Cuánto le durará esa suerte de encantamiento que parece ejercer sobre buena parte de los argentinos, los que sufren, todos, las consecuencias durísimas de un descomunal e inédito ajuste sobre todas las cuentas del Estado, con una economía estancada que por ahora sólo expulsa sin señal alguna de inclusión, constituye un verdadero misterio. Se trata de una inquietud que se extiende mientras el gobierno de Javier Milei, sobre el que gira todo este enigma, ya va camino a cumplir el primer semestre montado al lomo de una administración que supera el mote de extraordinaria e inédita. Y las últimas encuestas le siguen ofreciendo datos positivos y alentadores, como la confeccionada por Martha Reale que no sólo afirma que si hubiese de nuevo elecciones Milei ganaría con más margen a su favor; que, pese al aumento de las preocupaciones en torno al empleo, al poder adquisitivo del salario y a la inseguridad, mejora el ánimo de los consultados y que con vistas hacia delante todo se ve con mayor optimismo.
Aprovechando la visita en el país de la influyente jefa del Comando Sur de los Estados Unidos, la general Laura Richardson, Milei ha anunciado el inicio de una nueva doctrina. Esa doctrina que, especificó, pareciera girar alrededor sólo de la política exterior con un alineamiento directo de la Argentina con los Estados Unidos, países que según la interpretación del presidente fueron fundados “al calor” de las mismas ideas, también podría valer y ser usada para intentar entender y comprender todo el resto del gobierno y lo que está ocurriendo con la administración del Estado.
Incluso Milei ha ido mucho más allá de todo lo que cualquiera de sus críticos podría imaginar cuando dijo en aquel reportaje a Bloomberg del último viernes que su plan recién se está desplegando y que va a convertirse en el mayor proceso de reforma aplicado visto sobre un país en toda la humanidad.
Lo llamativo, y para no pocos inexplicable, es el constante y permanente redoble de apuesta que hace el presidente sin dar una mínima señal de acuerdo o de consenso alguno para con los gobernadores y legisladores que no pertenecen a su espacio y de los que requerirá su apoyo y voto favorable en el parlamento a su Ley de Bases, al paquete fiscal y a toda aquella doctrina con la que ha llegado a gobernar y que está contenida en el DNU que le bochó el Senado y que espera tratamiento en Diputados.
Consensuar y acordar significa, en toda negociación política, ceder. Y ceder en este ámbito, el puramente político, para Milei, sería entregarse a manos de la casta. Interpretación que no extiende, el mismo presidente, a los acuerdos que está buscando para impulsar al polémico juez Ariel Lijo en la Corte; un magistrado que bien puede entenderse como el abanderado de la casta que dice enfrentar. Pero eso es otra historia.
Es tal el grado de incertidumbre en el que se vive en el país que obliga a todos los sectores políticos a revisar sus posiciones y a ser prudentes antes de definir una ubicación concreta y particular. La excepción es el kirchnerismo, pero allí no hay sorpresas. Lo inédito de la situación lo refleja la CGT la que, frente al ajuste en el Estado y en la inversión pública, ha evitado quedar mezclada con los sectores más reaccionarios, como La Cámpora o el trotskismo en el armado de movilizaciones, paros y manifestaciones varias. Cuando lleve adelante su propia embestida anti liberal, quizás el 1 de Mayo, lo será en un contexto distinto. No todo es lo mismo, parecen decir desde el comando de los cuestionados y desprestigiados dirigentes gremiales.
El camino trazado por Milei conlleva, además, un sorprendente retiro del Estado en ámbitos básicos. Ya no sólo les ha hecho llegar a los gobernadores que se acabaron las partidas extraordinarias, los ATN y los fondos que financian subsidios varios como el transporte y hasta parte de los sueldos de los docentes, como el FONID; también les ha ratificado su oposición y negativa a coparticipar lo recaudado por los impuestos que a su vez financiaban a los subsidios quitados (impuesto a los combustibles, por caso); sino que también ha llevado a la administración nacional a desconocer responsabilidades tan elementales como lo mínimo e indispensable para garantizar las campañas regionales y provinciales contra el dengue. “El ministerio no es un supermercado, los laboratorios aprietan, como lo hacen los medios y la casta”, respondió Mario Russo, el ministro de Salud cuando se le hizo ver el pavoroso lavado total de manos de la nación frente a la crisis que ha provocado la pandemia en algunas provincias, sin acceso a repelentes, por ejemplo.
Hagan lo que puedan y lo que quieran, parece ser el mensaje de Milei a todos. Ese todos bien puede incluir a los contratados públicos nacionales, a los que no se les ha renovado el vínculo laboral pero muy especialmente también a los gobernadores, a los que –hay que reiterar– en algún momento los va a necesitar, más allá de los triunfos macroeconómicos que la administración del libertario está obteniendo con su plan de enfriamiento casi total de la economía para sofocar el proceso inflacionario que colocaba a la Argentina frente a una híper.
Es una batalla que lleva adelante Milei con apelaciones hasta incluso religiosas, místicas y espirituales. Y así presenta la marcha del país ante el mundo, quizás buscando hacer entrar al país en ese grupo selecto de países que lograron en algún momento estabilizar sus economías a fuerza de lo que muchos consideraron verdaderos milagros, como el de Portugal y el de Israel en su momento.
Ese estado de no saber muy bien lo que está pasando, es lo que, en Mendoza, a nivel estado, se intenta decodificar. Y se marcha con lo que se tiene a mano. Obligará, seguramente a Alfredo Cornejo a idear nuevos caminos y estrategias sobre la marcha, seguramente y a administrar un posible desborde de un humor social en caso de que se termine el aguante, el banque y la paciencia. Algo que por ahora no aparece deliberadamente en el horizonte, pero que nadie puede descartar en su sano juicio, más cuando se viene el impacto en el bolsillo de los fuertes ajustes en la tarifa de los servicios públicos ya sin el ingrediente de los subsidios.
Cornejo espera la resolución de los planteos que hizo junto a los gobernadores sobre el fin de semana. Será clave la respuesta del Ejecutivo sobre cómo compensar la caída de Ganancias; si se aceptará coparticipar algunos de los impuestos como compensación tales como el Cheque o el Impuesto País y si, en el fondo, al final de todo prende una de sus propuestas a título personal, quizás tan imprevistas como toda la acción de Milei: que se coparticipen todos los impuestos nacionales y que cada provincia haga con los fondos lo que más desee: subsidiar servicios, hacer obras de infraestructuras, repartirlos entre los municipios o invertirlos en el desarrollo de los privados. Y que cada uno, rinda lo que corresponda ante quien corresponda. Como lo tendrá que hacer Milei en breve, a mediados del 2025, en menos de lo que cante un gallo.
