De acuerdo con un indicador económico que el Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL) viene elaborando sistemáticamente desde el 2001 en adelante en el país, cada vez que el mismo fue de 1.07 o más durante los años de elecciones, los oficialismos vencieron y, cada vez que el índice fue inferior a esa marca, todos, indefectiblemente, perdieron en manos de la oposición que se vio beneficiada.
El indicador no es más que una referencia real sobre la situación económica de los argentinos focalizada en los años de elecciones, fuesen estas de medio término o generales, como las que tendremos durante el 2023. Y tiene en cuenta cinco variables: el nivel de la actividad económica en sí; el empleo privado registrado; el poder adquisitivo del salario; el crédito disponible para el sector privado y la tasa de inflación.
Está claro que para el 2023, el IERAL, que depende de la Fundación Mediterránea, no tiene elaborado el índice por razones obvias, pero sí ha realizado una proyección de acuerdo con dos escenarios; uno tomado con los datos del propio Gobierno nacional, que ha marcado un camino a transitar con las variables fijadas por el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), y otro, con las que espera o proyecta el mercado, sobre la base de la encuesta de relevamiento de expectativas del mercado que elabora el Banco Central. Y, pese a que proyectan números diferentes, con mejores expectativas para el escenario del Gobierno y con más pesimistas para lo que espera el mercado, lo cierto es que, en ambas, el oficialismo nacional perdería las elecciones.
El análisis de tal interesante indicador económico electoral está incluido en el último trabajo que el IERAL ha dado a conocer este martes. Se trata del anuario 2022 de la economía de Mendoza, y sobre sus perspectivas hacia el 2023, en el que se desgrana el estado de situación, fuertemente condicionado por el estado de crisis, agua que se acarrea desde varios años a esta parte y en la que se sugiere una serie de alternativas a ejecutar tanto a corto como a mediano plazo.
El informe ha sido dirigido por los economistas Gustavo Reyes y Jorge Day, con un grupo de colaboradores que trabajaron en su administración, en el diseño y en el área informática. Respecto del indicador económico electoral, el mismo confirma lo que siempre se ha intuido: que durante los años electivos en general se vota de acuerdo con el momento en el que discurre la tensa y sensible situación económica del país. Bien se podría decir, como vulgarmente lo suelen llamar los consultores, que se vota con el bolsillo.
Aplicadas las variables del IERAL a la mirada del Gobierno, se llega a la conclusión de que, según cómo prevé la marcha de la economía la administración kirchnerista, tomando los acuerdos que firmó y estableció con el FMI, las variables mejorarán respecto del 2022, pero no le alcanzará para llegar al índice IERAL del 1.07 o más, lo que bien le podría proporcionar un clima optimista y alguna mínima garantía de imponerse en las cruciales elecciones generales de octubre. Para el Gobierno, entonces, este año se reduce la inflación, la economía crecerá 2 por ciento, se recuperará el empleo y el salario y se incrementará el nivel de crédito al sector privado. La combinación de todos esos factores da como resultado un indicador de 1.05 para el año, levemente por debajo de la marca mágica de 1.07, la que, cuando se alcanzó en años electorales, les permitió a los oficialismos imponerse en las elecciones.
El otro escenario comparativo ha sido elaborado por el IERAL sobre la base de las expectativas del mercado elaboradas para el Banco Central. Allí, la proyección es otra: en el 2023 tendremos una inflación similar a la del 2022, con la economía, el salario y el empleo estancados y el crédito cayendo, el índice económico electoral se estaría ubicando en 1.00 para el 2023, también por debajo de 1.07.
Con lo que, si tales proyecciones se terminan cumpliendo y si, efectivamente, el indicador se ubica por debajo de la marca promedio que establece un triunfo del oficialismo, bien se podría prever una derrota del gobierno K, aunque todo es relativo y está sujeto a los resultados reales que encierra la decisión colectiva de los electores. Pero la serie histórica del indicador muestra una notable regularidad con lo que mostraron las elecciones.
- En el 2001, cuando el IERAL comenzó a combinar los datos de las variables elegidas, el indicador fue de 0.9 en medio de la caída del gobierno de Fernando de la Rúa.
- En el 2003, cuando llega Néstor Kirchner al poder, fue de 1.07.
- En el 2005, de 1.10.
- En el 2007, de 1.07, años en los que el oficialismo se impuso ampliamente en las elecciones, recordando que en el 2007 fue cuando accedió al gobierno Cristina Fernández de Kirchner.
- En las elecciones de medio término del 2009, el indicador resultó ser de 0.97, con la consecuente derrota del oficialismo.
- El 2011 fue el año de la reelección de Fernández de Kirchner, el del “ahora sí, vamos por todo”, con un indicador de 1.07.
- Ya en el 2013, vuelven las derrotas del oficialismo K. Ese año, el indicador fue de 1.02.
- En el 2015, cuando Cambiemos le arrebata el poder al kirchnerismo, fue de 1.06.
- En el 2017, con elecciones de medio término, el indicador fue de 1.07, con la victoria parlamentaria del gobierno de Mauricio Macri.
- Luego sobrevienen las derrotas de ese oficialismo con el regreso furioso de la crisis que continúa hasta ahora: 2019, del 1, año del triunfo electoral de Fernández.
- Para llegar a las últimas elecciones, las del 2021, con la derrota legislativa con un índice de 1.06.
El año electoral 2023 ya se ha activado. Sólo hay que esperar los resultados para corroborar la efectividad de un indicador económico electoral que, hasta este momento, avanza invicto.
