Promediando julio, la alianza entre Javier Milei y Alfredo Cornejo navegaba a buen ritmo y con viento a favor. Solo faltaba limar un pequeño grupo de detalles importantes —como el nombre y el color—, simbólicos y de alto impacto para la histórica supremacía de Cambia Mendoza en la provincia, ahora obligada a ceder en sus pretensiones, quedando su nombre en segundo lugar detrás del mascarón de proa que representa La Libertad Avanza, el espacio del presidente.
Pero una encuesta de la consultora de Marta Reale (Reale Dalla Torre) jugó un papel determinante para cerrar el acuerdo de una vez por todas, garantizando el plano nacional para Milei y ofreciendo una firme garantía de gobernabilidad para Cornejo durante los últimos dos años de su gestión.
El sondeo, realizado en el Gran Mendoza más San Martín y San Rafael, arrojó que la nueva entente sería votada por el 47,2 % de los mendocinos, con la posibilidad de alcanzar el 49,2 % al proyectar los indecisos. En la categoría de diputados nacionales, el apoyo aumentaría considerablemente al 55,6 %, también con indecisos proyectados.
Lo que sucedió después tuvo más que ver con otra negociación —exclusivamente radical y de puertas adentro de la provincia—, que se concretó entre el lunes y el martes, entre Cornejo y Luis Petri, quien llegó a Mendoza para defender su minoría en las listas de candidatos radicales, completando todas las categorías con aspirantes provisorios: diputados nacionales y legisladores provinciales, que se entrelazarán con los libertarios de Milei para las elecciones del 26 de octubre.
Aquel sondeo le confirmó a Cornejo su vieja convicción de avanzar con el acuerdo con Milei. Pero también le ratificó un dato que siempre ha guardado en la intimidad, casi en soledad, junto a su núcleo más cercano: que Mendoza es, en parte, históricamente peronista y que no hay que darlo por muerto. Reale midió por separado a los dos principales exponentes del movimiento: Emir Félix y Anabel Fernández Sagasti. Félix recibió el apoyo del 15 % de los mendocinos y Fernández Sagasti, del 9,8 %, con indecisos ya proyectados. Si el electorado finalmente se conformara tal como indica la encuesta, el peronismo —el mismo que logró la unidad el último fin de semana— podría moverse en un universo de votos de entre el 21-22 % y el 24-25 %. Un número sorprendente para muchos, incluso para las propias mediciones del entorno del sanrafaelino Félix, hoy aspirante a diputado nacional.
La oficialización de la alianza entre Cornejo y Milei, junto con el acuerdo interno alcanzado en el peronismo entre los no K y los camporistas, movilizó al resto de las fuerzas dispersas de la provincia, todas, de una u otra manera, expectantes de lo que terminaran resolviendo el oficialismo y la principal oposición provincial. El sondeo de Reale exploró, además, el posible impacto en la ciudadanía de las candidaturas de Omar De Marchi (PRO), con un 4,4 %; Mario Vadillo (Partido Verde), con un 4,9 %, y Jorge Difonso (Unión Mendocina), con el 2 %.
Tras la unidad peronista —que emergió con fórceps—, los referentes partidarios salieron a dar sus explicaciones. Todas, como las de Félix, apuntaladas en la “necesidad” de un reencuentro del movimiento para construir una alternativa fuerte y confiable al cornejismo provincial. Pero nada apacigua la ebullición interna, todavía visible y perceptible entre el grupo de los no K, identificado con los intendentes, y el kirchnerismo. Félix, presionado por su doble rol de aspirante a diputado nacional y presidente del partido, se sintió obligado a juntar “los mil pedazos” en los que estaba partido el PJ. Si el kirchnerismo armaba por fuera, probablemente Félix percibía que la responsabilidad caería sobre él con toda la furia por haberlo permitido. También pudo pesar el hecho de que, si los K de Fernández Sagasti terminaban yéndose, ¿cuál sería el argumento de la senadora nacional para justificar su salida, siendo ella la principal referente del partido en Mendoza, más allá de su identificación con la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, actualmente con prisión domiciliaria en CABA?
Cerca de Félix aseguran que la unidad era necesaria para mirar hacia 2027, imaginando la conformación de un frente más amplio, con todo lo que se vaya articulando en la vereda opuesta al cornejismo. “Y en ese nuevo contexto que estamos imaginando, lo que hoy es el kirchnerismo y nos hace mal, se irá diluyendo naturalmente“, dicen con algo de esperanza. También creen que, si el peronismo se partía, se le otorgaría al oficialismo provincial otra chance ganadora, entre tantas otras que ya posee. Esto sería porque, entienden, si Fernández Sagasti presentaba un partido que la identificara por fuera del peronismo, seguramente sería elegida por Cornejo como rival, su contrincante preferida, minimizando así las chances del peronismo oficial. “Cornejo esperaba eso. Lo conocemos”, afirman en el entorno de Félix.
Cornejo, buscando gobernabilidad en la provincia y pensando en el 2027, en una sucesión que probablemente será disputada por Petri; Petri, preparándose para dar el salto a la gobernación; Milei, imaginando sumar diputados nacionales por Mendoza para alcanzar su meta soñada de 90 legisladores propios a partir de diciembre; y el peronismo, detrás de una resurrección lejana, aunque ahora en unidad y con la esperanza de tiempos mejores: todos ellos configuran el complejo escenario electoral que se abre ante los mendocinos en octubre próximo. Y todo esto ocurre en un universo nacional dominado por la excentricidad de un Milei que celebra una mejora en el índice de confianza y se abraza al ajuste y la meta del orden fiscal, todo lo que —según las encuestas— parece favorecerlo, y todo lo que la oposición dura le achaca, soñando con un regreso a lo que la mayoría ciudadana barrió de un plumazo en noviembre de 2023.
El pulso electoral comienza a mostrar toda su influencia
