El gobierno libertario de Javier Milei tendrá hoy una oportunidad inmejorable para demostrarle a sus electores, y a los escépticos de cierta prédica moral que ha venido describiendo, que en verdad llegó al poder para terminar con las prácticas de la vieja política, con los vicios de la casta y para demostrar que no todo es lo mismo. No hay exageración alguna en la afirmación: de sus cinco senadores nacionales y de la decisión del cuerpo desde ya, dependerá la conformación del quórum necesario para ir tras la aprobación de la Ficha Limpia que impide que tras una condena por corrupción en doble instancia alguien pueda llegar a aspirar a ser candidato para cargos electivos u ocupar diferentes puestos en la administración pública nacional.

La referencia a un posible comportamiento adverso al proyecto ha cobrado sentido luego de las varias instancias, dos al menos, en las que el oficialismo ha mirado hacia otro lado y no ha mostrado interés por asegurar el tratamiento del proyecto que llega a la Cámara Alta con media sanción de Diputados. De ser aprobado hoy y sin modificaciones, Cristina Fernández de Kirchner, convertida en el ejemplo más paradigmático detrás de la norma en ciernes, no podrá ser candidata en las legislativas nacionales, aunque sí en la provincia de Buenos Aires si así lo decidiera.

¿Cómo puede ser que esté en duda que Fernández de Kirchner no puede ser candidata por estar condenada por corrupta en la causa Vialidad?” se preguntaba ayer un oyente de LV10 cuando se discutía el asunto en el piso. Y junto con eso sumaba las condiciones mínimas que cualquier aspirante a un empleo privado tiene que cumplir: entre ellas una foja de servicio impecable y un certificado de buena conducta, sólo para abrir una posibilidad.

La sospecha del fracaso del tratamiento está puesta en los mensajes contradictorios del oficialismo frente a la sesión. Es que en la coyuntura política actual el mileísmo, embarcado en un enfrentamiento feroz con el PRO de Mauricio Macri por el control de CABA, entiende que no le conviene darle aire a un proyecto que ha impulsado Silvia Lospenato, actual diputada nacional macrista, pero candidata a legisladora porteña en el distrito que conduce Jorge Macri y que tendrá elecciones el próximo 18 de mayo. Una mirada más que pequeña, nimia y absurda diría cualquier lector, ciudadano común de este país, que navega al ritmo de la actualidad que imponen dirigentes muchas veces divorciados de la realidad. “¿A quién le importa el autor de los proyectos?”, habría dicho Lospenato como reacción al argumento que trascendió.

Pero además de aquello, que alimenta la construcción de alguna excusa para que fracase la aprobación, surge algo más poderoso en el mundo de la fábrica de conspiraciones en que se ha convertido la política en el país: el siempre latente y posible acuerdo no escrito entre el oficialismo y los K para cualquier cosa, y en este caso por elegirse como únicos contrincantes electorales en una polarización total y extrema, a todo o nada, entre ellos exclusivamente, con los sectores opositores dialoguistas, los “ñoños republicanos” como les dice Milei, afuera de la discusión.

Todo puede pasar hoy, tanto para que se trate y se apruebe el proyecto de ficha limpia, como para que no; o incluso para que se trate y se opte por dilatar su sanción definitiva al incluírsele alguna que otra modificación que obligaría a que volviese a Diputados, la cámara de origen. Si esto último llegase a pasar, por supuesto que la ex presidente y actual titular del peronismo nacional podría ser candidata en la elección nacional, salvo que la Corte resolviera con rapidez inusitada e inesperada la situación de su condena a seis años de prisión por corrupción.

La campaña electoral flexibiliza las reglas del sentido común y de lo obvio en la mirada de un elector, cualquier elector. Un político en campaña puede esgrimir barbaridades inimaginables de sus rivales, y para eso los protagonistas pueden, incluso, elegirse para la contienda. La política dice que entiende y comprende la necesidad y la demanda de la sociedad y hace un esfuerzo sobreactuado para imponer esa máxima en tiempos de crisis y más en épocas de elecciones. No siempre lo logra. Y muchas veces, la mayoría quizás, es la misma sociedad la que finge demencia, tal como está de moda decir por este tiempo y acepta el convite a sabiendas que en algo la van a traicionar. Pero todo tiene un límite, como se sabe.

La Libertad Avanza de Milei y su estreno electoral puede depararle al gobierno y a su novel experiencia sorpresas imprevistas. No hay un relato claro respecto de la estrategia electoral más que el basado en el rumbo y en el resultado de las transformaciones que ha logrado imprimir al manejo del Estado, de las cuentas y de la economía en general. ¿Le alcanzará con eso en distritos en donde comparte electorado con liderazgos serios y gestiones que el elector ha venido acompañando? ¿dividirá las opciones y con eso arriesgarse a derrotas sin mayor sentido?

Los movimientos y lo que trasciende de la Rosada, de algunas declaraciones públicas de ciertos referentes y de sólo observar el escenario en el que se mueve, dan indicios de que Milei, o su hermana Karina más que nada, han tomado la decisión de ir por el espacio del PRO de Mauricio Macri e intentar arrebatarle la representación frente al kirchnerismo. De conseguirlo hace cuentas redondas: se queda con todo el espacio. Pero supone asumir riesgos muy altos.

En las provincias, por caso, el PRO no parece ser el enemigo a vencer y es allí donde se encuentra con el resto de una oposición –parte de la considerada dialoguista y “ñoña republicana”– en su mirada despectiva, que le ha sido de una ayuda vital e ineludible para llegar a donde está. Pero quizás necesite, como aquel adolescente que ya no soporta su casa, ni consejo alguno, ni sugerencias, ni apoyos, ni palabras de “otros tiempos fuera de moda y lugar”, enfrentar sus propias experiencias. El problema es que a veces la inmadurez, los errores forzados y de los otros autoinflingidos, pueden conducir a caminos sin retornos y lamentables por mucho tiempo. Para todos, no sólo para los propios y su aventura.