El gobernador Alfredo Cornejo.

La Mendoza política está discurriendo por un tiempo de indefiniciones notables y demasiadas incertidumbres para los ansiosos. La Mendoza pueblo, en tanto, pone a prueba la paciencia, confiesa mayoritariamente en las encuestas que llega a fin de mes a duras penas –incluso algunos con ayuda de los más cercanos– y aguarda por las realizaciones y progresos en la economía. A esta Mendoza, el gobierno sabe que tiene atender y responder con concreciones. Una obviedad ¿no? Claro, pero no viene mal recordar ésta máxima de cumplimiento obligatorio cuando se cree y se piensa –la política lo hace–, que los mejunjes, alianzas, uniones de ocasión, salvarían el pellejo y la ropa a quienes se ponen en juego en un proceso de elecciones.

Las razones de la ausencia de certezas en la política tienen que ver con la especulación lanzada hacia el infinito en la previa electoral y por todo ese bagaje de negociaciones en pleno proceso de calentamiento que se debería abrir para la conformación de las listas de candidatos, más la construcción o no de una alianza –a esta altura muy conversada en lo público, pero sin indicio alguno desde lo formal y mucho menos oficial–, entre Alfredo Cornejo y Javier Milei para compartir un frente de cara a los comicios de legisladores nacionales y provinciales.

Se presume que Cornejo extendería hasta casi el fin del plazo que tiene, el 18 de julio, para llamar a una elección de legisladores provinciales concurrente con la nacional. Pero para ello buscaría asegurarse no dejar frentes abiertos que le siembren dudas. Las incógnitas del gobernador son compartidas por muchos de los referentes políticos provinciales y tiene que ver con el gusto electoral de los mendocinos para este tiempo particular, el que ha dado muestras de cambio como en todo el país claramente.

Hasta las últimas elecciones de medio término que registró la provincia, allá por las del 2021, el actual oficialismo provincial siempre pareció saber de antemano, y hasta se ufanó de ello con un nivel de seguridad notable, contra quién se enfrentaría y cuál era el adversario a vencer, mucho más allá de los nombres y de las ofertas diversas. Conocía casi al detalle el gusto electoral de los mendocinos. Se sabía, por caso, que de forma mayoritaria el ciudadano medio siempre rechazó y así lo seguía haciendo cualquier injerencia del kirchnerismo nacional en los asuntos provinciales. Hoy ocurre lo mismo, pero se ha desdibujado tanto tal oferta electoral que no parece ser hoy su momento; aunque sí, inevitablemente una oportunidad más para comenzar un proceso que lo devuelva a las raíces.

Volviendo a la historia reciente del oficialismo frente a las batallas electorales que disputó, el rechazo en general por el kirchnerismo, por Cristina Fernández de Kirchner y La Cámpora, le permitió muñirse, y por casi diez años continuos, de un poder arrollador para doblegar a sus delegados en la provincia identificados en el peronismo.

Pero ya la elección del 2023 comenzó a dejarle otras señales y mensajes desconocidos hasta el momento, que se materializarían bravíamente ahora. Cuando se desplegó ese fenómeno en la nación se convirtió en Milei, en su programa de gobierno sostenido en la motosierra y en el conocido ataque furibundo a la casta señalada como culpable de los fracasos.

Hoy el kirchnerismo no parece ser una amenaza, al menos en Mendoza como está dicho, para el oficialismo y el gobierno de Cornejo. Pero sí lo es ese nuevo adversario que tiene enfrente, vinculado directamente con Milei. Y lo más preocupante de todo, quizás, para el estratega Cornejo que esto puede estar directamente desprendido de lo que emana del presidente libertario y de todas sus ideas, modelo y plan, aunque todavía no tiene un nombre propio. En otras palabras: el oficialismo provincial, de no mediar un acuerdo con Milei, se tendría que preparar para enfrentar a nombres o figuras, desconocidas por ahora, pero sí beneficiadas por ese halo bendito que surge y emana del gobierno libertario, que puede perder potencia se espera a medida que pase el tiempo y se demoren los goles del modelo.

Para saber qué pasa, el oficialismo no deja de ordenar encuestas que han barrido, en al menos dos oportunidades por lo que se sabe, todo el territorio provincial. Uno de esos sondeos podría encontrarse ahora en medio del análisis y la interpretación del humor político del elector mendocino. Pero uno anterior, de alrededor un mes atrás, daba cuenta de una división del electorado muy pareja, aunque con una prevalencia por los colores y la posible oferta de La Libertad Avanza por sobre lo que podría ofrecer Cambia Mendoza.

En el gobierno observan, desde ya, los movimientos de Luis Petri. Pero con mucha más atención desde la confrontación que tuvo con su sector durante el congreso partidario del último fin de semana que ha dado paso a un quiebre visible entre la mayoría dominante del universo oficialista y ese 40 por ciento que el ministro ostenta y reclama para sí desde aquella sorprendente interna que disputó.

El posible nombre del radical (¿radical?) del Este como candidato cambia todos los escenarios pensados, con alianza o sin ella. Y obligaría a Cornejo a tomar decisiones que si bien podría imaginarlas no le aseguran el mejor de los escenarios y resultados. Las conjeturas se desparraman a montones. En un contexto de enfrentamiento interno deliberado y batalla franca, el oficialismo controlado por el gobernador podría intentar obligar a Petri a definirse prematuramente si sigue dentro del radicalismo o ya es parte del mundo libertario del presidente.

El ciudadano enterado sigue de reojo estos movimientos. Sus preocupaciones y urgencias se mezclan con esa danza electoral de los frentes, partidos y dirigentes. La radiografía social del país, extendida en Mendoza, muestra que a sólo un tercio de los ciudadanos les arrancó el motor del crecimiento y desarrollo. Está visto que necesitaban, quizás, un terreno fértil y más o menos ordenado para comenzar con ese despliegue hoy visible en mayores operaciones inmobiliarias y adquisiciones de autos nuevos. El resto sigue haciendo malabares para llegar en pie a fin de mes, como lo reflejó la consultora Demokratía a mediados de semana y percibiéndose todavía esa clase media aspiracional, esforzada y emprendedora que identificó al país y a la provincia cuanto menos unos 50 años atrás.

No sólo los teje y maneje electorales entre libertarios anti estado y los progres liberales mendocinos que conciben a ese Estado más que como un árbitro, un garante de las condiciones mínimas, les daría alguna garantía de salvar la ropa en las elecciones. Pero por sobre todo, sí podría asegurar más que un éxito furtivo y pasajero los resultados que se esperan de ese giro a la matriz económica que comenzó con la minería, el petróleo no convencional, las energías limpias y una buena inversión, inteligente, del Fondo de Resarcimiento de la Promoción Industrial, ex Portezuelo, a punto de ser usado.