“Espero que me entiendas”. Así termina el mensaje que Matías Stevanato envió por WhatsApp a quien hasta este sábado al mediodía era su socio político, Emir Félix.

Esas suerte de últimas palabras fueron casi en simultáneo con el posteo que el intendente de Maipú hizo en la red social Twitter, donde anunciaba que se bajaba de la candidatura para conducir al Partido Justicialista a nivel provincial. Después de eso, silencio total. Stevanato apagó su teléfono celular durante varias horas y, por más que el jefe comunal de San Rafael intentó una y otra vez comunicarse con él, fue en vano. La decisión ya estaba tomada.

El peronismo mendocino está quebrado. No es novedad que, más allá de las impostadas sonrisas para las fotos, hay un grupo identificado con el sector más tradicional del PJ local que se quiere sacar de encima a La Cámpora. Quizá mantener puentes tendidos con el resto del movimiento K, pero recuperar el control del partido. Entienden que, después de los últimos desatinos electorales, no hay margen para nuevas oportunidades. Es más: creen que cada vez está más cerca la posibilidad de quedar en el tercer lugar en una próxima contienda. Por eso veían que la renovación de autoridades partidarias en Mendoza era la gran oportunidad.

Desde hace más de un año existen negociaciones subrepticias entre diferentes referentes convencidos de que la única manera de restarle poder a La Cámpora es en un mano a mano en las urnas. Sobre todo, son intendentes que nunca tuvieron que ver con ese sector, pero que debieron agachar la cabeza y hacer obediencia debida durante los años fuertes de poder kirchnerista a nivel nacional, que, paradójicamente, coincidieron con las peores performances del partido en la provincia.

Afirman que el peronismo mendocino está desapareciendo, o al menos el que se referenciaba con la época de José Octavio Bordón, Arturo Lafalla o Rodolfo Gabrielli, por caso. Pero que nada tiene que ver con los arreglos por conveniencia que comenzaron a tejerse a principio de la década pasada y que terminaron con la dirigencia local subyugada a las decisiones tomadas a más de mil kilómetros, con La Cámpora –en la figura de Anabel Fernández Sagasti- haciéndose cargo.

Ese fue el contexto para que Emir Félix y su par de Lavalle, Roberto Righi, principalmente, convocaran a Stevanato para esta cruzada. Lo vieron como una cara nueva y fresca dentro del partido. Y el único intendente peronista de todos los departamentos del Gran Mendoza. La apuesta no sólo era arrebatarle el partido a los camporistas, sino comenzar a construir un candidato potable pensando en las elecciones del 2027. Para el año que viene, y por más que en política todo pueda cambiar de un momento para el otro, tienen pocas expectativas.

Las listas para pelear por el control local del PJ cierran este lunes. Había dos en pugna: una liderada por Stevanato y otra encabezada por Florencia Distéfanis. La intendenta de Santa Rosa resume el vínculo que existe entre La Cámpora y el armando político de Carlos Ciurca, aunque para muchos esa relación no gozaba de buena salud; al menos hasta que Stevanato dio el portazo y dejó un tendal de heridos.

“Pocas veces he visto algo así. El PJ mendocino quedó bajo tierra”, disparó uno de los que participó activamente de las negociaciones, luego de conocer la decisión del intendente del Maipú.

Stevanato había logrado alinear y ordenar a un montón de inquietudes que estaban dispersas y buscando un punto en común. Incluso, muchos vieron que era el momento de romper con el kirchnerismo y jugársela por el peronismo tradicional de Mendoza y volver a unificarlo.

Por allí, además de Félix y Righi, anduvo Martín Aveiro. El cacique tunuyanino siempre trató de coquetear con ambas parcialidades. Temía tomar una decisión final y quedar en la vereda equivocada. Y así ocurrió. La profecía autocumplida.

Algo similar le pasó a Jorge Omar Giménez, que optó por levantarse en San Martín y animarse a una interna si hacía falta darla. O como había sucedido con Rafael Moyano en Guaymallén. Lo mismo que en Godoy Cruz, que desde las PASO 2021 muestran un distanciamiento explícito con el kirchnerismo.

La CTA, a partir de unos posteos en las redes sociales de Gustavo Correa también expresaba su disconformidad con el camporismo. Y hasta Guillermo Carmona, tan cercano siempre al kirchnerismo, había decidido jugar para Stevanato y el peronismo histórico.

También habían llegado bendiciones por parte de Sergio Massa y Diego Bossio, como para imaginar que Mendoza podía ser la prueba piloto de una experiencia mayor a nivel país.

Es más: el sábado por la tarde, a Lautaro Cruciani, flamante conductor del Movimiento Evita en la provincia, le llegó una bajada de línea a nivel nacional que no aceptaba cuestionamientos. Debía activar para la lista de Stevanato y dejar de prestar apoyo militante en los actos camporistas. Ese mensaje quedó trunco tras la renuncia de Stevanato y, por ejemplo, este sábado por la noche el Evita ya se había partido en Godoy Cruz y las discusiones comenzaban a replicarse en otros puntos de la provincia.

Desde el entorno del intendente del Maipú explicaron que la decisión tuvo que ver con el mensaje que el mismo Stevanato dejó en Twitter: falta de unidad en el partido y una interna que se estaba poniendo cada vez más virulenta. “No me verán como un abanderado de las divisiones del Justicialismo”, escribió.

Por eso dejó a todos mal parados. Porque desde el principio esa fue la idea: evitar cualquier negociación en la previa, ir a cara de perro y luego sí, con las listas presentadas, consensuar una fórmula de unidad que dejara a La Cámpora en segundo lugar. En otras palabras: presentarse con la intención de ir a las internas en diciembre y después imponer la idea de Stevanto como presidente del PJ y Destéfanis como vice. Y si acaso el kirchnerismo decidiera ir a las urnas, no tendría mucho margen.

La semana pasada fue clave para el desenlace abrupto de este sábado. La actividad de Fernández Sagasti y Adolfo Bermejo en Buenos Aires fue intensa, pero no sólo por la discusión presupuestaria. La interna del PJ mendocino fue tema central; en especial, para el ex intendente maipucino, uno de los que jugó en la sombra para que Stevanato se bajara y así mantener el statu quo del PJ local. Aseguran que fue uno de los responsables de convencerlo, de darle argumentos para que desistiera de ser candidato en estas internas.

Si hasta este sábado el PJ estaba dividido, ahora quedó roto. Los protagonistas de esas conversaciones furtivas y solapadas que buscaban destronar a La Cámpora por fin se habían animado a salir a la superficie. Buscaron al candidato, lo empoderaron y se envalentonaron. Y cuando parecía que tomaban la recta final hacia la bandera a cuadros, encontraron una curva cerrada. Y pasaron de largo.