Credit: Gobierno de Mendoza, PSJ Cobre Mendocino y Cámara de Turismo de Mendoza

Pocas cosas están saliendo acorde al plan. La excepción a medias es un esforzado y sufrido programa antiinflacionario y la suerte de tener enfrente una oposición que sigue mirando el futuro con ojos de los años 40, con todo el pasado por delante.

La turbulencia no sólo es económica. También es política porque, a poco de que termine el año, el gobierno libertario está lejos de cerrar los acuerdos para suspender las PASO y abrochar los clave pactos electorales del 2027 en las provincias.

Y atado a las incertidumbres va Mendoza y su administración. Ambas jurisdicciones comparten una convicción contradictoria y amarga: marchan convencidas, con sus particularidades y diferencias, de haber hecho todo lo bien que pudieron hasta ahora, sin comprender del todo por qué no logran traducirlo en mayores beneficios y reconocimiento. Es que algo en la matrix no está funcionando; un algo que ven difuso y no quieren, no pueden o no saben cómo resolver. Se trata de los bolsones de insatisfacción social, angustia e impotencia generalizada y en aumento ante la ausencia de goles a favor.

La economía argentina se encamina a cerrar el año con una señal de alerta que, aunque no pone necesariamente en discusión los avances conseguidos en materia de estabilización, expone las dificultades para conseguir que la recuperación de las variables macro alcance a la economía real. La disconformidad es unánime, aun en aquellos sectores alcanzados por las ventajas del modelo implementado por Javier Milei.

La cuestión nacional tiene una expresión muy concreta en Mendoza. La provincia comparte, al menos en parte, el modelo de crecimiento que promueve el Gobierno nacional, con el desarrollo de los hidrocarburos en el sur, en particular el no convencional, y la minería en el norte. Pero al mismo tiempo padece las consecuencias de una economía que todavía no encuentra el camino para recuperar el resto de su estructura productiva, representada en la diversidad tan particular que la caracteriza. El petróleo en Malargüe y el potencial de Vaca Muerta, junto con PSJ Cobre Mendocino en Uspallata, son las banderas que marcan la inversión, las futuras exportaciones y la generación de recursos que pueden modificar la matriz económica. Son también una esperanza. Pero de ninguna manera determinan, por sí solas, la llegada de la ansiada recuperación.

Se trata de sectores que requieren inversiones de gran escala y tiempo de maduración, junto a una capacidad de generación de empleo directo relativamente acotada frente a otras actividades, aunque sí con el poder de influir de manera indirecta como pocas otras.

El problema está focalizado en la industria, la construcción, el comercio y buena parte de los servicios, que son los que mueven cotidianamente la economía real, demandan mano de obra intensiva, sostienen un amplio sistema de proveedores y multiplican el impacto de lo que se invierte o se consume. Como sucede a nivel nacional, también en Mendoza precisamente esos sectores son los que necesitan mejores condiciones que les permitan recuperar energía y movimiento.

Hoy, como se ve, a duras penas caminan, alimentando la frustración y las dudas sobre el futuro, pese a que en Mendoza parte de las recomendaciones que ha hecho el FMI al plan macroeconómico de Milei se han aplicado y ejecutado con las herramientas a mano, como la inversión en infraestructura y obra pública, aunque no lo suficiente como para revertir el malestar y el estado de situación.

Un mercado de capitales que permita mover el crédito hipotecario, la aplicación efectiva de la mentada flexibilización laboral, las concesiones de infraestructura y la ejecución del RIGI deberían marcar el camino, según las recomendaciones del FMI, para activar una economía que muestra señales de estancamiento y riesgo de ingresar en una recesión técnica, sin señales claras de desarrollo ni de crecimiento, que no genera empleo, no mejora el salario y no permite recuperar el consumo.

¿Puede el gobierno de Alfredo Cornejo, con lo que tiene a mano, hacer que las sugerencias que vienen del FMI se complementen en la provincia? No alcanza con que PSJ avance de manera firme hacia su explotación, o con que se consoliden las inversiones en la Vaca Muerta de Malargüe que lidera YPF, si el resto de las empresas no encuentra posibilidades de financiarse, si la construcción sigue a la espera o si la industria continúa perdiendo actividad y empleo. Otra vez la figura del encadenamiento aparece con fuerza, pero para su concreción se requiere tiempo y paciencia, dos bienes escasos para muchos.

El gobernador acompaña fervientemente la orientación económica de Milei y apuesta a que el desarrollo minero y energético le permita a Mendoza recuperar el protagonismo. Se trata de una apuesta que se extiende a la política, claramente. Milei busca eliminar las PASO nacionales y, ante las dificultades para reunir los votos necesarios en el Congreso, negocia alternativas que permitan reemplazarlas por un sistema de adhesiones o colectoras. Es una fórmula que podría facilitar acuerdos electorales, aunque todavía está en discusión y necesita convertirse en una norma.

Mendoza tiene una particularidad en ese debate. Cornejo ha defendido la continuidad de las PASO en la provincia, diferenciando la experiencia local de lo ocurrido en el orden nacional. Sin embargo, la discusión sobre la fecha de los comicios también está abierta. Cornejo no ha tomado una decisión definitiva sobre una eventual unificación con las elecciones nacionales y, aunque la normativa provincial establece un calendario propio, despegado del nacional, contempla la posibilidad de adherir a la convocatoria nacional. Si finalmente se suspendieran las primarias nacionales, Cornejo tendría que evaluar si mantiene el esquema provincial o si busca modificar los tiempos electorales para hacerlos coincidir con la disputa presidencial. Por ahora, es una alternativa que debe leerse como una posibilidad política y no como una decisión tomada.

La discusión electoral se cruza con la necesidad de ordenar una alianza que reúne al radicalismo y a los libertarios, administrar las aspiraciones de los que miran la sucesión provincial y resolver cómo se distribuirán las candidaturas sin que la competencia nacional termine condicionando por completo la disputa provincial.

Milei y Cornejo llegan al final del año con desafíos comunes. El Presidente necesita demostrar que el equilibrio fiscal y la desaceleración inflacionaria pueden abrir una etapa de crecimiento que genere empleo y no quede concentrada en los sectores que producen dólares, pero que no logran activar la economía doméstica, que es la que alimenta la confianza en lo que se hace. El gobernador, por su parte, necesita que la apuesta por la minería en el norte, el no convencional en el sur y la inversión del Fondo de Resarcimiento distribuida en obras de infraestructura conviva con una recuperación de la industria, el comercio y la construcción, donde se juega buena parte de la actividad cotidiana y del empleo, y sobre todo del humor social.