El Banco Mundial llegó a Mendoza a darle un espaldarazo público, oficial y efectivo a una de sus políticas públicas en educación que bien se podrían calificar de invalorable en medio de la crisis integral devastadora que afecta a Argentina desde mucho tiempo, pero que se agravó en todas las direcciones luego de la pandemia. En resumidas cuentas, la entidad puso bajo análisis el plan estratégico de alfabetización y de fluidez lectora que se aplicó desde el 2017 en adelante resumiendo, bajo un tono categórico, que no sólo frenó la caída de muchos de los indicadores educativos que aquejaban al sistema, sino que logró, tras el golpe brutal que provocó la pandemia, recuperar una senda de mejora continua y disminuir las brechas por vulnerabilidad; en la existente entre las escuelas públicas y privadas; en aquella que se da por género entre niñas y varones y entre la que se tiene por ámbito entre las escuelas urbanas y rurales.

Los datos del Banco Mundial sobre Mendoza fueron explicados y ventilados por una de sus economistas, la especialista María José Vargas. “Ustedes han logrado un registro que pocos países pueden alcanzar”, dijo Vargas, ante una platea de funcionarios, educadores e interesados por el fenómeno educativo no sólo locales, sino invitados virtualmente desde otras partes de Latinoamérica. Se refería a los 800.000 registros de lectura, todos sistematizados, de un minuto cada uno, de chicos de la escuela primaria y secundaria que permitió extraer una información única, particularmente, de los años 2021 y 2022, ofreciendo no sólo un estado de situación determinado al comienzo del censo, sino que, por medio del seguimiento y la aplicación continua del plan, pasar de 56 por ciento de estudiantes en niveles críticos a 20 por ciento hacia fines del año pasado.

La provincia esperaba buenas noticias de esta suerte de auditoría a la que se sometió por medio del Banco Mundial. Y no fue defraudada. Incluso, para el tramo de los porcentajes negativos de esa porción de chicos que, pese al censo y al plan implementado, más la vuelta a la presencialidad plena en todas las escuelas tras la pandemia, no logró alcanzar los objetivos mínimos en todo el proceso de lectura que no sólo significa leer bien y de corrido una determina da cantidad de palabras por minuto, sino también comprender el texto, asociar el sonido con las letras, escuchar y producir los sonidos, reconocer las palabras, leer las frases. Ese porcentaje ha sido de 40 por ciento “que se ha quedado atrás”, reconoció la experta del Banco Mundial, que a la vez ponderó como positivo el hecho de “saber quiénes son”. Mendoza, dijo Vargas, “está logrando que los chicos aprendan a leer y tiene mucho que mostrar”.

Según el Banco Mundial, cinco son las razones por las que el sistema aplicado en Mendoza bien puede replicarse en otros lados. Se rescató, por sobre todo, la presencialidad en las escuelas y por abrirlas a tiempo cuando se extinguía la pandemia; la evaluación del diagnóstico; la priorización de las habilidades básicas de la fluidez lectora; la orientación especial sobre las trayectorias débiles y la adición de más horas concentradas en la lectoescritura.

Entre la información útil e interesante que distribuyó el organismo internacional en Mendoza sobre lo que dejó como resultado la pandemia, por caso, en todo el sistema educativo mundial, se dijo que más de 1,6 millones de chicos fueron los afectados en 188 países en todo el globo por el cierre de las escuelas y que sólo en Latinoamérica se perdieron 58 semanas de clases con escuelas cerradas. En Argentina, el impacto fue de 50 por ciento de semanas de clase por escuelas cerradas entre el 2020 y el 2021 y que Mendoza, por abrir las escuelas antes que nadie, logró registros por debajo del promedio nacional.

Y el Banco Mundial cerró, con un tono de sentencia, aquella discusión que abrió una grieta, una más, en Argentina entre abrir y mantener abiertas las escuelas o enseñar por la vía de la virtualidad: “En los cierres de las escuelas no hubo aprendizaje”, dijo la especialista Vargas.

Si en el 2016 Argentina se encontraba con un panorama desolador en cuanto a la brecha entre los sectores más altos con los más bajos, la pandemia vino a agravar esa situación. Un chico de nivel bajo, antes de la pandemia, aprendía en la escuela el equivalente a tres años y medio menos que un chico de nivel superior. En Mendoza esa brecha se agravó, como también se triplicó el porcentaje de estudiantes por debajo del nivel satisfactorio de desempeño en Lengua.

El programa de fluidez lectora aplicado se convirtió en un medio, no en un fin, para alcanzar la comprensión lectora, dijo el Banco Mundial en su informe y, entre otras cosas, haciendo una analogía con la crisis sanitaria, afirmó como dato positivo que se haya asumido el problema educativo al nivel de una emergencia, como la que generó en la salud la pandemia. Mendoza, según el informe del organismo, hizo un manejo de casos como el de la salud para las trayectorias débiles; implementó un plan de prevención temprana; abrió las escuelas y los chicos asistieron, lo que no es un hecho menor; el censo permitió escuchar a los chicos cuando leían; se aplicaron otros programas ajustados a las falencias y problemas específicos, además de realizar un seguimiento concreto con intervenciones tempranas.

En un trabajo que no dejó aspectos negativos o débiles sobre lo implementado por la provincia, lo que ha dejado en un nivel de júbilo y gozo al equipo de la DGE provincial, el Banco Mundial rescató el hecho que en el inicio del 2021, a la salida de la pandemia, los chicos de séptimo grado leían 124 palabras por minuto, para pasar a 161 a fines del 2022, mientras que para el caso de los chicos de sexto año del secundario arrancaron con 145 palabras leídas por minuto en el 2021 y terminaron a fines del 2022 con 161. El resultado permitió ver una mejora notable, pasando de 56 por ciento de estudiantes en niveles críticos en el 2021 a 20 por ciento a fines del 2022.

Al final, una entidad de prestigio, como el Banco Mundial, debió llegar a Mendoza para ratificar lo que, por sentido común, se sabe, aunque tanto gremios como algunas de las estructuras políticas y altamente ideologizadas en un sentido nocivo han venido rechazando: aquellos chicos que tuvieron 50 por ciento más de presencialidad que los que no, leen 12,8 palabras más por minuto en cuarto grado; 9,8 palabras más en séptimo grado y 2,2 palabras más en el primer año de secundario. ¿Qué más para demostrar que el fenómeno y hecho educativo, para tener éxito y garantizarlo, se debe llevar adelante con las escuelas abiertas, con los docentes al frente del grado y con los chicos asistiendo a clases?