Cada tanto, pero muy especialmente para la época electoral, reaparece con fuerza una afirmación temeraria y con tono de denuncia apocalíptica: Mendoza comenzará a envenenarse el día que se les regale el agua, que es del agro y la agroindustria, a las mineras.
Sin sorpresas, es un comportamiento de manual, esperado, y por supuesto que va acompañado de una u otra inversión en propaganda callejera siempre detrás de la siembra del miedo y la proliferación de inseguridades en sectores permeables a tales profecías infundadas.
La campaña que se avecina, a la que le hacen falta todavía algunas precisiones importantes tales como si se votará el mismo día que lo haga la Nación (26 de octubre) en elecciones concurrentes (con dos urnas: una para los cargos legislativos nacionales y otra para los provinciales), o no ya tiene de igual modo aquel condimento tradicional y característico.
La política asume para sí el derecho de utilizar cualquier arma para ganar el apoyo de los potenciales votantes a lo que dé lugar, cuando se está en una batalla franca por ellos, cada vez más escasos por la apatía que se evidencia para caminar hasta las urnas.
Como si se tratase de un todo vale, o del cumplimiento de la extendida máxima “el fin justifica los medios”, el delirio suele escalar a niveles insospechados, harto estimulado en las redes sociales en donde la regla no parece, es, difamar, agraviar, mentir, fabricar fantasmas de todo tipo lanzando predicciones y aseveraciones fantasiosas de dudosa confiabilidad procedencia.
Sobre el particular tema minero el daño que se busca infringir le apunta a toda la sociedad y a las generaciones futuras detrás de ese puñado de votos urgentes; votos que a algunos sólo les alcanza para renovar lo que se tiene extendiendo a lo sumo los beneficios personales.
Por caso, se niega la compatibilidad y correspondencia entre la agricultura con la extracción de cobre por ejemplo, cuando el mundo ha superado hace tiempo una discusión que en verdad y en la situación en la que se encuentra el país, atrasa varios años. Estos dirigentes y organizaciones que llevan adelante la campaña de demonización tienen, como se suele bien afirmar, todo el pasado por delante.
La situación económica y el estándar de vida de casi dos tercios de la sociedad, ha llegado a tocar niveles de precariedad más que inquietantes como para que Mendoza siga permitiéndose que quienes dicen hacer todo en su favor, la demoran.
Por lo que de una buena vez, como tantas veces se lo ha intentado, llega el tiempo de abandonar el lastre, el karma de esta suerte de trauma, cada vez menos visible hay que decir, que la ha empantanado por décadas.
La ciencia, la tecnología, los nuevos métodos que el mundo utiliza para la extracción de los minerales han demostrado la falacia de las denuncias y de los vaticinios lanzados con tono de auspicio cuasi religioso, fantasmal y misterioso. Si antes eran cuestiones merecedoras de atender, hoy ya no lo son. Por el contrario, todas las actividades económicas son complementarias y hasta funcionales entre sí.
El gobierno de Javier Milei tiene varios problemas por delante, mucho más visibles al perder el combustible con el que ha venido haciendo arder las pasiones de la grieta blandiendo el remoto retorno de Cristina Fernández de Kirchner, ya fuera de la carrera electoral por el caso de corrupción que la condenó a los 6 años de prisión y la inhabilitación perpetua para acceder a cargos públicos.
Al bajar la inflación, un objetivo que está consiguiendo en tiempo récord merced a un necesario ajuste que se ha expresado en 15 puntos del PBI y en más de 30 por ciento del gasto real de acuerdo con los datos del propio gobierno, el país necesita imperiosamente enfilar hacia el crecimiento de la producción de la actividad económica y de la mejora del poder adquisitivo de los salarios. Ahí está el punto de inicio de una demanda que caerá sobre Milei cada vez más visible y probablemente más molesta.
Hay que generar empleo y de calidad. Los últimos datos de marzo pasado relevados por el SIPA conocidos la semana pasada dan cuenta del golpe recesivo: 115mil empleos privados registrados menos desde que comenzó la reforma a todo el sistema, cuando arrancó Milei; 7.300 puestos perdidos en ese mes de corte. El sector público perdió desde el inicio del nuevo gobierno 58.210 y el personal de casas particulares vio escabullírsele 22.111 puestos. En total, la era Milei ha dejado a 200 mil personas sin trabajo.
Las provincias más afectadas han sido Santa Cruz (2,3%); La Rioja (1,7%) y Salta (1,5%). El informe sostiene que a las que les fue mejor han sido Formosa con un crecimiento del empleo del 0,7% y San Luis con el 0,2%. No hay mención a Mendoza que, según el gobierno de Alfredo Cornejo y de acuerdo con lo divulgado en el arranque de semana la provincia, ha resistido sobre la base de medidas propias tomadas por su administración.
La gestión provincial asegura que en el 2024 la economía de Mendoza creó 3.100 empleos registrados privados y que la suba interanual ha sido del 1,1%. Y aventura que en una mirada a largo plazo la situación es positiva frente a provincias como San Juan y San Luis que estarían –eso dice el informe– 5 puntos por debajo de Mendoza.
Textual, el escrito sostiene que “la matriz productiva de Mendoza ha logrado sortear con éxito el ajuste del 2024 mientras que nuestros vecinos cuyanos, Buenos Aires y otras jurisdicciones no lo lograron”. También no deja pasar la oportunidad de cuestionar a la oposición y “a parte del periodismo” por sus críticas “exageradas”.
