El bullying es un flagelo preocupante, que irrumpe desde hace tiempo en la cotidianidad de espacios educativos, deportivos, etc. y que además se ha extendido de forma alarmante a través de redes sociales utilizadas por niños y jóvenes en edad escolar bajo la forma denominada ciberbullying.
Este flagelo causante de mucho dolor, implica que una o más personas ataquen a otra de forma sistemática y sostenida en la cotidianidad, mediante manifestaciones de violencia psicológica o física o a través de ambas formas al mismo tiempo.
Desde el inicio de los tiempos han existido entre quienes interactúan manifestaciones de desprecio, burlas, denigración, maltrato, las llamadas popularmente piñas o golpizas, las bofetadas, los pellizcos, las tirada de pelo, en resumen: “la violencia” en sus distintas formas, manifestaciones que además han sido y son penosamente naturalizadas por muchos individuos y hasta aplaudida por tantos otros.
¿Quién no ha recibido a lo largo de su vida alguna manifestación de violencia?
¿Quiénes no hemos sido testigos de violencia al escuchar frases tales como?
-¡Los chicos son así, se pelean y después se arreglan! -¡Es un chiste lo que quiso hacerle, no es para tanto! -¡Ese chico es muy sensible, quizá tenga problemas en su casa! – ¡Loco! ¡No es para tanto, con mis amigos nos tratamos así y no pasa nada! -Que se avive, si no, quién se va a hacer amigo de él o ella. -¿Tenías algo más feo para ponerte? -¿Me molesta tu cara, la podés cambiar por otra? – ¡No me mires, me molesta tu mirada! y tantas otras expresiones dañinas.
Muchos de nosotros observamos lo complejo que le resulta a los niños o jóvenes comenzar a transitar la experiencia de sociabilización, a vincularse con sus pares en la escuela, el club u otras instituciones en los primeros tiempos, muchos de ellos empiezan y transitan ese camino de vincularse con sus pares con timidez, miedo, inseguridad, sensaciones que pueden o no estar provocadas, entre otros motivos, por la “no presencia de la familia” en dichos espacios, por “la carencia de su protección”, es enfrentarse al mundo como individuo, sin el acompañamiento del núcleo familiar al que estuvieron acostumbrados en la primera infancia, ya sea en casa o en actividades fuera del hogar con miembros de la familia.
Es en la etapa de escolarización cuando se suscitan los primeros encuentros con otros, desde el propio proyecto de vida (estudiantil, deportivo, etc.), desde su propia personalidad .Sea por lo que sea ese sentimiento atemorizante, esa sensación de enfrentarse solos -por así decirlo- al mundo, trae aparejado sensaciones de apabullamiento o temor en muchas ocasiones y los sitúa en el desafío de cómo encajar en esta nueva experiencia social. Tal vez muchas veces se planteen en su subjetividad, de forma consciente o inconsciente, interrogantes tales como los siguientes:
-¿Cómo debo actuar frente a esos pares?
– ¿Cómo hago amigos?
-¿Qué debo hacer para simpatizar con estos otros que recién conozco?
-¿Cómo puedo sentirme seguro ante este nuevo escenario?
Muchos de los que estamos leyendo este artículo, pudimos transitar ese momento inicial de sociabilización, ese comenzar a tejer la red vincular de manera relativamente armoniosa, valiéndonos favorablemente de nuestras propias herramientas y hasta pudimos aprender con otros y de otros a entender y valorar las reglas de la sociabilización bien entendida.
Pudimos desarrollar nuestra personalidad estrechando vínculos sanos en la medida que no tuvimos que padecer agravios gratuitos, desprecios sin fundamento, ataques físicos injustificados, en fin, formas de violencia de ninguna índole sostenida en grandes períodos de tiempo y sin merecerlo.
Seguramente atravesamos confrontaciones, recibimos alguna burla, nos habrán ridiculizado en algún momento, pero con suerte todos fueron de alguna manera pesares esporádicos que supimos procesar y que hasta nos dieron la posibilidad de fortalecer nuestra autoestima y desarrollar estrategias personales para defendernos en los casos y momentos que fuera necesario, entendiendo y tomando como forma de vida el respeto y la empatía que deben prevalecer en todo vínculo a lo largo del vivir.
Ahora bien, los invito a imaginar el dolor, el deseo inmenso de ser invisible, la angustia permanente, el sentimiento de impotencia de quien cada mañana, tarde o noche que asiste a la escuela o a otra institución es víctima de bullying.
Imaginen el padecimiento psicológico de ese niño/a o joven que sufre un ataque continuo y sistemático y cómo esa situación va haciendo mella, calando y devastando su alma. Este flagelo que se da en un vínculo entre pares va determinando no sólo la personalidad en construcción de quien es agraviado y herido periódicamente, sino también de quien lo infringe, porque el que daña, lo hace porque también está dañado, nadie nace peleando, ni pretendiendo hacer daño porque sí, es una conducta aprehendida, no es natural como la lluvia, puede deberse a emociones tales como el resentimiento, la inseguridad, la frustración, el desamor que haya tenido posiblemente que atravesar en su vida, lo que haya dado motivo a necesitar herir, a tener esa conducta dañina.
Dimensionemos entonces las consecuencias de los permanentes impactos negativos en la subjetividad debido a esta nefasta forma de vincularse, de cómo se va hiriendo la autoestima de la persona atacada y cómo se va deformando la autoestima de la persona que ataca, cómo se obstaculizan sus formas de relacionarse sanamente y el gran esfuerzo que pueden llegar a requerir para poder reparar lo que debió ser un saludable proceso de sociabilización, proceso que puede llevarles días, meses, años o toda la vida, proceso que debería estar guiado y coordinado con ayuda terapéutica, la cual deberá ser operativa y pertinente para poder llevar a cabo la elaboración de tanto sufrimiento innecesario y la recuperación de la capacidad de vincularse desde lo positivo.
Dicho proceso, puede exigir de los sujetos involucrados grandes esfuerzos para desprenderse de la sensación de dolor y del estereotipo en que se fueron posicionando dentro de esta contradicción “acosador-acosado”, contradicción que seguramente irá dejando o dejará huellas de asfixia y trauma en lo que respecta a la construcción de la personalidad.
Entonces, habiéndole conocido un poco el rostro a esta nueva forma de dolor llamada “bullying” o dentro del ámbito de las redes sociales, denominada “ciberbullying”, comprendemos que se trata de un devenir trágico que cala el alma. Nuestro compromiso para erradicarlos debe interpelarnos, aunque no nos haya tocado la tristeza de vivirlo en carne propia, ni esté trastocando las emociones de un miembro de nuestra familia.
La tarea de prevenir este flagelo debe urgir como necesidad de todos los que formamos parte de la sociedad, desde cada pequeño o gran lugar, desde cada efímero o profundo momento, debe sentirse como una obligación cotidiana.
En estos tiempos actuales donde el concepto de pandemia se ha hecho tan tangible y donde a diario podemos visualizar estrategias para resguardar la vida, es imperioso también luchar por y desde la salud mental contra esta “pandemia de hostigamiento denominada bullying”, para que no cruce ni atropelle la existencia de más de nuestros niños/as y jóvenes.
El bullying, “pandemia que enferma el alma”, prescinde de la invención de vacunas, por ende, depende de cada uno de nosotras/os trabajar en conjunto para que desaparezca. Concientizar sobre cómo azotan a muchas/os de nuestras/os chicas/os estas nuevas formas de dolor y transmitir valores en cualquier momento y lugar para terminar con tal azotamiento, está al alcance de cualquiera de nosotros, cualquiera que entienda que todos tenemos derecho a existir, a ser parecidos, a ser diferentes, a ser genuinos, a “vivir tranquilos/as”, a convivir en paz. La tarea debe ser en conjunto, siempre con otros, la grupalidad y la necesidad de transformar la realidad en un espacio dignificante, son las bases necesarias para vivir en este “mundo que se pone un tanto cruel y frío a veces” y llevarlo para el lado de ese “mundo agradable” por los que muchos/as seguimos apostando.
Andrea Bustos
Psicóloga Social y docente Miembro de ABUME
