Si el 2025, hacia su final y más aún luego de las elecciones de medio término, nos dejó la novedad del alumbramiento de un nuevo ciudadano atravesado por el sufrimiento, el estrés, cierta desesperación, la incertidumbre y la lógica de la supervivencia, pero también por la esperanza en el futuro, el 2026, que recién suma algunas horas, comienza a moldear las nuevas condiciones de ese ciudadano frente al gobierno, tanto el de Javier Milei en la Nación como el de Alfredo Cornejo en Mendoza. Si las reglas han cambiado, entonces también se demandan cambios de fondo: no quiero que desaparezca el Estado, pero sí lo quiero eficiente, chico, ágil, súper gestor, comprensible y afectivo.
El perfil de ese nuevo ciudadano que emergió con Milei hacia fines de 2023 y que parece haberse afianzado y consolidado luego del ruidoso triunfo electoral del libertario en octubre pasado surge del extenso trabajo que la consultora Sociolítica, que conduce Robert Stahringer, ha finalizado en estos días. El informe permite comprender, en gran medida, aquello que buena parte de la política tradicional no ha logrado descifrar, en particular aquella que se arroga representar y comprender las demandas del “pueblo” y que hoy luce desorientada, sin dar en la tecla que le permita reconstruir la anhelada vinculación perdida con la sociedad.
Si el 2025 dejó una señal más que clara con definiciones contundentes —por ejemplo, no volver al pasado; proteger esa suerte de estabilidad alcanzada en el tipo de cambio y en la baja de la inflación; asumir que el “sufrimiento” tiene sentido porque se ha dicho que “vienen tiempos mejores”—, el 2026 demanda funcionarios que sean líderes o responsables institucionales, pero también eficientes, afectivos y empáticos con el sufrimiento individual y colectivo. Referentes que, lejos de exigir militancia a la vieja usanza como condición para acceder a soluciones o supuestos alivios prometidos, le digan al ciudadano que entienden su angustia y que el camino se transita juntos.
Más que trabajos cuantitativos sobre niveles de apoyo o rechazo a los nuevos procesos políticos y económicos que se aplican en el país, Sociolítica desarrolla investigaciones cualitativas. El esfuerzo resulta más que interesante y válido, porque va a buscar, bajo la metodología de focus group, qué le sucede al individuo en medio de un cambio estructural y cultural profundo de todo aquello que estuvo institucionalizado durante décadas, gobernara quien gobernara. Ese cambio dio lugar a un nuevo fenómeno sintetizado en la definición de Ismael, de acuerdo con el testimonio recogido por la consultora de Stahringer: “Probamos con el Loco porque los ‘cuerdos’ nos dejaron viviendo entre la basura y los narcos”.
En medio de la expectativa generada por el gobierno de Milei, ratificada en octubre, de cara a lo que viene y ya desde este 2026, emerge una variante del Estado que el propio Milei dice querer eliminar. Al libertario parece habérsele tomado y comprado el desafío de lo nuevo, por necesidad y tras años de frustración, pero desde Mendoza aparece una devolución crítica: no quieren que desaparezca el Estado. Lo quieren administrado bajo la lógica de un “gobierno empresa”, según la visión la consultora, resolutivo y, sobre todo, ágil; que asuma la “eficiencia con mística”. No menos Estado, en concreto, sino menos burocracia: una suerte de “máquina de gestión con corazón humano”.
A la vieja política le cuesta horrores decodificar estos nuevos mensajes ciudadanos. Y, a la luz de los resultados electorales de octubre, queda claro también que persiste una porción importante de ciudadanos imposibilitados —por diversas y múltiples razones— de comprender y, sobre todo, de aceptar las nuevas reglas que la mayoría ha convalidado.
Es cierto, además, que la transformación cultural en marcha en la sociedad ha relegado lo moral. Sin que aún se sepa si se trata de una característica definitiva o permanente del nuevo ciudadano, lo cierto es que la corrupción, incluso aquella posiblemente enquistada en el Estado que hoy administra Milei, no ha sido valorada como muchos esperaban. Los casos de Libra y la Andis, actualmente bajo investigación judicial, no han hecho mella en un votante que se ha inclinado por el “nuevo país” que promete Milei, basado en la estabilidad económica y en una expectativa de mejora material.
Para Mendoza, los participantes de los focus group de Sociolítica han tejido un diagnóstico con demandas que no difieren, como es lógico, de las expectativas a nivel nacional. Reconocen que se ha roto el viejo contrato social y aguardan que se configure un Estado lo suficientemente protector sobre la base del cumplimiento de sus obligaciones y, por sobre todas las cosas, eficiente; para nada autoritario ni burocrático y, claro está, buen gestor, casi como una condición inherente e ineludible.
En síntesis, los mendocinos podrían haber terminado el 2025 desgastados, fatigados, enojados y cansados, pero llegan al 2026 que recién comienza con una dosis de esperanza, porque —como señala el informe de Sociolítica— “podría ser peor”.
