El camino es absolutamente desconocido para la política tradicional y profesional tal como la conocemos en la Argentina, tomando como base, caprichosamente si se quiere, el tiempo transcurrido entre el restablecimiento de la democracia en 1983 hasta la fecha.

La confusión es general e incluye, además, a las antediluvianas organizaciones y corporaciones sindicales adheridas como parásitos a las ventajas de todo tipo que pudieron sacar del Estado cuando fue administrado por gobiernos afines, digamos que en la mayoría del tiempo transcurrido y, cuando no fue así, de igual manera lograron el objetivo sobre la base de la extorsión y la presión violenta.

Los conglomerados empresariales tampoco parecen comprender en un todo lo que está comenzando a ocurrir en el país o todo lo que promete con un sistema de desregulación total que los obligará a ser más eficientes y severos con sus propios procedimientos que mueven el funcionamiento de sus unidades económicas. Para subsistir y permanecer de manera eficiente, se verán obligados a competir y, para ello, asumir riesgos de la propia actividad privada, que muchos o varios desconocen y que no han experimentado.

Javier Milei, en sólo dos semanas, ya le ganó, y por muchos cuerpos, al método y formas que en el pasado reciente fueron utilizados para llevar adelante lo que se consideró como las necesarias transformaciones al funcionamiento del Estado, a todo lo instituido por años, y que, por otra parte, pocas veces sus objetivos fueron alcanzados. Ganó porque, aunque se cayera parte, mucha o poca, de toda esa revolución con la que ha sorprendido y que está comprendida en un DNU “demoníaco” para todo el sector de la política, el 70/2023, más la reforma del Estado que se conoció este miércoles por medio de ese proyecto de ley ómnibus que ha denominado “Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos”, lo que deja a futuro es una dirección definida, una suerte de guía orientativa de hacia dónde debiese enfilar la Argentina de los próximos años si es que se quiere –como parece estar sucediendo ahora por el mandato popular mayoritario–, saltar definitivamente hacia otra cosa no experimentada para salir del constante ciclo pernicioso que ha padecido por tantos años.

Cuando una semana atrás el presidente dijo en una entrevista “les aviso que hay más”, ni los más imaginativos podían llegar a intuir la magnitud del terremoto con el que está moviendo las estructuras de la república en todo sentido. El remezón abarca todo: desde lo económico, lo financiero, lo fiscal, lo previsional, la seguridad, la defensa, lo tarifario, lo energético, lo sanitario y lo social. Pide al Congreso que le habilite la emergencia administrativa para meter mano en todo lo concerniente al manejo del Estado y, desde ya, a las empresas públicas a las que considera sujetas a privatización. Todas las empresas públicas.

La mirada revolucionaria pasa por profundas reformas y modificaciones al régimen penal, con una visión particular y provocativa de lo que se considera “legítima defensa”, al sistema educativo, al sanitario y al sistema electoral, impulsando un método extraño y novedoso para el país, como la elección de legisladores por medio de la uninominalidad. Propone, además, un amplio blanqueo de capitales y de bienes sin sanciones con el fin de que los argentinos saquen del “colchón” sus reservas, ahorros e inversiones desconocidas, o para que las traigan de donde las tengan; modificaciones al sistema previsional, empezando por la suspensión de la ley de movilidad, la posibilidad de transformar el sistema de transporte público provisto por vehículos autónomos, el agravamiento de las penas y sanciones para quienes organicen marchas que corten rutas, calles, avenidas, por medio de piquetes, cuestiones tan diversas como la autorización vía legalización para la reventa de entradas en los espectáculos deportivos, la eliminación del precio de referencia para la venta de libros y para el ingreso al país, como equipaje, de todo lo que se quiera traer para uso personal, sin fines comerciales.

Con un sólo proyecto de ley de 664 artículos y 183 fojas, el presidente libertario les dice a los argentinos que lo votaron, a los que no y a toda la política tradicional, a las organizaciones y corporaciones gremiales y económicas por dónde pasa o debe discurrir su revolución libertaria. Un sólo proyecto de ley que parece dejar minúsculo al DNU 70/2023 que, por otra parte, incluye en estas bases para un punto de partida hacia la libertad de los argentinos para que el mismo quede legitimado si este proyecto ómnibus es aprobado por el Parlamento.

El shock prometido se cumplió. No defraudó. Milei pasó por las bases de la recuperación económica por medio del DNU y con la ley de este miércoles, por lo que se considera la cesión de la libertad a manos de los individuos y de las personas físicas, para todos y casi sin límites.

Las dudas, que siempre están, se centran en lo que podría hacer este extraño presidente gobernando con amplias facultades delegadas por el Congreso durante los próximos dos años y que, contrariamente a todo lo que ha venido diciendo, por caso, dispuso incrementar los impuestos por la vía de las retenciones; por cuál será el comportamiento de la política tradicional, convencional y profesional, claro está, y por sobre todo, la reacción de las personas comunes, las que una vez aprobadas las reformas de la revolución libertaria tendrían en sus manos el propio arbitrio y la administración del presente y del futuro, del suyo propio y de los que puedan depender de cada una de ellas.

La libertad en manos de cada uno, con un Estado que invita a decidir a cada uno por sí mismo. Nada sencillo, nada simple para una sociedad no acostumbrada a un cambio de estatus semejante y que ha vivido a expensas de un páter familias proveedor en muchos casos y, además, saltando de fracaso en fracaso.