Fue una ráfaga verbal de un puñado de minutos, pero lacerante, dañina, al hueso, dirigida a la propia línea de flotación del gobierno de Rodolfo Suarez. Hay que ir a los archivos de un buen tiempo atrás, quizás a la época de las Primarias de las últimas elecciones generales en Mendoza, para escuchar tan fuertes críticas a la administración provincial por parte de uno de los propios. Fuego amigo que le llaman.

Para Omar De Marchi, el autor de la andanada flamígera, el gobierno del que forma parte, el de Suarez y de Alfredo Cornejo, a quien no menciona –pero de quien inequívocamente también está hablando–, no tiene un plan serio para administrar Mendoza. Más aún, el ex dirigente ganso va más allá al cuestionar que desde el Ejecutivo se habla de un plan, pero sólo a modo de marketing. No sólo eso, el diputado nacional, líder del Pro en la provincia y convertido en una suerte de jefe de campaña de Horacio Rodríguez Larreta en su carrera hacia la Presidencia, deduce que la ausencia del plan no permite los acuerdos ni el avance hacia la concreción de objetivos comunes porque no tenemos, agrega, un liderazgo sano. “El que tenemos es un liderazgo absorbente, un liderazgo que anula”, dice.

Los dichos de quien intentará buscar una vez más su chance para pelear por la Gobernación de la provincia se dieron durante una entrevista en el programa Opinión de LVDiez. Todo indica que De Marchi ha decidido comenzar a calentar los motores de su campaña para una posible PASO con los candidatos que impondrá el radicalismo.

Más allá de la suerte que corra su aventura y si, finalmente, se decide a dar pelea o si se pliega sin luchar internamente a una estrategia más general que tenga al escenario nacional de Juntos por el Cambio como principal objetivo y prioridad absoluta para reconquistar el poder que se perdió con Mauricio Macri en el 2019, De Marchi está apuntando a asuntos estructurales que requieren la atención de la hegemonía radical. Una hegemonía que se está dando hacia dentro de la coalición de gobierno, de Cambia Mendoza, y que tiene todas las posibilidades a su favor para extenderse en el control de la provincia, tal como sucediera con el peronismo de los años 90.

Sus críticas dañan más que las que está haciendo la principal oposición, claramente. No hay fuerza en las voces que provienen del peronismo colonizado por La Cámpora y en constante deterioro, para lamento de toda la provincia. Un De Marchi compitiendo por fuera, con el acompañamiento de peronistas desencantados con su movimiento, quizás con alguna corriente liberal y por qué no una o varias de las patrullas que conformaron los empresarios republicanos que decidieron involucrarse en la interna de Cambia Mendoza en las últimas legislativas, podría mostrar más poder de fuego que la tradicional oposición al gobierno, tal como están las cosas hoy. Pero son pocos los que se animan a pensar en una construcción de tal naturaleza, por el riesgo que asumiría el propio De Marchi y porque Juntos por el Cambio no permitiría divisiones en las provincias, porque pondrían en juego la unidad nacional que necesita, decididamente, para enfrentar con posibilidades ciertas al kirchnerismo; mucho más si el oficialismo nacional llega a la temporada de elecciones con la centralidad que ha recuperado la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Sin embargo, lo que está haciendo De Marchi es poner en discusión el modelo que se inició con Cornejo en el 2015. Su fiabilidad, su eficacia y su real poder transformador.

Mendoza no crece desde 12 años a esta parte, ha reiterado De Marchi. Claramente, está hablando de la macroeconomía, pero también de la ineficacia del plan local para obtener logros en ese sentido. “Estamos adormecidos por una matriz histórica. Hay que dejar de hablar y poner arriba de la mesa un plan para trabajar”, lanzó durante la entrevista.

De Marchi habla de un plan porque en eso está concentrado desde la fundación Pensar, la que comenzó a trabajar a comienzos de año sobre cuatro ejes clave para la provincia: un plan de infraestructura con la vista puesta en la vivienda social; la economía del conocimiento, la digitalización y la innovación y la educación y la matriz económica. Sobre la educación, De Marchi afirma que hay que cambiar el eje de lo que se discute, dejar de hablar sólo de salarios y concentrarse en los contenidos.

Justo, ayer también, la especialista y pedagoga Guillermina Tiramonti trazó un feo panorama de la educación en Argentina, tema que no se aborda ni a fondo ni superficialmente en el país. “Estamos en un punto muy bajo, muy bajo. El sistema educativo tiene que ser repensado y necesitamos un Gobierno que tome la educación como el eje de su gestión. Si no hay una propuesta educativa, los países no tienen posibilidad de intercambiar con el mundo. La educación es la llave del intercambio. La interrelación requiere una población educada”, dijo la experta. También añadió: “La nueva era requiere de otros saberes y otros conocimientos, lo que no está pasando. La escuela argentina no está enseñando bien ni a leer ni a escribir”.

Los cuestionamientos del líder del Pro mendocino se extienden, además, sobre los proyectos de reforma institucional que ha encarado Suarez y ponen en riesgo, o al menos condicionan, la aprobación del paquete de modificaciones al funcionamiento de la Corte que propone el gobierno. “La reforma de la Constitución no sirve. Antes hay que buscar un acuerdo amplio, muy amplio, sobre todos los temas”, sostiene De Marchi y, con la eliminación del sistema de salas en las que se divide el trabajo de la Corte de Justicia, el legislador criticó la intención de plantarse en la mayoría para aprobar el proyecto –“un proyecto que no hemos conocido”, aclaró–, y el hecho de “naturalizar” la partidización de los miembros de la Corte.

“El problema no es la división en salas, sino la partidización”, dijo para señalar que, quizás, el proyecto se transforme en una buena oportunidad para idear un nuevo sistema de selección de los ministros, porque la Corte “tiene que ser independiente y no lo es”.