No hay peor astilla que la del propio palo. Se sabe. Y no sólo duelen más que otras originadas afuera; sus consecuencias son las que preocupan. Ya se ha dicho que no es lo mismo que Omar de Marchi le haga críticas al gobierno de Cambia Mendoza, del que todavía forma parte al menos en los papeles, que las mismas en boca de cualquier opositor proveniente del kirchnerismo. A Lucas Ilardo, cuando se lo escucha machacar desde el kirchnerismo por la inseguridad, por el mal estado financiero de la OSEP, por ejemplo, o por la flaca salud institucional de la provincia se lo toma desde donde viene: de un sector ideológico que poco o nada ha rescatado de todo lo realizado por el equipo que gobierna desde el 2015, el año en el que los radicales y sus socios desbancaron al peronismo del poder hasta la actualidad. Y puede ser que la mayoría de las personas con simpleza llana sólo digan: “Bueno, lo que hace Ilardo es lo que tiene que hacer” y nada más.

Pero cuando la misma crítica ha surgido de entre las filas propias el impacto siempre es más resonante y hasta más dañino. Es lo que ha pasado con De Marchi y es lo que comienza a suceder con Gustavo Gutiérrez, el referente indiscutido de la Coalición Cívica en Mendoza, la extensión y hasta personificación de Lilita Carrió en la provincia. Es más probable que improbable, que la Coalición Cívica termine formando parte de lo que todavía se llama Cambia Mendoza para enfrentar el inminente proceso electoral. Al menos ya está adentro otra vez del frente, del que se había retirado en el 2021, para ir bajo ese paraguas para las elecciones de los siete departamentos que decidieron desdoblar. Y por estas horas todavía persisten las negociaciones para sellar el acuerdo amplio para las PASO de junio y las generales provinciales de setiembre. Marcos Quattrini y Tadeo García Zalazar son quienes buscan el acuerdo.

Pero es Gustavo Gutiérrez el que viene marcando algunos de los límites que los “lilitos” no pretenden dejar ir sin más. Se trata de los cuestionamientos más duros que pueden haber recibido los radicales en la administración del poder desde mucho tiempo hasta esta parte, quizás desde aquella primera gestión de la democracia de Santiago Felipe Llaver pasando por las de Roberto Iglesias y Julio Cobos. Gutiérrez habla de situaciones irregulares que, a modo de ver de la Coalición Cívica, se vienen dando en dos puntos: lo institucional y lo económico.

En las recientes declaraciones que el ex diputado nacional desgranó para un especial del diario Los Andes, antes de enumerar una a una las principales cuestiones pálidas de la gestión, Gutiérrez ha aclarado que no habla desde la oposición: “Yo no soy opositor, pero se les ha ido la mano; si estamos juntos es para derrotar al kirchnerismo. Esa fue nuestra coincidencia en algún momento”, dice.

Gutiérrez le apunta a la línea de flotación de una administración que ha hecho de la transparencia, del decoro y de la decencia su leit motiv. Por eso preocupa el daño que puede ocasionar la metralla. Aquellas han sido, cuanto menos, algunos de los pilares fundamentales en los que se asentó su llegada al poder tras las debacles peronistas de Celso Jaque y de Francisco Pérez.

“Hay que poner muchas cosas en claro, porque Mendoza no está bien, está muy mal. Y como dice el Martín Fierro: ‘No hay nada como un buen susto para despejar al mamado’. Yo no quiero pensar mal, pero se han mamado mal”, dice.

La Coalición separa por rubros todo lo que hay que revisar para que el gobierno vuelva a recobrar la confianza y la credibilidad, en especial en los inversores, la clave para el crecimiento económico en una provincia que no crece, ni crea empleo desde una docena de años a estar parte. En lo institucional, plantea que se tiene que sellar a fuego no volver a buscar una reforma institucional como la que propuso Suarez con la eliminación de una de las cámaras y un compromiso serio para desterrar los deseos de ampliación de la Corte como aquel intento de Alfredo Cornejo durante su gestión. “Hubo muchas cosas poco claras, que dieron una mala señal, que generaron inseguridad jurídica y que más que verse atraídos, a los inversores les ha dado miedo”, dice Gutiérrez. Se refiere, entre otros aspectos, al control radical del Tribunal de Cuentas, a algunos aspectos de la Fiscalía de Estado, a la Contaduría general, al Juri de Enjuiciamiento, al Consejo dela Magistratura y a la Oficina de Ética Pública.

Para corregir las desviaciones institucionales, Gutiérrez está proponiendo un acuerdo para “renovar” todos esos organismos de control, básicos en un sistema institucional republicano y transparente, agrega.

Y en cuanto a los puntos vinculados a la economía, Gutiérrez sostiene que con un Estado el doble de grande del que se tenía en la década del ’90, se prestan menos servicios y menos posibilidades al sector privado. “pero con malas señales, muy graves y muy preocupantes”, advierte. ¿A qué se refiere el líder de la Coalición Cívica, que dice no ser opositor? Habla de la concesión del complejo de inviernos Penitentes, del que dice que no fue sometido a una expropiación, sino a una confiscación. Además, apunta con armas de grueso calibre a Potasio Río Colorado (PRC), la empresa estatal que administra la mina de sales de potasio y al secretismo impuesto alrededor de la selección de un inversor capitalista: “Y no quiero que con todo esto aparezca Vila-Manzano, detrás de tanto secreto”, le dijo a Los Andes. Pero no se quedó ahí: tendió un manto de sospecha sobre los bienes de PRC: “No hay inventarios, faltan cosas, no hay nada”.

Para Gutiérrez, con el tema minero, el gobierno está cometiendo barbaridades: le apunta a la flamante empresa Impulsa Mendoza, anunciada pocos días atrás por el gobernador Rodolfo Suarez: “Es una empresa fantasma más. Yo no sé si lo hacen por torpes, por ansiosos o por apurados, pero están en la línea de Código Penal. El Estado no puede explotar las minas, lo tiene que hacer vía una concesión privada. Se los dice el Código de Minería en su artículo 9; un Código que ni siquiera han leído, parece”.

Nadie en la oposición está hablando tan seriamente de estos asuntos como los está planteando Gutiérrez, el que aclara y aclara no ser opositor. Por eso, como ha ocurrido en el caso de De Marchi, a quien se le acerca la fecha autoimpuesta para definir si deja o no Cambia Mendoza, nada duele y preocupa más que una astilla del propio palo; y si no se trata del propio palo, como sería para ambos, se trata de socios del radicalismo que fueron parte de aquella cruzada histórica del 2015 lanzada contra la corrupción, la ineficiencia y el descaro.