, no obstante, de mínima organización. Todo mezclado, la biblia y el calefón. Pero un clima feo, enrarecido, pesado, inquietante ha vuelto a sobrevolar la provincia, extendiéndose a otras en el resto del país.

Este martes, mientras la Justicia comenzaba a imputar a los detenidos del sábado, domingo y lunes en Las Heras, Guaymallén, Godoy Cruz y Tunuyán, Seguridad se aprestaba a unir los pocos cabos que fue encontrando por la ola de rumores que se agigantó en las redes. A última hora creía tener al caer el o los nexos de algunos de los teléfonos desde donde se activaron los mensajes de wasap y se esperanzaban con unir a quien o quienes ejecutaron la maniobra con los que la idearon.

Hubo un par de audios que se pusieron, por sobre todo, bajo la lupa. Uno tuvo que ver con el que advertía que en la Universidad del Aconcagua podría desarrollarse un foco de instigación, que sería tomada o, supuestamente, centro y objeto de actos vandálicos. Los investigadores llegaron incluso a dar con una joven de la cual surgió uno de los mensajes primigenios. Cuando le preguntaron, la chica se limitó a responder: “Ah, no sé, a mí me contaron”, y todo pareció morir allí mismo.

Siguieron, además, el hilo de otro audio bajo análisis que afirmaba que uno de los candidatos a la Gobernación había tomado contacto con una de las hinchadas más populares de fútbol de Mendoza para hacer un frente común e ir a defender los comercios del centro de los posibles saqueos anunciados.

Pero, particularmente, en la Gobernación y un rato antes de que el mandatario decidiera grabar un video pidiendo tranquilidad a la población al asegurar que todo se trató de una operación que difundió intentos de saqueo y robos falsamente, como también la inexistencia de los hechos de violencia que se propalaban en las redes, se creyó ver una suerte de déjà vu con el comienzo de la gestión de Suarez. El recuerdo viajó hacia fines de diciembre del 2019 y los primeros días del 2020, cuando Suarez dispuso volver atrás con las modificaciones a la 7.722, la Ley Antiminera, debido a los rumores de ataques a las casas de los funcionarios, a los edificios gubernamentales y una supuesta pueblada violenta con aires destituyentes. Estos rumores, no obstante, algo de veracidad tuvieron, al menos, desde el punto de vista de las manifestaciones organizadas por las asambleas del agua y medioambientales, muy activas por entonces. Pero en la Casa de Gobierno creyeron ver el mismo modus operandi y no fueron pocos los que lo recordaron.

Hacia el final del día, el clima de sicosis pudo más y dos hechos políticos trascendentes pasaron a segundo plano durante la jornada, lamentados en parte por el oficialismo. Y ambos fueron protagonizados por un mismo actor, Alfredo Cornejo. El primero de ellos tuvo que ver con el anuncio de que adoptará todas las propuestas electorales que hiciera Luis Petri en la competencia por la nominación a la Gobernación, entre ellas, la polémica revisión del ítem aula docente, el caballito de batalla político-electoral del actual senador y nuevamente aspirante a la Gobernación. Obligado a contener todos los votos que fueron para Petri en la interna y ampliar las chances de triunfo sobre Omar De Marchi en setiembre, Cornejo debió resignar posiciones y decidir un recule obligado por las circunstancias.

Y el segundo hecho significaba una apuesta fuerte de Cornejo como señal del posible nuevo Cuyo, que podría construirse a partir de su eventual triunfo en Mendoza: a mediatarde, cuando todavía parte de la comunidad se encontraba bajo los efectos del shock provocado por los rumores de ataque a los comercios del centro, Cornejo viajaba hacia La Paz. Allí, en ese departamento del Este, se encontraría con Claudio Poggi, el gobernador electo de San Luis, y juntos comenzarían a diseñar una obra en conjunto de gas y electricidad para las comunidades del límite interprovincial. Tal encuentro está pensado como el germen de una relación inédita y que nunca se dio entre un gobernador puntano y otro mendocino en 40 años de democracia. Claro que, para que se corte esa racha, Cornejo está obligado a un triunfo el 24 de setiembre.