Más de una de las principales espadas legislativas del perokirchnerismo mendocino estaba al tanto de las irregularidades de las que fue protagonista el ahora ex jefe de la Policía provincial, Roberto Munives, en lo que se conoce como el caso del pase vip al Aconcagua que diario El Sol ventiló en su edición digital el último domingo. Antes de la publicación de los hechos, se sabe que un grupo de dirigentes kirchneristas que actualmente son los que dominan los movimientos de la primera oposición en la provincia, analizaron cómo tratar el tema: si lo denunciaban desde el rol meramente opositor, si lo hacían desde alguno de los bloques legislativos o si lo dejaban en manos de algún medio de comunicación o periodista alguno para que por esa vía tomaran estado público.
Por mayoría, de acuerdo con lo que se ha podido reconstruir de aquellos análisis y conjeturas, el conciliábulo habría decidido no hacer nada, no avanzar bajo la creencia y el convencimiento de que los medios de comunicación –de los que dudan y desconfían en un sentido amplio y general–, no sólo no le darían asidero a la denuncia, sino que por el contrario protegerían al funcionario apuntado.
Cuando el escándalo salió a la luz, la política reaccionó de diversas maneras como se pudo observar. El oficialismo, ya se sabe, dudó y en un estado absorto se mantuvo por algunas cuantas horas en silencio aguardando hacer un inventario de daños y con la esperanza de que todo terminara pasando, como el tiempo, y diluyéndose en medio dela farragosa actualidad. Dos días más tarde el Ejecutivo cortar la sangría, hacer un torniquete, y despedir al jefe de los uniformados.
El perokirchnerismo, movido por una constante visión conspirativa de las cosas como un fenómeno que lo ha envuelto y dominado desde un tiempo a esta parte, todavía discute hacia sus adentros cómo desempeñarse y desenvolverse frente a las crisis que visitan de tanto en tanto al oficialismo. Sus planteos en la Legislatura mueren allí y cuando apelan a los medios, salvo algunas excepciones con medios y periodistas con los que dicen sentirse cómodos o porque decididamente los conciben “del palo”, son tantos los prejuicios que la sola crítica y aversión que tienen sobre la prensa terminan por diluir el objeto central: la descripción de hechos o acontecimientos irregulares supuestamente cometidos por miembros del gobierno y que les llegan por diferentes vías, como es natural, por el rol que cumplen.
Si bien todo evoluciona, como lo hace el periodismo y los medios quienes todos los días se exponen a un examen de sus audiencias en radios, canales de televisión, diarios y otras plataformas en medio de una competencia dura y descarnada muchas veces como se da en Mendoza, pero respetuosa y leal, resulta algo sorprendente como lo ha hecho y hace la política o parte de ella. Lo notable es que, como el kirchnerismo, no ha logrado tener un vínculo estable con los medios o con la mayoría de ellos y de acuerdo a la reacción que tuvieron sus líderes en Mendoza tras el escándalo del “pase VIP”, creyeron ver una operación montada para “ocultar” hechos más graves que el permitir el ascenso al Aconcagua de una persona sin cumplir con el pase sanitario y/o usando los bienes del Estado para ello. A ello se le sumó un mensaje adicional, un algo así como: ¡Nosotros lo denunciamos antes a Munives y ahora lo terminan echando por esto! Esto no puede ser real.
Quizás la reacción lógica debió ir por el lado de reconocer como acertada la medida tomada por el gobernador Rodolfo Suarez, más una mirada crítica del mal estado de la situación de seguridad que existe, y que es real, en la provincia. Un diagnóstico de lo que ya se sabe, pero atendible por el despido del jefe de Policía, y una mirada hacia delante con propuestas, con ideas, con un detalle de lo tendría que hacer el gobierno para restablecer el orden y confianza ya no sólo en seguridad, sino en el resto de las áreas. Ése sería un aporte inteligente y una actuación pro activa de una oposición que tiene que marcar los errores y las desviaciones que a su juicio comete el gobierno, pero siempre buscando hacer pie en las demandas y necesidades de la sociedad. Si no fuera así; si no es así, entonces qué objetivo está persiguiendo ésta oposición que hoy se mueve y actúa en Mendoza.
En el peronismo amplio, aquel que tiene vida por afuera del círculo cerrado que hoy lo controla, se está estudiando este fenómeno. El punto es cómo empezar de nuevo, de cero y de qué manera habría que hacerlo. Todavía se arrastra, como un lastre pesado e incómodo, las consecuencias de sus últimas administraciones de Celso Jaque y Francisco Pérez. Gestiones de las que nunca se permitió un análisis a fondo con un reconocimiento que de todo lo que se hizo mal en ellas. Un reconocimiento, en definitiva, de los factores y actitudes propias, como equívocos incluso, que determinaron las sucesivas derrotas electorales en la provincia desde mediados del gobierno de Pérez hasta esta parte.
Tuvo que aparecer un personaje histórico del peronismo, casi una vaca sagrada, como el ex gobernador José Octavio Bordón para poner en fila algunos de los patitos desordenados que tiene la principal oposición. Hay que prepararse para gobernar, ha dicho recientemente Bordón, lo que no deja de ser una manifestación obvia y de sentido común. Aunque no parece ser tanto para la conducción actual del PJ. Esos dichos de Bordón han calado hondo en la vida interna del peronismo. Tanto que algunos ya están proponiendo volver a las fuentes, recapitular todo lo que sea necesario y emular el proceso del famoso “libro verde”. Hacer eso, tomar un camino parecido al que le permitió al peronismo de los 80 volver al poder y mantenerse en él por 12 años, le significaría quizás un reverdecer y un florecer de anhelos, esperanzas y sueños perdidos para muchos en el peronismo. Aunque podría chocar con una realidad, también insoslayable: ir por ese camino sería hablar de un peronismo de Mendoza, para los mendocinos. Con lo que surgiría de inmediato una duda primigenia: la conducción de hoy del PJ, ¿está preparada para hablarles a los mendocinos de temas mendocinos, con soluciones mendocinas?
