Los gobernadores, que vienen de protagonizar la mayor reunión de mandatarios provinciales de todas las expresiones políticas del país después de mucho tiempo, han coincidido en el intento por llamar la atención del gobierno nacional de Javier Milei por fondos para infraestructura y obras inconclusas y por un nuevo pacto fiscal entre la nación y las provincias que garantice recursos mínimos y algo de equidad en el reparto de fondos escasos.

La información dura, como expresión y descripción sintética de las mayores preocupaciones de los jefes de estado provinciales, apunta a discutir las demandas y las urgencias en un encuentro con Milei y a reflotar la idea de ese ámbito de deliberaciones sobre temas centrales medulares para el país que el año pasado se lo conocía como el Pacto de Mayo, que incluso había nominado como vínculo entre la presidencia y los gobernadores al mendocino Alfredo Cornejo, el mismo al que ayer sus pares le habrían solicitado mediar entre ellos y el presidente para concretar la cumbre cuanto antes.

Pero al margen de los títulos que los gobernadores les han puesto a los diversos temas que discutieron ayer en el Consejo Federal de Inversiones (CFI), todos motivados por la escasez de recursos fiscales y el ahogo de las cuentas, hay uno que los engloba a todos y a la vez acierta un pleno describiendo la situación general en los territorios y en el conjunto nacional: el empobrecimiento paulatino de la sociedad, el deterioro universal de todo lo que la rodea y sostiene y las demoradas soluciones que se han prometido llegarían al nivel de las personas y la microeconomía.

Los gobernadores estiman que todos estos temas podrían ser discutidos mano a mano con Milei en los próximos quince días, de acuerdo con el mandato que se le ha dado a Cornejo para lograr el encuentro. Y la esperanza que allí se analicen “las preocupaciones en torno a la significativa caída de las recaudaciones provinciales”, dijeron cerca del gobernador mendocino además de “la posibilidad de solicitar una redistribución más equitativa del impuesto a los combustibles, considerando que muchas de las responsabilidades económicas que anteriormente cubría la Nación (como los remedios, rutas o los subsidios al transporte público) ahora recaen sobre las provincias”.

En la relación entre Nación y provincias está ocurriendo un fenómeno parecido al que muchos ciudadanos ven en la comparación con otros, a su alrededor y en el escenario de las escalas sociales en los que se divide la pirámide por ingresos, bienes y recursos. Los gobernadores están observando un Estado nacional que más allá del ajuste de gastos que ha realizado, hoy luce en mejores condiciones que muchas provincias, no todas. Mientras algunas provincias permanecen estancadas como lo han hecho por varios años atrás, otras se ven empobrecer perdiendo estatus, el lugar que por historia y tradición ocupaban y esa situación de usufructo de riqueza que las generaciones anteriores a las actuales supieron conseguir y mantener. Mientras se esperan por los resultados del ajuste, la normalización de la economía y las inversiones, todas cuestiones clave y demoradas, se desmoronan: han perdido recursos por coparticipación y de los propios, además, al caer también la recaudación de los impuestos que perciben. Se aferran, como lo hacen millones de personas comunes en todo el país, con las yemas de los dedos en la cima de una cornisa evitando con desesperación desplomarse a lugares donde no quieren caer y de donde saben que podría ser imposible o muy difícil salir.

Informes en manos de los gobernadores elaborados con datos del propio CFI y del Instituto Argentino de Análisis Financiero (IARAF) dan cuenta de cómo la nación y las provincias han andado por caminos opuestos en materia de recursos: mientras la nación ha visto mejorar sus recursos en un 70 por ciento de la torta que comparte con las provincias al coparticipar la recaudación, éstas han perdido un 26 por ciento promedio. En Mendoza, como ya se ha dicho, esa disminución de recursos ha estado en el orden del 24 por ciento conduciendo al gobierno a echarle mano al fondo anticíclico, probablemente, conformado por el monto de dos nóminas salariales.

Milei describe una Argentina que cruje por reformas necesarias y demoradas. Esa Argentina, según el presidente, ha mejorado en todo sentido y ha dejado atrás las penurias del pasado. Y afirma que a mediados del año que viene la inflación será sólo un mal recuerdo del pasado. Agrega que ya 10 millones de personas han salido de la pobreza y que los jubilados y los asalariados corren por delante del aumento de los precios recuperando el poder adquisitivo perdido durante los años del populismo K. A los gobernadores, incluso a los más enfáticos en apoyar el rumbo y las medidas tomadas por el presidente, les ocurre lo mismo que al resto de los ciudadanos: en los territorios no se ven las progresiones, la reactivación es muy lenta y las inversiones llamadas a través del RIGI se hacen esperar.

Al nivel de la población, la espera se hace tediosa y la paciencia va disminuyendo. Es posible que el impulso de los cambios y la necesidad de reformas apoyadas por la mayoría de los argentinos le alcancen al presidente libertario para imponerse en las elecciones de medio mandato. Cornejo y otros que apoyan a Milei consideran casi una obligación que el gobierno se imponga en las estas elecciones para confirmar las reformas y avanzar en otras estructurales. Pero para el momento del examen, allá por octubre, de no mejorar los indicadores, el Gobierno podría estar llegando con lo justo y con mucha incertidumbre hacia delante. Se verá.

Probablemente Milei ya esté informado de lo que está comenzado a ocurrir con la porción de la sociedad que lo apoya y con los que no. Según un estudio de la Universidad Di Tella, para la gente encuestada el último mes los precios del mes de mayo han estado por arriba del 4 por ciento, mientras que las consultoras avizoran una inflación del 2 por ciento. Se trata de una visión que está reflejando quizás dos cosas importantes: algo de desconfianza por un lado y un atraso en la actualización de la canasta de consumos de los argentinos, con lo que el INDEC no estaría reflejando lo que ocurre en la realidad.

Y por si fuera poco, el deterioro económico está hundiendo a los sectores medios, los más preocupados por perder calidad de vida de todos los estratos, seguramente. Ya lo ha dicho el especialista en consumo Guillermo Oliveto: “A mediados de los años 70, cuando la pobreza no superaba el 5 por ciento de la población, el GINI (el índice que marca la brecha entre los más ricos y los más pobres del sistema) era de 0,36 puntos. Hoy tienen dicha configuración sociedad como la alemana, la canadiense, la española o la italiana”.