“Los discursos del 1 de mayo son más bien un balance de lo hecho, y yo lo que quiero es proyectar el futuro. De tanto mirar para atrás se ha perdido la esperanza de la gente y yo se la quiero devolver y a todo esto se suma tanta consigna de mala onda existente en las redes sociales”, dijo Alfredo Cornejo en el arranque de la semana, cuando se le consultó sobre lo que tiene preparado para decir en la Asamblea Legislativa de mañana, para cuando deje inauguradas las sesiones ordinarias de los diputados y senadores provinciales.
No hay magia a la que apelar, ni tampoco el ciudadano estaría dispuesto a tolerar promesas vacuas como las que aseguran que “los tiempos buenos son los que están por venir” sin dar pistas concretas, palpables, de lo que se está hablando.
Ese tiempo parece haber quedado atrás. No hay espacio. O al menos el signo que describe el momento en la Argentina, ese que se ha comenzado a transitar con el acceso al poder de un libertario como Javier Milei, que ha roto todos los esquemas y los moldes usados por la política tradicional en el país.
Lo que viene tiene que estar atado a la descripción de un camino con nombre y apellido y una dirección concreta. Milei lo está consiguiendo con un ajuste brutal y el control de la inflación vía el estrangulamiento de los ingresos y del consumo de los argentinos sometiendo a la economía a un proceso de recesión a niveles mínimos. Lo ha logrado, en resumen, con un anti discurso electoral que rompió con todo lo conocido y lo que aconsejaba el modo analógico para seducir a los votantes, y lo más llamativo: lo alcanza con el cumplimiento de cada una de las sesiones de látigo más látigo que advirtió había que soportar para contar, más adelante, con una luz al final del camino. Y Milei en eso está, con sus pros y sus contras.
El discurso ante la Asamblea del gobernador llega para esta oportunidad con las mismas expectativas de siempre, las que se asientan en descubrir la traza que tendrá en términos generales el rumbo del gobierno, y con qué herramientas.
Cornejo pretende, además de aquello, reavivar la esperanza colectiva, encender al menos algo de una épica perdida en la provincia y que solía habitar en épocas de desarrollo y fuerte empuje económico. Y es probable que desde mañana, e imaginando lo que le queda de gestión, un poco más de dos años y medio, se concentre en tres aspectos de la economía mendocina, no más, que sostendrían ese dejo de esperanza al que quiere que se aferre la ciudadanía.
Pasan por la vitivinicultura, el petróleo no convencional con el gas y la energía limpia y lo que viene de la mano de la minería metalífera. Todo vinculado, según se puede intuir, al aumento exponencial de las exportaciones de tales productos porque de lo contrario el plan imaginado a mediano y largo plazo luciría incompleto.
El plan de Cornejo le dedica un párrafo preponderante a la responsabilidad de los privados. Si no se involucran, dice, no pueden esperar nada del Estado. Involucrarse, según su mirada, es apostar y asumir el riesgo en un contexto general, con el que sueña su gobierno provincial, de una estabilización económica nacional y una macro economía ordenada.
Las exportaciones de Mendoza reflejan ventas por 1.601 millones de dólares en el último año. El vino representa un 41 por ciento del total, con 660 millones de dólares que ingresaron vía colocaciones hechas en Estados Unidos (el primer comprador del producto insignia del país y la provincia), en Reino Unido y Brasil. Los productos vendidos afuera que provienen del sector petróleo, básicamente algo de combustibles y petróleo en sí mismo, apenas supera los 34 millones de dólares por año, representante un 2 por ciento del total.
Los datos son oficiales, de la agencia de exportaciones que tiene la provincia, ProMendoza. Por eso se entiende la búsqueda de un gobernador obstinado en presentarles a los mendocinos un horizonte promisorio a descubrir potenciando ambos sectores que, según cree, se beneficiarían con el ordenamiento de la macro economía que busca el proceso de medidas y reformas encarado por Milei.
La minería es otro aspecto que podría ser considerado en el discurso de este jueves por lo que implica en el plan de crecimiento y desarrollo que encabeza éste, el segundo gobierno de Cornejo. La minería no tiene real incidencia en la economía provincial. Pero el último informe anual del IERAL la coloca como uno de los tres sectores que lograron romper con la caída de un 2024 muy crítico. La minería creció 1,2 por ciento tomando como base el PBG que es de 15.822 millones de dólares. El agro fue el sector al que mejor le fue el año pasado con un crecimiento del 24,3 por ciento, seguido por la industria con un 5,8 por ciento.
La electricidad y el gas –subsectores desprendidos del área del petróleo y la energía y a los que aparentemente apuntará el gobierno para lo que viene–, participan con un 2 por ciento de la producción provincial, mientras que entre el comercio y los hidrocarburos los que se reparten la supremacía económica mendocina con un 17 por ciento cada uno de la generación de riqueza. Así y todo, ambos vienen de protagonizar años de caída a tono con la debacle nacional: el comercio lo hizo en un 8,4 por ciento, por ejemplo, pero no fue el peor de todos, siendo la construcción la que ocupó y representó el primer lugar de la decadencia con el 16,4 por ciento de caída.
La radiografía de la Mendoza conducida por Cornejo y que preside este nuevo discurso anual ante la Legislatura, se completa con otros datos interesantes que dan cuenta de su dimensión nacional: todo lo que produce representa el 3,5 por ciento del PBI nacional; el ingreso per cápita asciende a los 7.800 dólares anuales; somos los primeros productores y exportadores nacionales de vino, ajo, durazno, orégano y ciruela y nuestros principales compradores se reparten entre Brasil, Estados Unidos, Chile, Gran Bretaña, Uruguay, Canadá, México, España, Países Bajos y Francia.
