Igual que en el 2008 y desde el 2000, en la ciudad de San Francisco, California, Estados Unidos de Norteamérica, esta primavera se convocó a los que quieran hacerse la… ilusión de que masturbarse en público pueda ayudarlos a incrementar su “status” terrenal. Se trata de una especie de maratón, en la que al final –dura todo mayo– lo que duele no son los pies sino otras partes de su cuerpo sometidas a un esfuerzo máximo día tras día y hora tras hora. La “masturbatón”, como llaman al concurso en lengua española, muy extendida en San Francisco y el resto de California, toma su nombre de una castellanización de “Masturbate-a-Thon”, título oficial en inglés de la competencia. ¿La verdad? No es cosa fácil participar, aún con el estímulo de la fama y algunos premios para los ganadores de diversas “categorías”. Por ejemplo, el ganador del año pasado en el rubro resistencia y asiduo participante desde el año 2000 triunfó al llegar a 9 horas y 33 minutos desde que puso manos a la obra hasta que decidió detenerse. Hay otros premios, como el que da su reconocimiento a la cantidad de orgasmos logrados en un lapso determinado. Por encima de los competidores se sitúan los curiosos, cómodamente ubicados en unas galerías que rodean el “masturbatorium”, rodeados por sexólogos que tienen allí la oportunidad de estudiar “in situ” aquellas manipulaciones a las que Woody Allen consideraba como “hacer el amor con la persona a quien más amo: yo mismo”. La masturbatón, esa especie de gripe de la chancha pero sin la gripe, ya encontró émulos: tam- bién la organizaron en Londres y Copenhague y quizás se extienda al mundo entero. Con ello, sin dudas, podría perjudicarse el prestigio argentino, como ocurrió con la invención del colectivo o la creación del dulce de leche, trascendentes asuntos de los que ya se ha ocupado esta columna. Y bien podría ser que ¡otra vez! nos roben un producto salido de nuestro ingenio. A las pruebas se remite el autor de estas líneas: la “masturbatón” comenzó en el 2000, mientras que la manía por manipularse las “partes pudendas”, como le gustaba decir a Jorge Amado, viene de los tiempos bíblicos, de un personaje llamado Onán cuyas costumbres –por entonces privadas– dieron origen al término “onanista”. ¡Calcule el lector si será viejo y universal el asunto! Pero la cuestión principal, la práctica pública de la masturbación en perjuicio de la sociedad está mucho más cerca en el tiempo, no es arriesgado decir que se concentra en el siglo pasado y el actual, cuando la política y los políticos se convirtieron una en “masturbatorium” y los que la transitan en expertos onanistas. Basta leer los diarios, mirar la tele o escuchar la radio para saber que, desde la peregrina e insolente idea de adelantar las elecciones, las legislaturas provinciales y el Congreso nacional han quedado despoblados. Los gobernadores no gobiernan; los municipios no limpian las calles y acequias; el gobernador se “escuende”, diría Inodoro Pereyra; lo que llamamos Poder Ejecutivo no ejecuta nada, sino que es un verdadero despelote, donde las autoridades de la DGE creen que liquidar los sueldos es igual que sumar la libre ta del almacén; el ministro de ¿Seguridad? nos quiere meter el dedo en la boca (hacemos votos porque no haya participado activamente en la masturbatón o, por lo menos, se haya lavado bien las manos, algo de lo que sí sabe y mucho) diciendo con cara de póquer que el delito ha bajado en este año, para después reconocer públicamente (diario Uno edición del 16 de mayo) que el índice de delito que publicó la Suprema Corte (suba de 7,17% en el primer trimestre del 2009 con respecto al mismo período del 2008, con homicidios y delitos sexuales a la cabeza) es el correcto. ¿Dónde estaba el ministro cuando aseguraba una baja en el delito? ¿En San Francisco, California, Estados Unidos de Norteamérica, en busca de un poco de paz y sosiego? ¿Dónde están los legisladores, ministros, gobernador, intendentes, concejales, etcétera? ¿Quizás preparando las valijas para un viaje a la soleada costa de California en busca de alguna distensión? No parece haber respuesta creíble, pero lo que sí es creíble –y evidente– es que el onanismo ha logrado instalarse en la política y los políticos, remplazando sus obligaciones institucionales y quebrando sus juramentos. Algunos prefieren pensar en una maniobra política y es posible que tengan razón a medias: quizás sean las dos cosas mezcladas y –eso sí– amasadas hasta parecer una sola. En este exacto momento el autor está por almorzar y elige dejar de sugerir cochinadas ajenas. Opta por hacer mutis por el foro, dejando a los políticos en su empeño de hacerse la… ilusión.
Onanistas
Igual que en el 2008 y desde el 2000, en la ciudad de San Francisco, California, Estados Unidos de Norteamérica, esta primavera se convocó a los que quieran hacerse la… ilusión de que masturbarse en público pueda ayudarlos a incrementar su “status” terrenal.
