Javier Milei arrancó una semana de furia libertaria. Se cruzó en las redes sociales con artistas populares que se animan a cuestionar su gobierno y echó a otros dos funcionarios de la gestión. Hasta ahí, uno ha (casi) normalizado que la agenda de la Casa Rosada tiene estas salidas disruptivas. Pero nadie había previsto lo que explotaría este viernes con el Criptogate de $LIBRA.
Mientras no se sepa hasta dónde llegará el escándalo, en apenas 48 horas sumó más traspiés comunicacionales y hasta nuevos ángulos, como la explicación que dio el desarrollador de la criptomoneda $Libra.
Ironías y errores no forzados
La primera consecuencia es que si hay algo que quedó lesionado ha sido la palabra y la imagen presidencial.
Javier Milei confirmó, en una tarde y en cuestión de horas, el influjo que tiene en redes sociales: elevó una criptomoneda lanzada ese mismo día a valores astronómicos. Pero cuando las red flags (banderas rojas) comenzaron a multiplicarse, borró, se corrigió y encontró una salida: el ataque a la oposición.
El criptogate está lleno de ironías que surgen, en apariencia, de errores no forzados.
Al quedar vinculado a este tipo de presunta estafa, Milei rifó el peso de su palabra. Lo paradójico es que fue en la red social que lo empoderó y que defiende a ultranza.
“Abre una nueva dimensión de interrogantes en el diálogo digital. Si bien han existido distintos tipos de puja, por ejemplo, con los gremios, el colectivo LGTB, las universidades, esta nueva dimensión evidencia que la incontinencia presidencial puede alcanzar alguna especie de contratiempo en la materia de la que es experto“, analizó Nicolás González Perejamo, de la consultora Demokratia.
En otras palabras: hasta ahora, nadie dudaba del Milei economista. Pero este supuesto error no forzado lo dejó en posición adelantada en su propio campo. Habrá que ver si tiene un impacto en su imagen positiva.
El mensaje: no sacar los pies del plato
Otra de esas ironías es que Milei en las últimas dos semanas hizo visible el poder que tiene para echar de su espacio político a figuras libertarias sin ningún prurito. El mensaje no es tanto quién pone la cabeza sino quien baja y sube la hoja de la guillotina, la mano de Karina Milei. En la hermana del presidente se concentra la facultad de vigilar y castigar.
El efecto más visible de esta mecánica del poder es que nadie querrá luego cuestionar al presidente o contradecirlo, al menos, por el temor a quedar afuera del esquema de poder.
En Mendoza, Facundo Correa Llano -el hombre que detenta el sello partidario- ensayó una defensa sin muchos nutrientes y sin mención al Criptogate, pero haciendo hincapié en la caradurez del kirchnerismo.
“En Argentina, la corrupción y el oscurantismo quedaron atrás. Con Javier Milei, el gobierno es transparente, honesto y de cara a la gente. Los mismos de siempre intentarán embarrar la cancha, pero no nos desviamos ni un centímetro. El cambio ya empezó y no tiene vuelta atrás“, posteó el diputado nacional.
También el Partido Demócrata se arremangó sobre el teclado: “Aquellos que dejaron un país en la quiebra y al borde del colapso social, la doblemente condenada por el robo de Vialidad, los que aplaudieron los bolsos de López, los defensores de Boudou, los que se cargaron al fiscal Nisman y pactaron con Irán, los que se oponen a ficha limpia, hoy piden juicio político. El nivel de hipocresía por parte de los mismos de siempre es inaudito. Hoy, Javier Milei ha sacado a la Argentina del ostracismo para colocarla en el sendero del progreso y les molesta“.
La influencer libertaria Coti Bravi reaccionó así en X: “Tienen que rodar muchísimas cabezas“. Más gráfica fue la vicegobernadora Hebe Casado, cuando replicó a Cristina Fernández de Kirchner: “El kirchnerismo fue el peor ponzi de la historia. Fin“.
El problema es que ahora no pareciera haber más responsables políticos que el propio presidente. No hay Domingo Cavallo, ni Mariano de los Heros, ni Ramiro Marra ni Diana Mondino que valgan ni que pongan el cuerpo para el sacrificio político.
Gurúes, humo y una economía que aún no despega
La discusión pasa por si el presidente de Argentina cometió un delito o no. Mientras unos rechazan esa posibilidad o limitan su responsabilidad en el acto, varios especialistas coinciden en que fue una estafa, pero no con el esquema Ponzi, sino una llamada “Rug Pull”: el termino suscribe al tipo de fraude en el que los creadores de una criptomoneda se retiran del proyecto, pero se llevan los fondos que recaudaron.
A diferencia de otros episodios, es probable que este escándalo sea ajeno al común de los argentinos. Principalmente, porque se trata de un escenario nuevo cuya terminología no es tan accesible para cualquiera, el mundo cripto, a diferencia de algo más palpable como los precios en las góndolas.
En Mendoza, el uso de las criptomonedas tiene un interesante desarrollo. Hay quienes consideran que es la provincia donde más predicamento hubo para desarrollar este tipo de economía digital. Hay profesionales de ramas tecnológicas que perciben parte de sus salarios en esta versión del dinero, mucho más abstracto que el tradicional.
Y el Gobierno de Mendoza ha querido desarrollar estas nuevas herramientas que pueden dar ventajas en el manejo administrativo del Estado. Hace casi un año atrás, la Provincia organizaba la Vendimia Crypto: “Un evento único que fusionará la tecnología blockchain y las finanzas descentralizadas, con el vino y la gastronomía“. Incluso, la Agencia Tributaria Mendoza permite pagar impuestos con este tipo de unidades digitales.
Pero este fenómeno cripto se entrelaza a la vez con otra cuestión más vidriosa que es la proliferación de los llamado Ponzi Bro. Se refiere a esas figuras de influencers en redes sociales donde hacen ostentación de su estilo de vida para vender cursos. El esquema es el de la tradicional estafa piramidal. El ejemplo más paradigmático de esta época es Leandro Cositorto con su Generación Zoe.
En Mendoza también se han dado y, en algunos casos, han terminado con denuncias en la Justicia.
Esto ha desatado una fiebre desde hace años de “pegarla” en ese complejo mundo trader de gráficos, bolsas y acciones, en un país donde la inflación corroyó salarios y conoce la angustia de no saber dónde poner la plata mientras el poder adquisitivo pierde por goleada frente a los precios.
“Como sociedad atravesamos una cuestión que estuvo muy acentuada con la gran crisis de finalización del gobierno de Alberto Fernández, donde la gente apeló a soluciones mágicas o poco ortodoxas para ahorrar. Además la ludopatía como enfermedad social, son atajos económicos que se han consolidado en las expectativas de una clase media que no estaba viendo la solución en el trabajo“, consideró González Perejamo.
