El ministro británico del Tesoro, Gordon Brown, heredará sin remedio la papa caliente de Irak cuando sustituya a Tony Blair, como es su aspiración, al frente del Gobierno de Londres, a mediados de año. El anuncio, hecho por Blair el miércoles, de que se reducirán próximamente en 1.600 los efectivos británicos en el país árabe es una retirada que queda muy por debajo de lo previsto por los más optimistas, que venían hablando de una reducción a la mitad del actual contingente de 7.100 soldados.
La cifra mencionada por Blair supone un compromiso político, ya que un recorte mayor habría disgustado a los aliados norteamericanos y, seguramente, también al propio Gobierno iraquí por la señal que enviaría al resto de los países, desde Corea del Sur hasta Polonia, que tienen tropas en el país árabe.
Si el anuncio de esa retirada parcial supone la primera divergencia de estrategia frente a Estados Unidos, que, a diferencia de Londres, enviará 21.500 soldados más al país árabe como refuerzo, Blair ha dejado abierta la posibilidad de revisar su decisión de retirada gradual si se complican las cosas.
Preguntado al respecto por la BBC, Blair no quiso comprometerse y dijo que los 5.500 militares británicos que quedarán en el país estarían en condiciones de intervenir, si se lo solicitan las autoridades iraquíes. “Si necesitamos regresar, si se producen determinadas circunstancias, podemos hacerlo, pero eso no es lo mismo que volver a incrementar las tropas”, explicó.
Esas circunstancias podrían ser, en opinión de los analistas, la huida en masa de insurgentes hacia la zona de Basora –de mayoría chií–, donde están los británicos, como consecuencia de la presión de los refuerzos norteamericanos en Bagdad, o un recrudecimiento de las luchas sectarias. En cualquier caso, la decisión de reducir el número de bases británicas en Basora de cinco a dos es algo cuidadosamente planificado por los militares.
Esas bases han estado sufriendo ataques casi diarios de misiles y morteros, algo que parece desmentir los argumentos de retorno a la estabilidad con los que el gobierno laborista ha justificado su anuncio de reducción de tropas. Los efectivos británicos que permanezcan en Irak se concentrarán, eventualmente, en el aeropuerto de Basora, lo que, señaló el diario The Independent, tiene sentido desde un punto de vista logístico, ya que esa base británica dispone de suficiente terreno despejado fuera de su perímetro para dificultar los ataques de los insurgentes.
