Hay una polvareda muy densa que no deja ver una serie de movimientos políticos previos al armado electoral del año próximo, que resultan muy interesantes para saber y conocer cómo se prepara la maquinaria puesta al servicio de cada uno de los proyectos. La polvareda es la que ha provocado el atentado a la vicepresidenta Cristina Fernández, el posterior intento de victimización para ganar en centralidad y la adhesión de voluntades y los ensayos que han trascendido para que entre ella y el ex presidente Mauricio Macri se elabore un mínimo acuerdo de bases fundacionales de lo que viene de ahora en más.
Cuando se deja asentar algo de la nube de todo el polvo que ha producido aquello, aparece lo que se sabe: que Omar De Marchi se activó y para fines de noviembre presentará en sociedad su programa para Mendoza con cuatro ejes básicos. De ahí a que juegue fuerte para obtener su candidatura a gobernador será otra historia. Incluso, descifrar, en verdad, qué es jugar fuerte. Se verá, pero de lo que no hay dudas es de que sus críticas lacerantes al Gobierno –como la ausencia de un liderazgo sano y de un plan– y a sus proyectos de reforma institucional –como el de la Constitución que el líder del Pro rechaza de plano– y del funcionamiento de la Corte para el que intentará imponer sus condiciones son mucho más impactantes que las que se le hacen desde fuera al oficialismo.
Cuánto de todo lo que ha comenzado a activar De Marchi terminará afectando la vida interna del frente gobernante no se sabe a ciencia cierta. Pero los radicales, específicamente, tienen claro que si Alfredo Cornejo decide volver a por todo en la provincia, es el único que puede imponer condiciones y empujar a que cualquiera que hoy esté intentando elaborar un proyecto de gobierno propio desista. Cornejo ordena todo hacia abajo, por eso es que Rodolfo Suarez, el gobernador, milita por su vuelta a la provincia, además de que eso le abriría las puertas a completar el mandato que le resta en la senaduría nacional. Hoy parecen ser muchos más los que instan a que el senador deje el plano nacional de una vez por todas, que deje de lidiar con la interna nacional para bajar al territorio provincial y asegurarlo, según creen.
Cornejo maneja los tiempos y si bien sabe que en la nación no mide lo suficiente, que quienes marcan el pulso son Gerardo Morales, Facundo Manes, Horacio Rodríguez Larreta, entre otros y que viene de atrás, decidirá a última hora el retorno a un ambiente que ya no quiere.
Pero si Cornejo, el que se muestra junto a Patricia Bullrich como el consorte ideal de un sector de los halcones, se queda, pese a todo, en la nación, ya fuese como arte de la fórmula opositora nacional en caso de que llegara al poder o como funcionario siempre y cuando sucediese lo mismo, en Mendoza se abre una competencia que tiene que tener a sus contendientes preparados y aceitados. Quizás el dirigente más interesado de todos sea Daniel Orozco, que desde Las Heras ha dicho que peleará por la candidatura a gobernador y que no se bajará por nada, salvo por la vuelta de Cornejo. Y, de no regresar el senador nacional, está claro que también irán por lo suyo Tadeo García Zalazar, desde Godoy Cruz, o Ulpiano Suarez, desde Capital.
Si lo del oficialismo pareciera verse intrincado en medio de la niebla, ni hablar de lo que sucede en el peronismo. La vida interna del PJ hoy está dominada cien por ciento por el camporismo de Anabel Fernández Sagasti y Lucas Ilardo, pero, sobre todo, por Carlos Ciurca, algo así como el arquitecto en el territorio provincial de la estructura de la que se sirve la organización K; un entramado de contactos y vínculos que se aglutina y ordena bajo los efectos del poder camporista para subir y bajar candidatos y designar funcionarios del nivel nacional en la región tales como los de la Anses, el PAMI y el INV, entre los más emblemáticos. Ha sido tan osado lo de Ciurca, que con su estilo bonachón y eterno amigo le ha logrado arrebatar unos cuantos legisladores al kirchnerismo puro y hasta dos intendencias que le responden, lo que le ha provocado algún ruido en la relación con Fernández Sagasti y compañía. Pero nada serio, nada como para romper algo que les está funcionando.
En el peronismo tradicional, el de los intendentes, dicen que ante ese pan con dulce y manteca que se les ofrece a las hormigas hambrientas, poco se puede hacer. Con lo que es tan raquítica la porción de poder que controlan que les resulta imposible, por ahora, competir con éxito frente al camporismo. De ahí que los recursos y las cajas en manos de los que se consideran los naturales descendientes de la otrora “juventud maravillosa” hoy marcan el ritmo interno y externo, como se ve, del peronismo.
Frente a una situación tan adversa, en donde el peronismo no se puede reconfigurar, ahogado por un kirchnerismo que Mendoza repele, son pocos los que quieren entregar su cabeza como candidatos a la Gobernación. Ilardo sabe que no es del gusto y paladar del mendocino, lo reconoce en la intimidad; Fernández Sagasti conduce en Mendoza, manda, es la jefa, pero su destino está en la nación: en ese escenario, cerca de Fernández de Kirchner, consigue abrigo, contención y futuro. Ninguno de los intendentes no K (Roberto Righi, Matías Stevanato, Emir Félix y Martín Aveiro) querría prestarse para enfrentar a Cambia Mendoza, más si deciden desdoblar las elecciones en sus municipios para asegurarse y retener sus dominios. Es Ciurca, sin embargo, de entre todos los dirigentes protagónicos del peronismo, el que ofrece un candidato disponible. En los corrillos menciona a Martín Hinojosa, el titular del INV, y con eso cree ganarse el derecho, una vez más, de decidir por las candidaturas de hasta el último concejal de las listas en aquellos departamentos donde el peronismo no gobierna, es decir en 12. Y en los 6 restantes, Ciurca, La Cámpora, el kirchnerismo, tienen la posibilidad de armarles un equipo de adversarios a sus intendentes, en especial a los cuatro no K porque con Santa Rosa (Flor D’Estéfanis) y La Paz (Fernando Ubieta), la agrupación que responde a Fernández de Kirchner parecería tenerlo todo bajo control. Pero, otra vez, el roce por Hinojosa, un dirigente que sabe que puede ser sacrificado en las elecciones. El entorno de Fernández Sagasti asegura que el titular del INV es de su propia factura; que fue Anabel la que lo propuso, incluso, en Buenos Aires y que ha sido ella la que habría conseguido financiamiento para su campaña. “Hinojosa es cien por ciento de Anabel”, repiten.
¿Y qué buscan, entonces, los intendentes que no tendrán la posibilidad de ser reelectos si no quieren poner el cuerpo para una candidatura a gobernador que avizoran, con razón, que será una causa perdida? Todos están detrás de una banca accesible de diputado nacional. Además, todos coinciden en que para encabezar una fórmula a gobernador hay que conseguir los recursos para la campaña que hoy resultan escasos. Los K, ya se sabe: o bien se reconocen no aptos para el paladar mendocino y/o están atraídos por la escena nacional. Sin embargo, el que se decida inmolar –como Hinojosa o cualquier otro– sabe que a final del recorrido tendrá su paga. Un ejemplo es el de Rodolfo Gabrielli: cuando el Rolo se animó a enfrentar al kirchnerismo en la provincia, lo llamó Alberto Fernández, por entonces en su rol de candidato y seguro ganador de la elección contra Cambiemos, para hacerlo desistir y dejarle el lugar a la hija política dilecta de Cristina, Anabel. El Rolo le hizo caso, se bajó y hoy sigue al frente de la Casa de la Moneda, lo que para el mundo político no deja de ser un reconocimiento, pero para el particular universo del peronismo, una “lealtad” que bien se paga.
