Reino Unido y Francia, ambos miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, criticaron con dureza la ofensiva israelí contra la Franja de Gaza.
El conflicto, sin embargo, pareció encontrar una interpretación muy diferente en países como Alemania o República Checa –actual presidente del bloque–, que ven proporcionada la respuesta hebrea y creen que el principal culpable de la crisis es la organización islamista Hamas.
Las diferencias están generando tensiones internas, y las tensiones internas comienzan a ser visibles también desde fuera.
Así se explica que haya dos delegaciones comunitarias de alto rango mediando en la región, una encabezada por el ministro de Exteriores checo, Karel Schwarzenberg, y la otra por el presidente francés,Nicolas Sarkozy, quien el 1 de enero entregó a República Checa la presidencia de la UE. La mayoría de los políticos árabes, sin embargo, creen que ni la delegación oficial ni la iniciativa de Sarkozy vayan a aportar una ayuda sensible a la población de Gaza, sino que apuestan, más bien, por una resolución del Consejo de Seguridad que exija el fin de la violencia y por que Estados Unidos ceda en su apoyo incondicional a Israel.
La visión árabe es compartida por varios observadores diplomáticos en Bruselas. Algunos de ellos consideran que las posibilidades de la UE quedaron desbordadas ante la inesperada escalada de violencia en Gaza.
Como ocurrió con la crisis en Georgia, afirman, Sarkozy está intentando aprovechar para sus propios fines el vacío de poder en Estados Unidos, a pocos días del cambio en la Casa Blanca.
Pero la situación actual es mucho más compleja que la que se dio en agosto en el sur del Cáucaso.Además, Cercano Oriente sólo toma realmente en serio a Estados Unidos, por lo que parte de la diplomacia europea espera la fecha mágica del 20 de enero, cuando Barack Obama suceda a George W. Bush en la presidencia estadounidense.
Un portavoz del Ejecutivo comunitario negó en Bruselas cualquier competencia entre las dos delegaciones del bloque, pero aclaró que “la misión de la UE (la de Schwarzenberg) es el centro de la acción”.
A partir de allí, añadió, es de agradecer que cualquier otro político (como Sarkozy) viaje a la región para reforzar las exigencias de la UE: una tregua inmediata y el acceso de ayuda humanitaria en la Franja.
Sarkozy se acostumbró, durante su semestre como presidente de la UE, al papel de gestor de crisis mundiales y primer diplomático europeo. Ahora, sin embargo, ya no representa los intereses del bloque, sino sólo los de Francia.
El mandatario replicó las críticas a su iniciativa unilateral:“Con toda sinceridad, ¿quién podría reprocharme estar haciendo todo lo posible por acabar con tanto sufrimiento?”, declaró en una entrevista con diarios libaneses.
Otras fuentes en Bruselas sostienen que Sarkozy se aprovecha de las debilidades diplomáticas de la República Checa. Antes de su viaje a la región, Schwarzenberg condenó únicamente a Hamas y mostró gran comprensión con los ataques hebreos, una postura que el mundo árabe considera aberrante.
Por ello, el portavoz de la presidencia de la UE, Jiri Potuznik, ya se vio obligado el fin de semana a pedir disculpas públicas por haber hablado de “defensa propia” para referirse al avance de tropas de tierra israelíes sobre Gaza.
El enfado de los árabes no se había aplacado cuando Schwarzenberg llegó al balneario egipcio de Sharm el Sheij para reunirse con el presidente Hosni Mubarak.
El Ministerio de Exteriores argelino señaló que los checos no parecen estar en condiciones de decidir quién es el poder ocupador y quiénes los ocupados en Cercano Oriente.