Es probable que en el gobierno de Javier Milei, tras la rebelión de los gobernadores que le han venido brindando apoyo y proporcionado el sostén político que no tiene, por ejemplo en el Parlamento, haya comenzado a comprenderse que sin las provincias detrás no sea posible un proceso de reforma estructural del país como el que el presidente y su modelo persiguen. Los últimos gestos de la Rosada para evitar el rompimiento total de los puentes que la unen a los gobernadores han jugado como la acción de un freno de mano ante la amenaza de perder todo.
En juego está la continuidad exitosa del gobierno y del plan. Y para lograrlo depende no sólo de un triunfo electoral claro en octubre que le demuestre el mundo que va por buen camino con el inestimable y preciado acompañamiento popular. Y todo está atado a la voluntad de los gobernadores, claro está, al nivel de responsabilidad de los mismos y del grado de consustanciación con el rumbo que el libertario le ha impuesto a la economía y a su funcionamiento, la base del drama argentino a resolver.
Un ex funcionario del gobierno, que Milei echó como represalia porque su esposa siendo legisladora nacional votó en contra uno de los proyectos del Ejecutivo, viene de reafirmar esta norma política de cumplimiento obligado respecto de la búsqueda de una buena relación entre la nación y los gobernadores. Se trata de Osvaldo Giordano, el economista que condujo la Anses en los primeros meses de gobierno de Milei y que preside actualmente el IERAL. Dice Giordano: “En el procesamiento político de las reformas es importante clarificar roles y responsabilidades. El Gobierno nacional tiene el deber de liderar, convocar, y proponer. Pero es un error atribuirle en soledad la capacidad y responsabilidad de transformar estructuras que, por diseño institucional, están fuera de su alcance exclusivo, ya que depende de decisiones de las provincias. Asumido de esta manera, se entiende que tan importante como el resultado de las elecciones de octubre es la reacción que adopta el gobierno nacional a sus resultados. Es clave que luego de las elecciones se disipe el clima confrontativo y que la acumulación de poder político sea usada como plataforma para convocar y encolumnar voluntades a favor de las reformas”.
El Consejo de Mayo tendrá este lunes su segundo encuentro con el objetivo de comenzar a discutir los alcances de las reformas de fondo con las que Milei apunta a ordenar la economía y hacer enfilar el país hacia el escenario en donde se mueven las primeros y más influyentes naciones del mundo; un fin preciado que se lograría en unas tres décadas de acuerdo con lo que viene estimando el presidente siempre y cuando no haya desviaciones del modelo buscado. El mendocino Alfredo Cornejo es quien está sentado en esa mesa como parte de la pata clave de las provincias y gobernadores. La CGT tiene a Gerardo Martínez y los empresarios al industrial Martín Rappallini. También hay representación del Senado y de la Cámara de Diputados. En el temario aparece en el horizonte la discusión de la reforma laboral como prioridad del Ejecutivo para seguir luego con la previsional e impositiva. Según se ha dejado trascender, a fin de año luego del proceso electoral, Milei tendría que apretar con el cumplimiento de las metas planteadas. “Si se lograra convencer que el proceso de reformas sigue activo bajará el nivel de incertidumbre, contribuyendo, por ejemplo, a generar presiones a la baja sobre el riesgo país, una variable clave de cara al desafío de afrontar el año próximo los vencimientos de la deuda”, apunta Giordano.
Cornejo llega al encuentro luego de haber sellado de palabra el frente político electoral con Milei. Antes del acuerdo, en la previa de las negociaciones, el gobernador evitó confrontar con el gobierno nacional como sí lo hizo la mayoría de sus pares agrupados en el lote de gobernadores acuerdistas. Marcó diferencias, pero se acercó a los argumentos de Milei para desestimar, por caso, las leyes que aumentan las jubilaciones un 7 por ciento y restituyen la moratoria previsional. Y sobre el reclamo por la recaudación del impuesto a los combustibles y el reparto de ATN manifestó su apoyo, sin teatralizaciones. Gestos que explican lo que se estaba gestando de cara a las elecciones de octubre, más allá de las coincidencias de Cornejo con lo hecho por Milei.
Muchos políticos, la casi totalidad del mundo de los empresarios, algunos dirigentes sindicales y la mayoría de los economistas de la Argentina, le apuntan a la rigidez de las relaciones laborales como la causa medular del estancamiento del empleo. Claro que la falta de expectativas, la incertidumbre, una política monetaria confusa, la ciclotimia generalizada de todos y los efectos del populismo aportaron el resto para que la Argentina se la vea y se la sienta navegando en un mar de calamidades.
Las reformas estructurales se han convertido con el paso del tiempo en algo así como el fetiche de los gobiernos no populistas, liberales o simplemente de derecha en el país. Se han ventilado en esos procesos cíclicos y mucho más cortos que sus opuestos, tales como el más cercano con Macri, el actual con Milei, el brevísimo y fallido que tuvo a De la Rúa al frente y lo que desarrolló Menem en los 90. Y en ellos hubo fracasos estrepitosos y sólo algunos avances. Con Milei, la mayoría de los argentinos ha vuelto a hacer una apuesta sobre un modelo que se desconoce en gran medida, pero que se critica con fuerza desde la oposición cerrada y se lo sabotea mucho antes de que llegue a puerto bajo las habituales y repetidas acusaciones de entreguismo y de rendición soberana a manos de vaya uno a saber qué fuerzas extranjeras y extrañas que supuestamente amenazan la Argentina y la argentinidad.
Mientras el mundo occidental, incluyendo a los vecinos en la región, ha resuelto en gran medida un modelo común para el comportamiento de sus economías independientemente del color e ideología política que los gobierna, en la Argentina se sigue en medio del pantano con bombas de retardo, trampas y conspiraciones varias a las reformas.
Mendoza no crece desde hace quince años, como el país y tiene estancada la generación de empleo en general y de calidad. Cornejo, que en el Consejo de Mayo seguramente apoyará la reforma laboral, ¿tendrá en la cabeza imprimirle una vuelta de tuerca más a aquella restructuración del Estado provincial que comenzó en el 2016 para hacerlo más empático con el sector privado pero que con el tiempo perdió vigor? ¿es posible seguir ajustando las cuentas del Estado? ¿o el Estado del Mendoza no da para más? ¿hay lugar para seguir bajando el gasto, o se llegó a un punto límite? ¿se apretará el acelerador para hacer descender las alícuotas de ingresos brutos y sellos con una mayor velocidad de la que se elige año tras año para que impacte con más claridad, o se mantendré igual, casi sin cambios? ¿podrá el Estado mendocino someter en un tiempo cercano a un proceso de privatización empresas como Aysam; o las vinculadas con el transporte público de pasajeros; o las creadas algunos años atrás como la de Energía o la de Minería; o se continuará particularmente con estas últimos en la misma línea y modelo bajo la premisa de que fueron creadas para atraer inversiones?
Mientras se esperan o se analizan las respuestas, el gobierno navega en un límite y sobre un filo muy complejo y con urgencias: año de elecciones, año de expansión del gasto como la tradición manda con el riesgo del desmadre, la consigna de gastar menos o no más de lo que ingresa y aumentar la productividad y la eficiencia en el mismo Estado, un mandato del que mucho se habla y poco se concreta.
