Liderado por dos hermanos emprendedores, el local ubicado en la Galería Charif apuesta por la focaccia rellena como protagonista. Se trata de Panzzo, un espacio que ofrece comida al paso de calidad.
En San Martín casi Peatonal -donde el ritmo de las oficinas y el comercio marcan el pulso diario- el proyecto surge de los Calderón que, como trabajadores del centro, analizaron el consumo diario de la zona.
“Elegimos la focaccia porque nos permite trabajar con procesos artesanales como fermentaciones largas, una miga aireada y corteza crocante, logrando un producto que se adapta perfectamente a la agilidad que exige el centro”, explican Yael y Franco Calderón.
Y añaden que “los dos nos involucramos en todo el proceso, desde el desarrollo de las recetas y la elaboración del pan hasta la atención diaria, y creemos que eso se refleja en el producto final”.



Equilibrio entre lo artesanal y lo automático
Uno de los grandes diferenciales del negocio es su capacidad de gestión a la hora de marchar los pedidos. Ante las filas en horarios pico, los hermanos implementaron un sistema inspirado en las grandes cadenas globales, pero aplicado a un producto del día.
“Trabajamos con una lógica de producción estandarizada que nos permite automatizar el armado, sin perder la calidad artesanal. El cliente busca comer rico, abundante y rápido, y nosotros diseñamos la cocina para que esa promesa se cumpla”, señalan.
Esta eficiencia permite que cada focaccia -fresca y elaborada cada mañana- mantenga el mismo estándar, ya sea para un empleado de oficina en su hora de almuerzo, un turista o el público más joven atraído por una propuesta diferente.
Sabores con nombre propio
La carta de Panzzo es acotada pero contundente. La estrella es el “Crudipanzzi”, focaccia de romero y tomates cherry rellena de jamón crudo, stracciatella, pesto de albahaca, nueces, rúcula y tomate. No se queda atrás el “Boompanzzo”, un sándwich en pan ciabatta de bondiola mechada al Malbec con provolone flambeado en vivo.




También ofrecen opciones veggie y una de mortadela con pistachos, así como cervezas artesanales. Con un precio unificado de $12.500, la propuesta se posiciona como “comida al paso de calidad, simple, bien hecha y al alcance de todos”, explican los Calderón.
Un modelo con visión de futuro
Aunque hoy el foco está puesto en consolidar la plaza de la Galería Charif, Panzzo está pensado desde su origen como una estructura ordenada y replicable, lo que abre la puerta a un crecimiento futuro.
“La estandarización de procesos, la automatización de la cocina y una marca sólida nos permiten pensar en nuevas aperturas sin comprometer la calidad. La idea es crecer de manera responsable. No se trata de reemplazar la oferta tradicional de sándwiches, sino de sumar opciones con otros tiempos y texturas”, concluyen sus creadores.
El local abre de lunes a sábados, de 12 a 16 y de 17 a 23.
