No fue un encuentro más. La mesa política de Juntos por el Cambio debió haber protagonizado este martes su encuentro más trascendente de los últimos tiempos, al menos para los mendocinos. Porque no sólo se tomó posición, y la decisión definitiva, respecto de la estrategia que asumirá la primera oposición nacional frente al intento de juicio político contra la Corte que impulsa el kirchnerismo, sino que, además, resolvió dirimir las cuestiones internas que agitan la relación del frente en algunas provincias, como en Mendoza. Y sobre esto, particularmente, la mesa le ha marcado el camino a seguir a Omar De Marchi, el líder del Pro en la provincia, que ha reconfirmado (por enésima vez) su intención de ser el candidato a gobernador con fuertes cuestionamientos al gobierno de Rodolfo Suarez, al estilo que le imprimió Alfredo Cornejo al funcionamiento de Cambia Mendoza y a la hegemonía radical en el frente.

Así las cosas, De Marchi no tendrá más alternativa, según parece por lo definido ayer, que dar la competencia en las PASO frente al candidato del radicalismo. Si no lo acepta y se va por fuera, el Pro que dirige sería inmediatamente intervenido por la conducción nacional y no podrá usar el sello partidario para la elección.

Como se esperaba, la mesa resolvió que sus fuerzas parlamentarias, primero, no darán quórum en Diputados para el tratamiento del juicio político a los miembros de la Corte Suprema de Justicia, como lo pretende el kirchnerismo; segundo: si en caso de que el oficialismo consiguiese el número para sesionar, los votos de Juntos por el Cambio serán negativos al enjuiciamiento, con lo que el intento de Alberto Fernández no prosperará. Pero hay un tercer punto vinculado con todo esto: Juntos por el Cambio cerró filas detrás de una postura crítica, sensible y clave, la de no permitir ninguna discusión y análisis sobre ningún proyecto de ley, cualquiera sea, hasta que el Ejecutivo no retire definitivamente los pedidos de juicio político. Se trata de un paso complicado de explicar, porque en el listado aparecen cuestiones de alto impacto, como la ley de alquileres, los créditos hipotecarios UVA y hasta la tolerancia cero al alcohol.

Luego de ratificar la unidad del frente en todo el país y de destacarse la fortaleza que le significará llegar al proceso electoral sin fisuras, los mendocinos de la Mesa, Suarez y Cornejo, aprovecharon el mitin virtual (en febrero la mesa se volverá a reunir, pero en forma presencial, con todos sus miembros frente a frente) para plantear la aplicación del reglamento que se discutió algunos meses atrás para dirimir diferencias en las provincias, en caso de que surgieran. El caso más claro de todos es el de Mendoza, con la intención de De Marchi de convertirse en el candidato, pero con críticas al gobierno.

Suarez fue más descriptivo y detallista. Dijo que, con la actitud del diputado nacional, se pone en riesgo el frente al punto tal de potenciar al kirchnerismo en la provincia. “¿Cómo puede ser, Horacio, que tu armador político en todo el país se comporte así?”, descerrajó, palabras más, palabras menos, el gobernador, el que se conectó al Zoom desde el lugar de veraneo, en la Costa.

Otros tiempos: De Marchi y Suarez, juntos y sonriendo.

Según testigos, Rodríguez Larreta prometió ocuparse del tema y poner en línea a De Marchi, mientras que Patricia Bullrich, la presidenta del Pro nacional y rival del porteño que dirige la CABA, y por ende del propio De Marchi, resultó ser la más crítica y enérgica. Fue ahí en donde se recordó el documento firmado el 19 de setiembre del año pasado por los integrantes de la mesa. Allí quedó establecido que las disidencias internas entre los partidos del frente se resuelven en PASO, donde existen (como en Mendoza); de no estar permitidas, se busca un acuerdo sobre la base de encuestas para definir al aspirante mejor posicionado y, si tras ese método, aun así, no se llega a un acuerdo, se establecerá finalmente una interna abierta entre afiliados de los partidos que integran la coalición.

Sin embargo, en ese documento de setiembre, se hizo mención al “Acuerdo de buenas prácticas” que Juntos por el Cambio había acordado en abril del 2022. Ya se hablaba en ese momento de posibles posiciones irreconciliables y frente a eso se advertía que quien sacara los pies del plato en alguna de las provincias no aceptando los mecanismos de competencia establecidos y decidiera competir por fuera de la coalición, quedaría impedido de utilizar el sello partidario. Por eso es que De Marchi, en caso de decidir romper, se enfrentaría con ese primer escollo, el de no usar el nombre del Pro para la elección. Pero aquel “manual de buenas prácticas” también ordenaba que en las provincias se pusiera en práctica el equivalente de la mesa nacional en cada uno de los distritos, las denominadas mesas provinciales, un punto que el demarchismo cuestiona porque tal mesa no funciona.

No todas las miradas son similares frente al tema De Marchi en Mendoza. Hay matices, y algunos radicales dicen comprender a De Marchi en sus planteos. Son aquellos que han demostrado un poco más de independencia frente al tándem Cornejo-Suarez. Uno de ellos quizás sea Julio Cobos, el que ayer en LVDiez y antes de la reunión de las principales autoridades de Juntos por el Cambio, lanzó: “La mesa nacional puede dar directivas, pero el actuar de cada uno de los dirigentes pasará por sus prioridades y sus convicciones”. Todo un guiño para De Marchi, el que hoy está considerado el enemigo número uno de Cambia Mendoza, mucho más que cualquier otro dirigente del kirchnerismo o de la izquierda provincial. Tanto es así que, al presentar el problema en el Zoom, Suarez lo describió como tal: “La principal oposición que tenemos es De Marchi”.

De Marchi, por su lado, esperaba la embestida. Pero se le achican los tiempos, como se le han achicado a todos por la velocidad de los acontecimientos. Luego de lo de ayer, De Marchi tendría que tener claro dos caminos: el agachar la cabeza y someterse, como ya lo hizo en otras oportunidades buscando un arreglo en el 2021, o yendo a la PASO como en el 2019, o romper y presentarse por fuera. Para negociar no tendría mucho margen, salvo que se allane a lo que le quieran ofrecer; para las PASO deberá competir sin poder incidir previamente para que se disminuya el tope de 25 por ciento de los votos para alcanzar la minoría y si al final decidiera competir como otra expresión ajena a Cambia Mendoza, lo esperan riesgos serios, como la posible disolución de lo que representa y hasta cierto peligro de ostracismo si es derrotado dolorosamente. Pero, también el ansiado botín mayúsculo si acierta en la aventura, tanto si logra ganar o dejando el kirchnerismo en tercer lugar. Para averiguarlo deberá asumir altos riesgos. El punto es si está preparado y si cree, como muchos que lo entornan, que llegó su hora y que sea lo deba ser.