En una cocina con piso de cemento en el barrio Corredor Urbano, vecinos comienzan a preparar en ollas de gran tamaño el guiso que le servirán el sábado a unas 200 personas de esa y otras barriadas aledañas en Godoy Cruz.

A tres cuadras del lugar, en tanto, chicos, de entre 9 y 18 años, se calzan los guantes de boxeo y golpean duro a las bolsas colgadas en el techo de un garaje. Más tarde, esos mismos voluntarios les acercarán la merienda que, para algunos de ellos, será la única comida nutritiva del día.

Amigos y familiares de La Doga llevan adelante el comedor.

Los ganchos hacia el saco los lanzan con más ímpetu que técnica y con el deseo de salir adelante. Todos siguen las enseñanzas de Vivi “La Doga” Corzo, también conocida como la “Tía Doguita”, la ex boxeadora que murió en 2021 y que, hasta el último round contra el cáncer de hígado, luchó por cambiar la realidad de la zona: creó una escuela de boxeo para sacar a los niños de la calle y un comedor comunitario para alimentarlos.

“La partida de La Doga no fue fácil. Quedé en la lona”, comentó Jesús Sombra, atreviéndose a poner en palabras su tristeza. Fue pareja de la púgil, que falleció a los 52 años, y con la cual compartió la mayor parte de su vida y crió 13 hijos. 

El garaje de Mirta se convirtió en un gimnasio.

Pese a la gran pérdida, con la ayuda de sus amigos y familia- incluso una de sus hermanas se hizo entrenadora- Jesús volvió a servir comida y a abrir las puertas de La Dog Box para continuar el legado de su esposa e inculcarle a chicos y jóvenes valores como el sacrificio, la concentración y el respeto a través del deporte.

El objetivo inmediato es edificar un salón de usos múltiples (SUM) en la parte de delantera de la vivienda donde funciona el merendero para armar el gimnasio, pero para esto no sólo necesitan dinero, también materiales de construcción y elementos propios de la disciplina como guantes y colchonetas.

“La actividad la hacíamos en la calle, pero desde la Municipalidad nos dijeron que no se podía. Así que tuvimos que meternos al garaje de mi hermana Mirta”, recordó el hombre.

En el lugar los chicos aprende disciplina.

Cada vez más familias necesitadas

El comedor – Merendero Tía Doga está ubicado en calle Salta y Los Aguaribay, en la casa de Jesús, donde unos quince voluntarios colaboran en la elaboración de los alimentos que llegan a través de donaciones.

Cada sábado, una multitud se amontona en la esquina esperando con sus contenedores plásticos el turno para llevarse porciones de guiso, tallarines o estofado. 

Se requieren unos 14 kilos de carne o pollo o dos bolsones cargados de fideos para cubrir la demanda que es cada vez mayor por semana.

Los voluntarios quieren terminar de construir el salón de usos múltiples.

“Comenzamos con nada, cuando nadie nos ayudaba. Hace ya unos 13 años”, señaló Jesús recordando cómo, después de sufrir un accidente a los 26 años que la alejó del ring, su pareja decidió volcar sus conocimientos para ayudar a la gente. 

Sus acciones, de hecho, llegaron a los oídos de Alejandra “Locomotora” Olivera, quien le brindó su apoyo y amistad.

“Vivi también contenía a mujeres que eran víctimas de violencia de género”, agregó Carlos Galisteo, hombre vinculado a los movimientos sociales que colabora con ellos, al referirse a La Doga como figura clave en la transformación del barrio. No sólo les brindaba un refugio, también les enseñaba a defenderse. 

Samuel entrena en La Doga y quiere ser un campeón.

Un pequeño garaje, el refugio

Siguiendo por calle Salta, en el garaje de la casa de Mirta, la hermana de Jesús, entrenan habitualmente unos 20 chicos, pero las últimas semanas, algunos dejaron de ir para dedicarse exclusivamente a estudiar.

“Les he creado una disciplina, si no terminan la escuela no pueden seguir”, dijo Mirta, quien es la primera en ponerse las manoplas para marcarles el ritmo.

Tras el fallecimiento de su cuñada y para no dejar caer su proyecto, realizó el curso de entrenadora que la habilita a dar clases.

Mirta en pleno vendaje.

“Yo era aficionada, los acompañaba, pero no me terminaba de enganchar con el boxeo”, dijo la mujer, quien muestra orgullosa su carnet habilitante de la World Puglism Commision (Comisión Mundial de Pugilismo).

Las clases son todos los días, de 19 a 22, y el lugar se volvió una vez más el espacio de contención de los menores de la zona. Se encuentra afiliado a la Federación Sureste del boxeo mendocino.

 “Ellos reciben su merienda, que se convierte en una cena para algunos y luego de entrenar se quedan porque es ‘su lugar’”, dijo Mirta.

Mientras golpean a la bolsa se escuchan las directivas que se dan entre ellos, a la par que repiten la palabra “pasión”, para explicar lo que sienten cuando gastan energía.

Guada es una de las niñas que encuentra en el boxeo su lugar en el mundo.

Si bien resuenan en el gimnasio nombres como Chino Maidana, Locomotora Olivera, Brian Castaño o Canelo Álvarez, los niños aseguran que quieren trazar su propio camino.

La familia Sombra, en tanto, sostiene que para esto, necesitan seguir creciendo y lograr tener un espacio con todas las comodidades para contener mejor a los niños y jóvenes desde lo social y lo deportivo.

“Nuestro deseo es lograr terminar el SUM. Una de las metas es dar clases de defensa personal para mujeres, para que se sientan más seguras y logren defenderse de situaciones cotidianas”, concluyó Mirta, quien pidió a las personas que quieran colaborar con la causa comunicarse a través de las redes sociales de La Doga .