Pese a haber ganado las elecciones legislativas del domingo con un resultado incluso mejor que hace cuatro años, José Luis Rodríguez Zapatero no lo tendrá fácil. Su partido, el PSOE, obtuvo 169 escaños, siete por debajo de la mayoría absoluta, y la búsqueda de apoyos en el Congreso de los Diputados se perfila complicada, dado el descalabro de quienes fueron sus socios hasta ahora. Y todo esto con una oposición fortalecida, ya que, al igual que los socialistas, el conservador Partido Popular (PP) sumó cinco diputados más que hace cuatro años. Ahora tiene 153. El líder socialista es consciente de ello.
Por eso, ayer manifestó: “Cuando se tienen más votos y escaños hay que gobernar mejor, y ese es mi propósito. Cuando se tienen más votos y más escaños hay que gobernar con más humildad, y ese es también mi propósito”. Después de una legislatura marcada por un enfrentamiento constante entre el Gobierno y el PP, que mantuvo durante cuatro años una actitud sumamente beligerante, Zapatero también manifestó que a España le conviene “más diálogo y menos crispación, menos descalificaciones y más argumentos”.
Esto es algo que, sin dudas, los ciudadanos sabrán agradecer, también de cara a los retos a los que se enfrenta el nuevo gobierno socialista: la desaceleración de la economía con el desempleo y la inflación en niveles preocupantes, el referéndum soberanista anunciado para octubre por el jefe del Gobierno vasco, Juan José Ibarretxe, y la amenaza constante del grupo armado ETA, que dos días antes de los comicios asesinó a un ex concejal socialista son sólo algunos ejemplos.
La responsabilidad de que se abra “una nueva etapa” con “acuerdos en los asuntos de Estado” como la anunciada por Zapatero la tienen tanto el propio PSOE como el PP de su derrotado rival,Mariano Rajoy, que copan nada menos que 84 por ciento de lo votos y 92 por ciento de los escaños del Congreso de los Diputados. Con ello, el bipartidismo ha llegado a su cota más alta desde el retorno de España a la democracia, en 1975. De hecho, por primera vez en la historia, socialistas y conservadores se repartieron la victoria en las 52 provincias del país.
El PSOE debe su triunfo, en buena medida, a los resultados cosechados en Cataluña, donde obtuvo 25 diputados –18 más que el PP– y en el País Vasco, donde por primera vez en 15 años los socialistas desbancaron al Partido Nacionalista Vasco (PNV) como fuerza más votada. En el Congreso, los peneuvistas, además, perdieron uno de sus siete escaños. El PP, en cambio, mejoró en sus feudos de Madrid –donde logró tres diputados más que el PSOE–, Valencia y Murcia.
Este protagonismo lo consiguieron los dos grandes partidos a costa de las fuerzas nacionalistas, en particular de los independentistas catalanes de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), que perdieron cinco de sus ocho diputados, y de la alianza procomunista Izquierda Unida (IU), que bajó de cinco a dos escaños. Con esto, ambas formaciones pierden su condición de grupo parlamentario. IU y ERC eran dos de los socios en los que Zapatero se podía apoyar en el Parlamento en la pasada legislatura. Con su debilitamiento, la política de pactos se le complica al presidente del Gobierno.
Si bien el líder socialista consideró que los 169 escaños del PSOE suponen una mayoría “suficiente, fuerte y sólida”para desarrollar sus proyectos, a la vez anunció que dialogará con todas las fuerzas parlamentarias de cara a posibles pactos. Un acuerdo con los nacionalistas catalanes moderados de Convergencia i Unió (CIU), quienes se consolidaron como tercera fuerza política al obtener 11 diputados, se antoja casi imposible, ya que en Cataluña los socialistas encabezan un gobierno tripartito que condenó a CIU a la oposición.
En este contexto, los socialistas de Zapatero siguen con atención los movimientos del PP, en medio de insistentes especulaciones sobre una dimisión de su líder Mariano Rajoy, quien se despidió de sus seguidores con un enigmático “adiós” en la noche electoral y ayer no quiso comparecer ante la prensa.
