El traslado del gigantesco reactor de Impsa hasta la refinería de YPF, en Luján de Cuyo, prometía ser un despliegue de ingeniería y logística de alto vuelo. Pero terminó convertido en una odisea absurda: un puente incapaz de resistir, apuntalamientos de emergencia y un operativo que desnuda fallas elementales de previsión y coordinación.
Parece una película surrealista. Una mole de de 456 toneladas varada a la vera de la Ruta 7, un puente que no aguanta ni la décima parte de su peso y una batería de 80 puntales metálicos que ofician de muletas improvisadas para que el reactor pueda seguir viaje.
El contraste es brutal. Un coloso industrial detenido a metros de su destino porque nadie se tomó el trabajo de calcular si el puente podía soportar semejante carga. La obra que debería mostrar la potencia de una empresa tecnológica se transformó en un símbolo de improvisación y descoordinación.
El operativo empezó el viernes 15 de agosto. Debía durar tres días. Cinco jornadas después, el convoy está parado. Los especialistas de Vialidad Nacional confirmaron lo obvio: el puente de la Ruta Nacional 7, diseñado para camiones de 40 toneladas, no resiste el paso del camión de 26 ejes que arrastra una pieza diez veces más pesada. La solución: apuntalarlo con gatos hidráulicos industriales, en un procedimiento de emergencia que retrasa todo y multiplica los costos.
El trasfondo es tragicómico. Durante meses se discutieron trazas alternativas, se analizaron recorridos para evitar puentes débiles y hasta se optó por cruzar el lecho seco del río Mendoza. Sin embargo, el error elemental se confirmó a último momento, cuando el reactor ya estaba en movimiento. Previsión cero.
En paralelo, el episodio no tardó en filtrarse en la grieta política. Un sector lo utilizó para criticar al gobierno nacional, otro para cargar contra la oposición.
- Tuit 1: “Primera empresa privatizada: anuncian con bombos y platillos el traslado de un reactor y resulta que a nadie se le ocurrió fijarse si los puentes aguantaban”. Palo para Milei.
- Tuit 2: “La ‘casualidad’ del reactor de Impsa parado por Vialidad Nacional. Peronismo/kircho, la máquina de impedir”. Palo para el kirchnerismo.
El traslado del reactor de Impsa a la refinería, que debería ser únicamente un desafío logístico, terminó convertida en combustible para la disputa electoral.
Más allá de esas chicanas, el reactor detenido a metros de su destino revela una verdad incómoda y se transformó en un espejo del país: una obra monumental frenada por un detalle que se tendría que haber previsto. El resultado: demoras, sobrecostos y una sensación de bochorno colectivo. Tan Argentina que duele.
