Durante la primera semana de febrero, una potente ola de calor afectó a Mendoza y varias provincias del país. Los especialistas afirmaron que este calor excesivo tiene una incidencia directa no sólo en la calidad de la uva, sino también en la cantidad de kilos que producen los viñedos.
Desde el Gobierno provincial evitaron adelantar conclusiones y afirmaron que van a esperar a conocer los datos del pronóstico de cosecha que elabora todos los años por el Instituto Nacional de la Vitivinicultura (INV) y que se publicará este viernes.
“Claro que una ola de calor puede afectar la producción. Más allá de esto, somos cautos y esperaremos a lo que informe el INV en su informe este viernes” señaló el ministro de la Producción, Rodolfo Vargas Arizu.
Por otra parte, Cintia Valverde y Federica Agüero, técnicas asesoras que pertenecen al Centro de Desarrollo Vitícola del Valle de Uco del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar) aseguraron que el daño principal se encuentra en la calidad de los vinos.
“Cuando hay mucho calor y temperaturas tan altas, las plantas pueden sufrir un estrés hídrico. Esto provoca un cierre estomático, haciendo que la vid deje de absorber agua, y reserva la poquita agua que le queda adentro. Disminuye la actividad de la planta, tanto a nivel fotosintético como respiratorio. Y se generan algunos problemas en la acidez de la uva. Podemos tener buena cantidad de azúcares, pero a veces la acidez queda en detrimento”, explicaron.
Por otra parte, las especialistas señalaron que un excesivo calor en esta época del año puede incidir en la “calidad, color y conservación de los vinos”, afirmaron Agüero y Valverde.
El ingeniero agrónomo Jorge Nazrala opinó en el mismo sentido y afirmó que los días de mucha temperatura no son “nada buenos” para la uva.
“El calor excesivo de estos días no es bueno para la calidad de la uva y el vino. Acelera la madurez, que de por si es más rápida en nuestras zonas (que mayoritariamente son cálidas). Los racimos, si la planta no tiene follaje adecuado o el sistema de conducción no es el adecuado, puede sufrir daños en sus hollejos por la combinación de exposición al sol y calor. Las uvas se deshidratan, se ‘amarronan’ (oxidaciones), pierden muchos de sus aromas y precursores aromáticos, pierden acidez natural, pueden llegar a formar compuestos aromáticos defectuosos (gusto a cocido, a compota, entre otros)”, indicó Nazrala.
Expectativas de cosecha
Productores y cámaras empresarias del sector vitivinícola anticiparon una cosecha superior a la del año pasado, con estimaciones que rondan los 20 millones de quintales, e incluso podrían alcanzar los 22 millones. Aunque destacan la estabilidad inflacionaria como un factor positivo, advierten sobre el impacto del tipo de cambio en la competitividad del sector.
Si bien el informe oficial del Instituto Nacional Vitivinícola (INV) aún no ha sido publicado, los referentes de la industria proyectan un crecimiento significativo respecto a la cosecha de 2024.
Mario González, titular de la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR), estimó un incremento del 10% al 15%. “Es temprano para cifras exactas, pero las condiciones climáticas han sido favorables y la producción en Mendoza y San Juan muestra signos de mejora“, afirmó.
Sergio Villanueva, director ejecutivo del Fondo Vitivinícola, situó las proyecciones privadas en torno a los 22 millones de quintales. “Las estimaciones privadas indican que la producción será un 10% superior a la del año pasado. Con 19 millones de quintales en 2024, esperamos entre 21 y 22 millones este año“, detalló.
Mauro Sosa, del Centro de Viñateros y Bodegueros del Este, coincidió en que el clima ha jugado un rol clave en esta mejora. “Hubo poco granizo en las zonas productivas, algo de peronóspora, buenas horas de calor y una notable presencia de Lobesia Botrana. En general, la cosecha será mejor que la del año pasado, aunque cada productor puede enfrentar realidades diferentes“, explicó.
