Antes de dejar los actos oficiales de la Vendimia para viajar al exterior, algunos minutos después de que terminaran los discursos de rigor en el acto de la Coviar, en el Hyatt, Alfredo Cornejo no se privó de castigar a José Zuccardi, el presidente de la entidad y de marcada comunión con el peronismo gobernante en la Nación. “Ya lo tengo recontra hablado con Zuccardi; a diferencia de los K, yo no hago relato y digo lo mismo en privado que en público. Cada vez que viene un gobierno nacional peronista, son muy benévolos con el discurso. Cuando viene un gobierno que no es de su simpatía política, le reclaman todo”, dijo el senador nacional y ex gobernador en declaraciones a los medios y que en esos términos reflejara este diario, el mismo sábado de los festejos.

El encono de Cornejo con Zuccardi y con el grueso de la dirigencia gremial y política de la Coviar es de vieja data y de naturaleza puramente ideológica. Cuando Cambiemos dejó el Gobierno, hacia fines del 2019, y el peronismo retornó al poder, Zuccardi casi estrenaba su cargo de titular en la corporación. Y en la vendimia del 2020, la que marcó el inicio, además, de la pandemia de coronavirus, el bodeguero fue particularmente duro en el diagnóstico de los problemas del sector, culpando de buena parte de aquellos males –muchos todavía, o en su mayoría, vigentes– a la gestión de Mauricio Macri, que acababa de dejar el Gobierno nacional.

“En el 2018 y el 2019 hubo cosechas normales, pero las tasas de interés de 70 por ciento determinaron la caída estrepitosa de los precios de la uva y del vino. Ninguna actividad productiva resiste este nivel de tasas de interés. La situación de los productores es desesperante, especialmente para aquellos no integrados. Ellos son el eslabón más débil de la cadena”, dijo Zuccardi exactamente dos años atrás, en el discurso que marcaría el arranque de su presidencia en la Coviar.

En los actos del año pasado, con el clásico desayuno de la entidad desplegado al aire libre, en los jardines del INTA, en un contexto de pandemia absoluta y con el presidente Alberto Fernández presente, el empresario apelaría a un discurso componedor y complaciente con la Nación, a la que le agradecería los incrementos en los reintegros a las exportaciones de vinos y mostos. También hablaría de “la construcción de equilibrios” dentro de la cadena, tanto de costos como de ingresos para los protagonistas de la industria, y, sobre todo, pondría el énfasis en la institucionalidad, en la buena relación del Gobierno con la corporación y en un tono más que conciliador pediría por la ley de jugos naturales y por la ejecución del Proviar 2, que recién se ejecutarán, posiblemente, este año, cuando estén disponibles y bajo el control del INV.

Quizá, Cornejo –y puede que todo el Gobierno provincial–, además, haya esperado palabras más firmes y críticas por parte de Zuccardi hacia el Gobierno nacional, responsable de la macroeconomía a la que el gobierno de Rodolfo Suarez le apunta cada vez que se le señalan las dificultades de la economía en Mendoza, más allá, claro, de las particularidades de la vitivinicultura. Zuccardi prefirió aprovechar sus minutos para reclamar algo para lo que ya sabía que el Gobierno nacional no tendría respuestas: la eliminación o al menos una disminución de 4,5 por ciento de retenciones a las exportaciones.

Sin embargo, cuando Zuccardi se dispone a hablar con tiempo y a fondo de las dificultades de la industria no se ha privado de marcar con énfasis algunos de los problemas más serios y visibles que padecen. Allí están el tipo de cambio, la inflación y la ausencia de crédito para los pequeños productores. El titular de la Coviar reitera, cuando puede, que con el tipo de cambio actual no hay forma de promover exportaciones redituables y en gran número. Se ha quejado de la situación a la que se enfrenta el industrial: costos superiores al 50 por ciento y un dólar atrasado que no acompaña el proceso. A eso le suma el incremento en otro de los insumos básicos, como la botella –que, según dice, subió 80 por ciento–, además del cartón para las cajas.

Pero, quienes la pasan mal, ciertamente, en la industria, como ha sucedido por siempre, son los pequeños productores. Y no siempre sus reclamos son escuchados, ni mucho menos reflejados. Son parte del eslabón más débil, claramente. Un informe reciente de Coninagro difundido durante el fin de semana, da cuenta de que casi 85 por ciento de los productores accede poco y nada al financiamiento.

Pero hay un dato mucho más intrigante que surge de un relevamiento que la entidad que conduce Carlos Iannizzotto tiene en pleno proceso de elaboración. Se trata del estado de agotamiento que domina y marca el ánimo de los productores. El número es estremecedor, por caso: 42,3 por ciento de los relevados dice sentirse “agotado”; 30 por ciento, “muy agotado” y 23,5, “entusiasmado”.

El panorama, como está visto, no es bueno. Se trata de un estado de situación que contagia la desesperanza, la angustia y la impotencia de un sector de toda la industria al que los beneficios y derrames, cuando existen, le llegan a cuentagotas. En un entramado, como bien dice la Coviar, “diverso” y que extiende su presencia a 18 provincias, con 17.000 productores, 23.699 viñedos y 214.798 hectáreas en producción. Para nada poco.