Se volvieron todos locos. Todos, eh. El miedo los hizo entrar en una psicosis colectiva. Y el remolino se está llevando puesto a quien quiera aportar un poco de cordura.
El fin de semana había sido agitado para los mendocinos. Hubo cadenas de WhatsApp convocando a saqueos; hubo intentos de ataques a supermercados; se produjeron robos en negocios; piedrazos contra la Policía, disparos, allanamientos y detenciones que terminaron con varios en el penal. Todo eso sucedió. En Las Heras, Guaymallén y Tunuyán, y una escaramuza menor en Luján. Todos hechos confirmados. Nada de relato.
La tensión quedó en el ambiente. Y es lógico: ni la provincia ni el país atraviesan por el mejor momento; en todo sentido: económico, social e institucional. Pero está claro que hay quienes, en medio de la vorágine, están tratando de hacer su juego. Los ventajeros de siempre; que, además, gozan con un gobierno al que le cuesta reaccionar desde el punto de vista comunicacional. No importa si tiene o no el control de la situación. Hay una respuesta tardía.
Este martes, a media mañana, las redes sociales se impregnaron de mensajes falsos. Audios que aseguraban que “están subiendo a robar a los colectivos”, “que están saqueando todos los negocios del centro”, “que están entrando a robar a las escuelas”. Videos con artística agitada, tomas vertiginosas y relatos repletos de adrenalina. Y una palabra en común: “saqueos”. Me dijeron, me contaron, me llamaron. Mi cuñada, mi tía, mi vecino, mi amigo. Todo así. La evidencia quedó relegada ante la creencia.
¿Quiénes saquean comercios? ¿Quiénes roban en los micros? ¿Quiénes asolan escuelas? Todo falso.
La misma estrategia, sin tanta tecnología, se dio en la crisis del 2001, cuando agitaron el fantasma de las hordas de delincuentes desalmados que iban a invadir los barrios de clase media, destrozar todo a su marcha, violar mujeres y robar niños. Pues no: era toda una operación hecha por parte de los personajes más ruines vinculados con los servicios de inteligencia, que se especializan en campañas de difamación y miedo colectivo. Siembran pánico porque se mueven bien en ese barro. Y Mendoza, particularmente, así como sirve de experimento para los estudios de mercado de las cadenas de supermercado, es proclive a comerse el cuento del malón.
Se generó, por supuesto, un efecto contagio que engendró una espiral de terror. Automáticamente, los padres fueron a buscar a sus hijos a las escuelas, evitaron el transporte público, se suspendieron clases de diferentes actividades y los comercios céntricos sin más evidencia que las corridas de sus vecinos y el pánico generalizado, bajaron sus persianas.
¿Había sucedido algo en realidad? No, nada más allá de los arrebatos o robos como los que ocurren a menudo. La gente se desesperó. No pensó. Simplemente actuó por instinto de supervivencia, sin al menos tratar de pensar por un segundo qué estaba presenciando.
“Me mandaron un video”, dijo el gerente de un hotel. Y continuó: “Lo grabaron unos turistas y se ve todo”. Unos minutos después, tras una reflexión necesaria, reconoció: “No se ve nada. Es simplemente gente corriendo sin saber por qué y los comerciantes agitados por el miedo”. Eso fue lo que pasó.
“Es verdad, están saqueando. Están todos los comercios cerrados”, aseguró un efectivo de una empresa de seguridad privada, alcanzado por la lógica de la falacia. Fue causa y efecto. Rumor+miedo=cierre de comercios y la creencia de que eso había existido.
Si el Gobierno estuvo lento para detener la ola de rumores, del otro lado hubo una oposición agazapada para ver si podía echar más combustible a una realidad que explota con solo mirarla. Hubo referentes políticos que dieron por cierto los rumores y los llevaron como información chequeada a las redes. Irresponsables.
Ya pasado el mediodía y cuando el pánico ya estaba instalado, el gobernador Rodolfo Suarez salió a través de Twitter a intentar apaciguar los ánimos. Pero no era ese el medio. Las redes son herramientas fantásticas para comunicar, pero en una situación semejante, cuando el barco atraviesa el temporal, el capitán debe plantarse y transmitir seguridad. Y eso no se logra con la virtualidad. (NdR: mejoró notablemente cuando luego grabó un video en primera persona)
La institucionalidad de la que se jactó Mendoza está desapareciendo poco a poco, como una foto que se va esfumando. Era en un momento como este donde había que mostrar otra altura, otro nivel. No lo hizo el Gobierno; ni dando respuestas rápidas ni convocado a todos los sectores para establecer políticas en común. Tampoco lo hizo la oposición, que cree que de esa manera puede obtener un rédito electoral, sin darse cuenta de que, en realidad, lo único que se logra es hacer un poco más miserable la vida de los mendocinos.
