El acto protagonizado por el líder de la CGT, Hugo Moyano, ayer en la Plaza de Mayo no tuvo la magnitud que se esperaba o temía el oficialismo kirchnerista. Si bien, al comienzo, Moyano desplegó fuertes críticas hacia el Gobierno nacional y contra Néstor y Cristina Kirchner, sobre el final pidió diálogo y se lo vio más conciliador que confrontativo.
Quizás leyó la respuesta a su convocatoria en la plaza, la cual estuvo lejos de concentrar a toda la masa trabajadora, aunque le dio aire para jugarse por un nuevo período al frente de la central sindical en las elecciones previstas para el 12 de julio. El impacto de la movilización de ayer ha hecho cambiar el eje de los discursos oficialistas que se iban a escuchar por estas horas en Mendoza previo a la cumbre de los presidentes del Mercosur.
El gobernador mendocino tenía la misión de reunir a los mandatarios K con el fin de abroquelarse detrás de la figura de Cristina y reforzar el modelo de la gestión nacional. Pérez irá por ese camino hoy pero sin la presión de tener que sobreactuar un apoyo a las instituciones del país y al propio Gobierno que, luego de los hechos en Paraguay, más los movimientos de Moyano –finalmente no tan contundentes–, había plagado de fantasmas al oficialismo local y nacional.
