Pequeños productores de Cuyo centran sus esperanzas de tener una vida más digna en la apertura de la nueva Subsecretaría de Desarrollo Rural y Agricultura Familiar (SDRYAF). Las políticas de la subsecretaría atenderán las problemáticas que más aquejan a los pequeños productores y familias rurales agropecuarias, tales como regulaciones de tenencia y uso de la tierra, consumo del agua para producir, infraestructura, fortalecimiento del modelo de producción de agricultura familiar, comercialización y financiamiento del sector y apoyo a las organizaciones cooperativas. El objetivo de esta subsecretaría surge como resultado del diálogo establecido entre los agricultores familiares y el Gobierno nacional para fortalecer el desarrollo agropecuario.
    La agricultura familiar es un conjunto heterogéneo de unidades y familias que incluye desde los trabajadores sin tierras hasta unidades familiares capitalizadas. En el campo argentino los agricultores familiares aportan 53 por ciento del empleo rural y representan 66 por ciento de las explotaciones agropecuarias. Pero están relegados a zonas marginales de producción, padecen problemas de acceso al agua, a la tierra y a la comercialización. El flamante subsecretario de Desarrollo Rural y Agricultura Familiar, Guillermo Martini, indicó que “este será un espacio abierto, un lugar para que se los represente, un proceso de unificación bajo una misma lógica de intervención a los sectores más pobres”. Martini también anunció un subsidio al SDRYAF de un millón ochocientos mil pesos, además de que se harán entrega de 600 tanques de agua de mil litros a familias lavallinas.
    El ministro de Producción, Guillermo Migliozzi, busca que esta subsecretaría ayude a que las actividades agropecuarias sean rentables, que los jóvenes no abandonen el campo y que las familias estén apoyadas en el Gobierno. Las políticas de desarrollo rural deberán ser diferenciales, porque deben superar las asimetrías respecto del resto de los sectores agropecuarios, teniendo en cuenta la heterogeneidad de la agricultura familiar.Asimismo, deben ser integrales, porque comprenden diversas dimensiones: infraestructura, producción, vivienda, salud y educación. Uno de los mayores problemas que han tenido los pequeños productores es el de la tenencia de las tierras. Se comentaron muchos casos de desalojos de familias originarias de la zona y trabas en la entrega de tierras por aspectos económicos. Martini dijo que ese es un tema muy complejo y que hay que afrontar.
    Por su parte, los productores esperan que los registros de familias sean genuinos y se haga un seguimiento para evitar abusos en los mismos, pero que no sea un asesoramiento más, sino que el pequeño productor sea el principal actor, muestre su realidad y solucionen sus problemas. Además,muchos productores se quejan porque no tienen a quién vender su producción, y si encuentran compradores, el precio al que comercializan es demasiado bajo. Acusan a los intermediarios, quienes les compran sus cosechas por monedas y luego la exportan a elevados precios. Tal el caso de Cecilia, una pequeña productora lavallina. “Me pagaban 45 centavos por kilo de ajo y luego ellos vendían cada unidad a un peso”, reveló. Ante esto, Martini contestó que están elaborando una cadena de comercialización alternativa. Con estas medidas, prometen asistir a los productores y asociarlos, para que puedan trascender las fronteras de nuestra provincia y comercializar allí sus productos.