La causa por las coimas en el Senado de la Nación en el año 2001 está a punto de ser elevada a juicio oral. Ya concluyó la accidentada instrucción, con varios jueces y escándalos paralelos, pero al fin se llegó a la certeza de que existió un ilícito. Lo que llama la atención es el empeño que le ponen algunos involucrados, como el ex presidente De la Rúa y el mendocino José Genoud, en negar la existencia del pago de dinero por la aprobación de una ley, en este caso particular, más flexibilización laboral, pedido por el Fondo Monetario Internacional.
Los involucrados en la causa dicen que todo se trata de una operación política, la que, de existir, debe ser de las más grandes alguna vez planeada en el mundo, que tendría como actores a jueces, fiscales, legisladores, periodistas y empleados del Estado, entre otros. Según lo que dicen, la causa es un “invento”, los dos testigos clave, Mario Pontaquarto y Sandra Montero, son mentirosos a sueldo de alguien que quiere ver presos a dirigentes de diferentes partidos.
Como siempre, la teoría del gran complot contra unos pocos hombres buenos que no hicieron nada ilegal, montada por todopoderosos monjes de las sombras es utilizada para negar lo innegable. Como ciudadanos, esperamos que se concrete en breve el juicio para saber realmente qué pasó, quién pagó, quién aceptó el dinero y cómo se pudo montar semejante soborno. Nada más y nada menos. Quienes tengan responsabilidad en el delito serán castigados; los que no, serán absueltos. Así de simple.
