Aymará Videla tiene 20 años y es la única mujer que trabaja en el taller de una empresa metalúrgica en Mendoza. A la par de cualquiera de sus compañeros manipula maquinarias, suelda piezas y ensambla engranajes mientras se quema el cabello con las chispas y termina el día con las manos engrasadas, según destacaron los mismos metalúrgicos.

“Al principio pensé que iba a ser complicado hacer algo así porque a priori se piensa que una mujer no puede, no tiene fuerza… Pero todas podemos. La mujer que dice que no puede es porque no quiere”, sostuvo la joven que desde niña tuvo en claro su futuro.

Confesó que nunca vio aquella película icónica de los ’80 donde una chica de 18 años se ganaba la vida como soldadora en una fábrica rodeada de hombres para  perseguir su sueño de bailarina.

“También hacía danza, pero mi sueño es tener una empresa llena de mujeres obreras”, bromeó sobre el film Flashdance protagonizado por Jennifer Beals.

Actualmente, unas cuarenta mendocinas se forman para ser soldadoras, pero Aymará es la primera que ingresó a una fábrica y se desempeña, entre otras tareas, en uno de los puestos de alta demanda de la industria metalúrgica. 

De acuerdo con un relevamiento realizado en 2020 por la Comisión de Equidad, presidida por Monserrat Bahamonde, de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de Mendoza (Asinmet), en la provincia no existía ni una sola mujer en los talleres con una herramienta en la mano. Pero esta realidad cambió en abril de este año con la incorporación de Aymará a la empresa SurTécnica, de Guaymallén.

“Me sube la autoestima saber que soy la primera. Me encanta el taller. Yo quiero ser esto, creo en mí. Si el 99,9% de las personas que tienen este oficio son hombres, todos los días me levanto con más pilas al saber que yo puedo”, indicó la chica al referirse a su rol como puente para que otras trabajadoras se sumen al sector.

La importancia de las escuelas técnicas

Si bien su padre tiene un taller de chapa y pintura de autos en Maipú, sus conocimientos provienen de la escuela Ingeniero Guillermo Villanueva donde se recibió de técnica electromecánica.

“Tengo dos hermanos, pero yo era la que siempre quería ir al taller con mi papá. Me guardaba las herramientas y luego me ponía a jugar con ellas en mi habitación”, recordó.

La elección de la Secundaria llegó por casualidad, ya que consiguió el banco porque uno de  sus hermanos se cambió de establecimiento, al segundo día sintió que era su lugar.

Nunca me molestó la presencia de los hombres, no me hace sentir menos. Al contrario, me gusta que vean y entiendan que una mujer puede. En el Secundario también éramos muy poquitas las chicas”, dijo.

De hecho, la frase “Girl Power” (poder femenino) la lleva tatuada en su cuerpo. Se trata de un  eslogan que alienta y celebra el empoderamiento de las mujeres, su independencia, confianza y fortaleza. 

Con esa misma entereza decidió un día presentarse en la empresa donde trabajaba un amigo suyo y pedir trabajo con su título bajo el brazo.

“Me sentí con todas las habilidades suficientes. Fui, me entrevistaron, me mostraron el taller y comencé a la par de cualquier hombre”, contó y afirmó que al principio pensó que iba a ser complicado, pero ahora es la primera en levantar caños y subir y bajar materiales en alturas elevadas.

El ritmo de trabajo, de 8 horas, es intenso. “Ahora estamos haciendo una silla transportadora, uso serrucho neumático, agujereadora vertical, soldadora, amoladora.. prácticamente todo”, detalló.

Anteriormente, había trabajado en una panchería y era la que siempre terminaba arreglando lo que se rompía en el local. “Aún funciona la heladera que arreglé”, contó entre risas.

En el camino se tuvo que enfrentar al miedo de sus padres, que pese a todo siempre la apoyaron. Vive sola y se mantiene con su sueldo. 

“Continuamente estoy viendo videos para aprender más sobre alguna máquina que me llama la atención. Me gustaría hacer más cursos para capacitarme  y estudiar la carrera de Petroquímica. Mi meta es crecer y seguir en esto. Es lo mío. Siento que estoy en mi mejor momento”, lanzó.

Compañeros respetuosos

Para Aymará, una de las mayores ventajas que tiene es ser detallista, aunque a veces le juega en contra porque se exige más de la cuenta.

De hecho, está característica y la de generar un mejor clima laboral, se encuentran entre los beneficios que destaca Asinmet a las empresas que dudan en contratar trabajadoras.

“Mis compañeros son respetuosos. Nunca han sido atrevidos”, explicó sobre el clima dentro de la fábrica.

“Si la mujer cree en ella y deja de mirar al hombre y entiende que tiene al lado un compañero más allá de ser un varón, ahí vamos a lograr el cambio y el de ellos. Mis manos están igual de engrasadas”, concluyó.