La Fiesta Nacional de la Vendimia es una celebración que los mendocinos sienten propia desde la infancia. Ir al Carrusel, esperar la Vía Blanca o emocionarse en el Acto Central forma parte de una memoria compartida. Pero cuando el objetivo es explicarla en un libro, esa familiaridad se vuelve compleja.
Ese fue el punto de partida de la Guía de Vendimia ilustrada, el proyecto editorial desarrollado por Elena Visciglio, Pamela Peterle y Silvina Barbanente, quienes se propusieron condensar en 30 páginas una experiencia atravesada por rituales, símbolos y escenas que muchas veces se naturalizan.

Una fiesta más compleja de lo que parece
“Como mendocinas crecimos yendo al Carrusel y disfrutando del Acto Central. La Vendimia era algo natural para nosotras. Pero al tener que explicarla nos dimos cuenta de que es mucho más compleja de lo que pensábamos”, señalaron.
El proceso llevó meses de trabajo y no se limitó a definir una estética visual. También implicó decidir qué contar y cómo hacerlo. La Vendimia -explicaron- está atravesada por códigos, regionalismos, personajes y tradiciones que le dan su mística y que, justamente por ser tan cotidianos para el mendocino, resultan difíciles de traducir para quien llega desde afuera.


Hubo que condensar sin perder sentido. Pararse desde la vivencia personal, pero también desde la observación y el intercambio con otras personas que viven la fiesta desde distintos lugares.
El momento más desafiante fue el Acto Central. No solo por su carga simbólica, sino por su dimensión: “Es lo más complejo por la cantidad de elementos, detalles y participantes. Teníamos que contar una fiesta de una hora y media en una sola imagen”.
La solución fue narrativa y visual: esa escena se desplegó en tres páginas para poder contener lo que sucede en el teatro griego.
Lo que el mendocino naturaliza
En ese ejercicio de traducción aparecieron rituales que forman parte de la identidad local y que muchas veces pasan inadvertidos.
La fila para ver pasar los carros en la Vía Blanca, las reinas arrojando fruta al público o el clásico atrapador armado con un canasto de damajuana son postales que no necesitan explicación para quien nació en Mendoza, pero que sí requieren contexto para el turista.
También el idioma implicó un desafío. La versión en inglés se trabajó con una correctora nativa que vive en la provincia para lograr que esos códigos culturales mantuvieran su sentido original.
A medida que avanzaba el proyecto surgieron además historias menos conocidas: el origen de las cajas lumínicas, los detalles de la corona vendimial, el Canto a Mendoza y todo lo que ocurre durante los meses de preparación del Acto Central.
Una guía para reconocerse y descubrir
La publicación está pensada para dos lectores al mismo tiempo. Para el mendocino funciona como un espacio de reconocimiento y memoria. Para el visitante, como una herramienta para comprender cómo se vive cada instancia de la fiesta.
El formato portátil permite usarla durante los eventos, pero también conservarla como objeto de diseño y recuerdo. La idea fue sintetizar una celebración extensa y cargada de significado en un libro breve, visual y accesible.


“Queríamos que fuera una manera de llevarse toda esta experiencia compleja en un libro ilustrado, con algunos toques de humor”, resumieron.
El resultado no es solo una guía informativa. Es una interpretación visual de la Vendimia que propone otra forma de mirar la fiesta más importante de Mendoza y descubrir, incluso para los propios mendocinos, detalles que siempre estuvieron ahí.
