El ministro de Economía y Energía, Enrique Vaquié.

Si Mendoza no creció lo que debió crecer, ni se desarrolló todo lo que tenía que hacerlo en los últimos años, ha sido producto de las malas y dañinas políticas nacionales que frenaron al país mucho más de lo imaginado, y que junto a la pandemia mundial de covid que se manifestó en el 2020, más las consecuencias altamente perjudiciales y dolorosas que provocó la invasión de Rusia a Ucrania en febrero del 2022, conjugaron un cóctel negativo no visto a lo largo de cuanto menos los últimos 30 años.

Tal reflexión, quizás no tan estricta en cuanto a las palabras utilizadas para describirla, pero absolutamente fiel al significado y sentido, corresponde al ministro de Economía, Enrique Vaquié, invitado a reflexionar por el estado de la economía de la provincia luego de tres años del gobierno de Rodolfo Suarez y a punto de encarar, esta gestión, la última vendimia y los tramos finales hasta la finalización del mandato en diciembre próximo.

Vaquié es uno más de los referentes trascendentes del oficialismo y del equipo de gobierno que le atribuye a la salud de la macroeconomía un altísimo porcentaje de influencia –y por ende de culpabilidad– al momento de explicar el deterioro y la mala performance de buena parte de los indicadores que mueven el motor económico de la provincia y que se reflejan en nivel de actividad, en empleo, en salarios y en perspectivas de inversión y de las expectativas puestas para lo que viene.

¿Mendoza no pudo ni puede hacer más nada que esperar que cambien las condiciones? A la pregunta, que en verdad lleva implícito el nivel de responsabilidad y de compromiso del equipo de gobierno sobre el estado de situación, Vaquié responde con la enumeración de ese grupo de herramientas que se idearon domésticamente para animar y estimular la matriz económica, basada en la industria agropecuaria, la metalmecánica, lo poco que queda de petróleo, alguna que otra esperanza en el área de la nueva minería a gran escala, el turismo particularmente y por sobre todo lo que se conoce como la economía del conocimiento.

Según el funcionario, en esas áreas y con las ediciones del Mendoza Activa y el programa Enlazados, no sólo se pudo frenar la ola de depresión que se agravó con el gobierno de Alberto Fernández reflejado en la agudización del proceso inflacionario y en las restricciones al tipo de cambio, sino que permitieron, según sugiere, sacar al nivel de flotación y de la superficie a actividades deprimidas o poco explotadas en la provincia.

Con un potencial petrolero en retirada, porque YPF condujo sus inversiones a Neuquén atraída por Vaca Muerta y los subsidios nacionales sobre todo para la explotación de gas, con una configuración de negocios que, en Mendoza, por su naturaleza y características especiales, puede llevar a aguardar entre cuatro y cinco años a la espera de los primeros resultados, las políticas del Estado debieron mutar, según Vaquié. Entonces el Estado se convirtió en vendedora de activos cuando al hacerse cargo de la mina de Potasio Río Colorado salió a buscar un socio en vez de explotar por su cuenta el yacimiento; en exploradora minera cuando se asoció a la empresa dueña de Hierro Indio a la que le sirvió, también de salvataje, y en financista de fuertes campañas de capacitación para estimular la economía del conocimiento.

“Pareciera que en la Argentina nos acostumbramos a vivir en procesos de inflación alta, con la gente ganando cada vez menos y con una situación de pobreza en aumento. A todo eso, hay que sumarle que las características de inversión en la provincia demandan cuanto menos de 4 a 5 años, cuando en la Pampa Húmeda, por caso con el cultivo de soja, el horizonte es de seis meses. Entonces ¿quién puede tener garantías en una provincia como Mendoza cuando el Estado nacional no las da para un proceso de inversión? Nadie garantiza si se le aumentarán o no los impuestos, o si va a permitir importar o exportar un insumo o un producto determinado. Contra todo eso, políticas malas a nivel nacional, hemos tenido que lidiar en Mendoza”, reflexiona Vaquié.

El funcionario de Suarez tampoco se muestra demasiado optimista para lo que queda del año y se esperanza en un cambio drástico de políticas para lo que tendría que venir luego del gobierno de Fernández. Para el mientras tanto, Vaquié ha rescatado los pilares en los que debe asentar la provincia ese grupo de medidas que sostengan lo que se tiene y evitar más caída. Las bases son el turismo con la Marca Mendoza, instalada sólidamente de acuerdo con su punto de vista; el petróleo con lo que se logre extraer de beneficios a la lengua norte de Vaca Muerta –la gran apuesta provincial–; a volver a la construcción de diques periódicos, como existió con el sistema de los Nihuiles en el sur; a la explotación de potasio con la incorporación de un socio inversor internacional; a lo que se espera de Hierro Indio más la aprobación que se dio este miércoles para la exploración de Cerro Amarillo y desde ya que con la economía del conocimiento entendida por la industria cinematográfica que ha resurgido, la robótica y la programación.

Y en medio de otra vendimia, Vaquié se ha mostrado crítico de las autorizaciones selectivas que se le han dado desde la nación a algunas empresas vitivinícolas para importar insumos cuando, ha reclamado, “se tienen 100 millones de dólares frenados en importación de maquinaria para la industria; o es para todos o para nadie, pero no se puede seguir este tipo de políticas”, ha dicho el funcionario de Suarez en un extenso reportaje que dio en LVDiez, para el programa Opinión de la mañana de la radio.