Un importante dirigente del peronismo mendocino, identificado con la conducción del movimiento, con el kirchnerismo, más que con el de los tradicionales e históricos entre los que se mueven la mayoría de los intendentes, llamó al libertario y le dijo: “Tengo una bomba. La información que nos está llegando nos está marcando que el candidato que lleve Milei en Mendoza, se convierte en gobernador. Nosotros estamos afuera, está claro. Pero si vos te animás con Milei, pueden ganarle a Cornejo”.
El libertario se divirtió con el convite, pero la idea le quedó dando vueltas en la cabeza. Es que pocos de los considerados nuevos políticos, emergentes y con intenciones de involucrarse y de jugarse una ficha en la mesa de las apuestas, no pueden menos que sacar cuentas y verse como protagonistas en procesos eleccionarios ya disparados o cercanos, como el que tenemos enfrente, que van a ser condicionados por un contexto de mucho río revuelto y confusión generalizada como consecuencia de un estado de ánimo deprimente, desesperanzador y de bronca. Todo puede pasar. O como se dice en la jerga jurídico y policial: no se puede descartar ninguna hipótesis.
El contacto incitador del peronista habría sucedido unas horas antes de que se conociera la ruidosa encuesta divulgada este último fin de semana por la consultora CB, con sede en Córdoba, y que da cuenta de que si las elecciones fuesen hoy en Mendoza el que se impondría en la categoría a presidente de la Nación sería Javier Milei, superando con amplitud a cualquiera de quienes serán parte de la oferta tanto de Juntos por el Cambio o del oficialista nacional Frente de Todos.
Dos fenómenos a tener en cuenta del momento político que domina a Mendoza en este contexto pre electoral: el primero Milei, claramente. Incluso, no sólo en la provincia llama la atención su irrupción entre los presidenciables con chances de aspirar, cuanto menos, a un balotaje. La huella que está dejando no pasa desapercibida para nadie en todo el país. El segundo fenómeno, si se quiere, es el del peronismo mendocino que no deja de sorprender.
Se sabe que el PJ tiene problemas para alumbrar el panel de candidatos. Y también se da por sentado que cuando llegue el momento, el tradicional y otrora poderoso –en la provincia, claro está– movimiento político, terminará conformando las listas con la dupla correspondiente aspirando a la gobernación, el casillero más difícil de completar para la primera oposición. Pero lo que no se ha visto venir, al menos con tanta claridad como está sucediendo ahora, es la agitación peronista para que alguien, cualquiera sea y no importa quién, desde el escenario opositor, pueda tomar una bandera más competitiva que la que el partido tiene en sus manos para hacerle frente al oficialismo que tendrá a Cornejo como la primera figura buscando, además, un segundo período de gobierno no conseguido por ninguno hasta el momento.
Tanto radicales como peronistas, indistintamente, han financiado en algún momento de la historia a terceras fuerzas, emergentes, para debilitarse entre sí. También lo han hecho para restarle chances a un contrincante interno, como sucedió en el 2007 con un Roberto Iglesias que enfrentó al oficialismo partidario molesto por la sociedad que sus correligionarios habían sellado con el kirchnerismo incipiente. También lo hizo una parte del peronismo con Celso Jaque, en aquella misma elección general en la que radicales y peronistas se habían asociado. Y en este caso Jaque sería el ganador de tanta jugada diseñada en el laboratorio de los enjuagues políticos. Ambas aventuras, esta última claramente exitosa, fueron parte de una oferta que buscaba seducir y darle también una salida a tanto peronista o radical desencantado con lo que se llamaba la Concertación surgida de las cúpulas de ambas dirigencias.
En este caso, el peronismo K pareciera que busca, con denuedo, lo que emerja, no importa qué para festejar, posiblemente, un triunfo de un adversario sobre el enemigo número uno que tiene desde el 2015 en adelante.
Ahora bien, ¿qué está pasando en verdad con Milei en Mendoza? Dos de los encuestadores más trascendentes, Elbio Rodríguez y Martha Reale, coinciden en reconocer la creciente incidencia del libertario en la provincia. Lo propio sucede en buena parte del país. Lo que no pueden asegurar es que si el potencial que hoy parece tener le alcanzaría para derrotar a los candidatos de las estructuras consolidadas de la política nacional. Individualmente su figura está cosechando no menos de 20 puntos en Mendoza. Una suma de votos que constituyen un sueño para cualquiera de los anotados. Milei hoy está, incluso, en la misma línea o un poco más adelantado que sus competidores de los poderosos Frente de Todos y Juntos por el Cambio. Pero por debajo cuando se lo mide por sello partidario o por frente.
En Mendoza ya existe el partido Libertario. Lo que no tiene Milei por ahora es un candidato que lo represente ya instalado. Los consultores tampoco dan garantía, por el estado de ánimo social, que quien diga que representa a Milei consiga la misma cantidad de votos que podría conseguir el diputado nacional en la elección nacional. Y también se mete en el medio otro factor: las elecciones desdobladas no le permitirían a quien juegue en su nombre aprovecharse del arrastre que le podría proporcionar Milei.
Todo está indicando que, en gran medida –aunque en Mendoza se evidencie un poco más de estabilidad que en la Nación– , la elección nacional, hoy, se asemeja o se la puede comparar con la figura de la moneda en el aire, con final incierto. Pero sí está claro que ha aumentado la bronca. Al decir de Martha Reale, la bronca está remplazando a lo que bien pudo ser la abulia que se observó hasta el año pasado. Una bronca que es producto de los malos servicios y de los malos resultados de la política económica. También hay algo de resignación y de tristeza, todo mezclado y condicionando un escenario en el que Milei, claramente, está sacando ventajas.
