Las últimas dos expresiones que amagaron con convertirse en una tercera fuerza política en Mendoza terminaron en fracaso. Primero fue el FIT, que hizo una lectura errónea de aquella elección de medio término del 2013 y dejó pasar una oportunidad histórica. Lejos de darse cuenta de que habían sido favorecidos con el “voto bronca”, pensaron que el resultado en las urnas era un apoyo explícito a su plataforma ideológica. Pasaron de creer que la revolución de izquierda era posible, a perder toda la representación parlamentaria.
Después fue el turno de Protectora, de la mano de José Luis Ramón. De promesa a decepción. Pareció posicionarse en 2017 como una alternativa netamente mendocina, por afuera de los partidos tradicionales, hasta que se obnubiló con las luces del Congreso de la Nación y, de un momento para otro, se sacó el poncho de guardián desinteresado de los derechos de consumidores y se puso el traje kirchnerista.
Para la legislativas del 2021, el mapa estaba claramente polarizado. Era Cambia Mendoza, con el radicalismo pisando fuerte, o el Frente de Todos, con un peronismo local dominado por La Cámpora. Después, nadie llegó al 10% de los votos para mostrarse como alternativa real.
Una tercera fuerza, para posicionarse como tal, tiene que superar el 15% de los sufragios. Recién ahí lograr la cantidad necesaria de apoyo popular como para entrar en la conversación y en la disputa de poder. Pero, además, y por encima de cualquier factor efímero, necesita afianzarse en el tiempo.
“Se están presentando escenarios nuevos. Hay aproximadamente un 45% de mendocinos que no tiene una posición consolidada sobre a quién votar. Y luego, cuando van al cuarto oscuro, termina eligiendo lo que hay en la góndola electoral”, aseguró el consultor Elbio Rodríguez. Y completó: “La gente ha decidido votar por el candidato más que por el partido”.
La historia de los resultados en la provincia demuestra que la posibilidad de que surja una opción disruptiva existe. El tema es que nadie se anima a asegurar si eso ocurrirá en el 2023, más allá de intenciones e inquietudes.
“Estamos trabajando para eso. El Partido Demócrata nacional intentó unir todas las corrientes libertarias, y hemos dejado en claro que nuestro candidato a presidente será Javier Milei”, manifestó la diputada provincia por el PD Mercedes Llano.
“Después de décadas sin tener una figura tan carismática, ahora nuestro objetivo es fortalecernos y fijar el proceso de elecciones internas en Mendoza”, aclaró.
Para Martha Reale, directora de Reale Dalla Torre Consultores, ese es uno de los puntos suspensivos que se están notando: “Es cierto que existe el escenario perfecto para el surgimiento de una tercera fuerza y que el fenómeno Milei está muy fuerte a nivel nacional, con un 20% de intención de voto. El problema es que, por ahora, en Mendoza, no hay nadie que pueda capitalizarlo”.
Es decir que, más allá de las cuestiones declamatorias, todavía no hay un nombre que surja en el ecosistema de la política mendocina que pueda emparentarse con la figura del economista que surge como opción a nivel país. Y el tiempo de descuento ya está corriendo si la idea es crear un candidato y lograr posicionarlo. Consolidarse con un bajo nivel de conocimiento implica recorrer la totalidad de la provincia no menos de tres veces. Recién ahí está en carrera.
“En Mendoza, si no hay gestión para mostrar, las chances son pocas. Ese es un gran activo y no todos lo tienen”, explicó Reale.
Ahí juega otro aspecto clave: las próximas elecciones serán para cargos ejecutivos. La tradición mendocina juega fuerte en ese punto. A la hora de apostar por algún outsider, el electorado local prefiere los comicios de medio término, con un comportamiento más laxo, como si se tratar de jugar una ficha la suerte. Cuando se trata de elegir gobernador, florece el voto conservador.
Hugo Laricchia, creador del “MendoExit” y candidato a legislador provincia por el frente Vamos Mendocinos en 2021, tira la bomba: “No puede ser que la única opción a un gobierno tan malo como el de Rodolfo Suarez sea Lucas Ilardo y La Cámpora, que es peor aún”.
“Vamos a volver a intentarlo, seguro. Pero si hay algo que aprendimos es que no tenemos que lanzarnos antes de tiempo. Veremos quiénes quieren estar con nosotros y formaremos un frente que sea competitivo”, avisó.
Una de las incógnitas es saber si el PD tendrá resto y sagacidad para jugar con Milei y, en todo caso, si será lo único que tendrá para ofrecer. Porque, está claro, eso por sí solo no va a alcanzar. En elecciones desdobladas y con el estreno de la boleta única, la cara del líder de Avanza Libertad no servirá como carnada.
Después, existe el riesgo de que la grieta se termine devorando a los proyectos que murieron apenas asomaron. Uno de ellos, fue el de Ramón. Los otros, tienen que ver con iniciativas que, de tanto pararse enfrente del peronismo, terminaron en la interna de Cambia Mendoza. Y ahí, el aparato radical se impone con candidatos que ya están lanzados.
“Queremos generar balance dentro de la política. Vemos que hay mucha rosca, pero que importa muy poco lo que les pasa a los ciudadanos. Generar una tercera fuerza para hacer más de lo mismo no tiene sentido. Hemos decidido dar la discusión desde adentro. Y tenemos claro que vamos a ser un puente”, declaró Mauricio Badaloni, uno de los empresarios mendocinos que están conformando un frente para surgir como nueva oferta electoral.
La primera experiencia fue con Rodolfo Vargas Arizu, pero dentro de la interna de Cambia Mendoza. El propósito se modificó, o al menos así lo expresó Badaloni: “Sentimos que hay falta de representatividad. ¿Cuántos llenan un ‘931’? (NdR: formulario de AFIP donde se anotan los aportes realizados sus trabajadores) No queremos más seguir lidiando con los que se ponen de acuerdo para aumentar los impuestos porque ellos nunca los pagan”.
Esa es parte de la controversia en la construcción de terceras fuerzas. La diferencia entre querer ser protagonistas, ganar un espacio en el debate político o presionar apenas con tal de recibir un cargo. Y, en ese terreno, Cambia Mendoza ha mostrado la habilidad que otrora tenía el peronismo con Juan Carlos Mazzón, “El Chueco”, como operador. A veces, con riesgos innecesarios: el escándalo del pastor Hugo Bonarrico espabiló a la oposición para afilar la mira a la hora de controlar maniobras que apunten a desarticular terceras fuerzas o hacerlas jugar a favor.
