Prometen pagos rápidos por calificar alojamientos de Mendoza en Google Maps. El trabajo parece simple: poner cinco estrellas, enviar una captura y recibir dinero en minutos. Pero detrás de esta aparente oportunidad laboral hay una nueva modalidad de estafa digital que opera desde Telegram y que ya tiene víctimas, no sólo en la Argentina.
El esquema de fraude global, bautizado como la estafa de las estrellitas, combina elementos de marketing digital, manipulación psicológica y transferencias reales para ganarse la confianza de la víctima. Primero paga por tareas inocentes; después exige inversiones cada vez más altas, con la promesa de ganancias inmediatas que nunca llegan.
El dinero termina en cuentas particulares argentinas, mientras los hoteles utilizados como carnada quedan atrapados en una maniobra de la que no son parte.
Mendoza aparece así como escenario involuntario de un fraude transnacional. No importa dónde estén los estafadores ni las víctimas: el anzuelo funciona gracias a la credibilidad de lugares reales y fácilmente verificables. Lo que comienza con un mensaje en redes sociales termina en una espiral de pagos, presión y pérdidas totales.
Cómo empieza la estafa de las estrellitas
El fraude arranca con una publicación atractiva en Facebook, Instagram o WhatsApp. El texto es simple y directo: “¿Querés ganar plata fácil desde tu casa? Pagamos por tareas simples como poner estrellitas en Google”. La propuesta, presentada como un trabajo remoto sin jefes ni requisitos, despierta el interés de quienes buscan o necesita ingresos rápidos.
La respuesta a ese anuncio lleva siempre a Telegram. Allí, un “coordinador” explica que la tarea consiste en mejorar la visibilidad de alojamientos mendocinos en Google Maps, otorgándoles la máxima calificación. Para completar la primera misión, la víctima envía una captura de pantalla como prueba.
En cuestión de minutos, llega el golpe de confianza: una transferencia real de $2.000 a una cuenta bancaria o billetera virtual argentina. La operación es real, el dinero aparece en la cuenta, y la víctima cree que encontró un ingreso seguro y sin riesgos. Este pago inicial es la pieza clave para bajar la guardia.
A partir de allí, la narrativa cambia. El “coordinador” traspasa el trabajo sucio a un “gerente” que sugiere tareas más rentables. La persona que desee ganar más, puede pasar al “siguiente nivel”. Así queda atrapada en un esquema diseñado para parecer legítimo, pero cuyo final es siempre el mismo: perder dinero.
Hoteles mendocinos como anzuelo
En Mendoza, el nombre de hoteles y alojamientos reales se usa como garantía de credibilidad. Los estafadores los eligen porque son fácilmente verificables en Google y porque una calificación positiva parece un trabajo concreto y verificable. Sin embargo, estos establecimientos no tienen relación alguna con las redes delictivas.
El peligro para los hoteles es latente: se convierten, sin quererlo, en parte visible de un delito que no cometieron. No son cómplices, también son víctimas.
Sin embargo, para el usuario que ve el anuncio inicial, la presencia de alojamientos conocidos refuerza la idea de que el “trabajo” es real porque los hoteles existen, la tarea se cumple y el pago llega.
Esta estrategia no es exclusiva de Mendoza, ya que las bandas organizadas utilizan restaurantes, tiendas o servicios reales de cualquier región turística para atrapar víctimas. El patrón es idéntico: usar la reputación de un tercero para reforzar el engaño.
De las tareas simples a la inversión obligatoria
Tras el pago inicial, los estafadores invitan a la víctima a sumarse a misiones “más rentables”. Las reglas cambian: hay más alojamientos que calificar, un tiempo límite de 20 minutos y comisiones supuestamente mucho más altas. Los chats se llenan de mensajes de “clientes felices” que muestran recibos de transferencias y agradecen la oportunidad.
El paso decisivo llega cuando se exige una inversión. El argumento es siempre el mismo: para acceder a la misión y cobrar la comisión, hay que “activar” la tarea con un pago. El monto prometido en retorno es mayor que la inversión y la devolución se presenta como inmediata.
La escala de pagos crece de forma abrupta. Comienza con $10.000, sigue con $30.000, pasa a $125.000, luego $540.000 y puede llegar hasta $1.880.000. Cada vez que la víctima paga, se le muestra un saldo creciente en una supuesta cuenta virtual, pero ese dinero nunca podrá retirarse.
La presión aumenta cuando la víctima se muestra reticente a seguir pagando. Los mensajes cambian de tono: “Si no completás la tarea, perdés todo lo acumulado”. El objetivo es que la persona siga transfiriendo para no perder el dinero ficticio que cree haber ganado.
El método de presión psicológica
Los estafadores no improvisan. Cada paso está calculado para mantener a la víctima emocionalmente involucrada. En los grupos de Telegram, perfiles falsos actúan como compañeros de trabajo que celebran sus cobros, generan confianza y presionan a quienes dudan en avanzar.
La urgencia es uno de los recursos más utilizados. Frases como “cupos limitados”, “última oportunidad” o “tarea válida solo por hoy” obligan a la víctima a actuar rápido, sin tiempo para reflexionar o pedir asesoramiento. El límite de 20 minutos para completar las misiones es otro elemento clave.
El discurso se adapta a cada respuesta de la víctima. Si muestra inseguridad, recibe mensajes de aliento y ejemplos de ganancias de otros participantes. Si se niega a invertir, el tono se endurece: se la acusa de “perjudicar al equipo” o de “perder una oportunidad única”.
El resultado es un ambiente cerrado, en el que la víctima siente que forma parte de algo exclusivo y que debe seguir las reglas para no quedar afuera. Es manipulación psicológica en estado puro, aplicada con precisión y constancia.
La prevención, la mejor defensa
La fiscal de Delitos Económicos e Informáticos, Gabriela García Cobos, conoce de cerca este tipo de maniobras. Afirma que el patrón se repite con pequeñas variaciones y que las señales de alerta son claras para quien sabe identificarlas.
“El tema es estar atentos, no tomar decisiones rápidas y asesorarse”, señaló. “A veces, al principio, se cumplen promesas pequeñas, lo que baja el nivel de alerta de la víctima y la lleva a continuar participando; ahí es donde se concreta la estafa”, agregó la fiscal.

García Cobos explicó que el cibercrimen suele ser interregional. En tal sentido los delitos no siempre se cometen en el lugar donde está la víctima, y las redes usan herramientas como VPN para ocultar su ubicación. “Una transferencia se hace en segundos, pero seguir el rastro del dinero puede llevar meses”, advirtió.
La funcionaria subraya que el sistema financiero formal está regulado y que las ofertas de ganancias extraordinarias que no provengan de entidades oficiales son, en la mayoría de los casos, falsas. “Las modalidades cambian, se perfeccionan y la inteligencia artificial facilita los engaños, generando apariencias de legitimidad”, aseguró García Cobos.
“Nunca invertir en lo que no se entiende”
Gonzalo Rey Tudela, especialista en ciberdelitos del Ministerio Público Fiscal, insiste en un punto central: la mayoría de las víctimas transfiere dinero a personas físicas, no a empresas, lo que facilita el accionar de los estafadores y dificulta la recuperación de fondos.
“Primero, desconfiar siempre. Hay que tener cuidado con la publicidad que se ve en redes sociales y con las ofertas de inversión. Nunca invertir en algo que no se entiende”, avisó el experto. Ya con el delito consumado, aconsejó realizar la denuncia: “No hay culpa ni vergüenza en ser víctima”.

Rey Tudela destacó que estas estafas no solo generan pérdidas económicas. “La víctima se siente engañada, desprotegida y, muchas veces, avergonzada. Ese impacto emocional es tan grave como el monetario”, explica.
Además, advierte que los estafadores segmentan a sus objetivos: “Hemos visto casos de publicidad dirigida a adultos mayores, con supuestos descuentos de servicios públicos, y otros enfocados en personas jóvenes que buscan ingresos online”. Siempre, el guión se adapta al perfil de la víctima.
La víctima española que se volvió viral
En 2024, un video de TikTok protagonizado por la española Sara Torrijos se volvió viral. Allí, contaba cómo había perdido más de 4.400 euros en una estafa similar a la de las estrellitas.
Su relato, crudo y emotivo, fue compartido miles de veces y encendió la alarma sobre este tipo de fraudes.
Aunque en su caso el anzuelo no fueron hoteles de Mendoza, el patrón coincide en todos los puntos clave: un pago inicial para generar confianza, promesas de ganancias rápidas, un saldo virtual que crecía y presiones para seguir invirtiendo que la llevaron la desesperación y a la pérdida total del dinero.
Las advertencias oficiales
La Unidad Fiscal Especializada en Ciberdelincuencia (UFECI) emitió un comunicado alertando sobre el aumento de fraudes iniciados con falsas oportunidades laborales o de inversión, muchas veces a través de Telegram. Según el organismo, el uso de plataformas de mensajería encriptada y cuentas de pago virtuales dificulta el rastreo de los delincuentes.
El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires también se pronunció sobre un esquema que bautizó como “la estafa de los likes pagos”, con un patrón idéntico: tareas simples, pago inicial, pedido de inversión y bloqueo de fondos.
En ambos casos, la presión psicológica y la sensación de urgencia son herramientas centrales. Las advertencias oficiales coinciden en un punto: la prevención es esencial para frenar el avance de estas redes delictivas.
Sin embargo, la falta de denuncias sigue siendo un obstáculo, ya que muchas víctimas no reportan, por vergüenza o desconocimiento.
Fraude global, con involuntario sello local
Aunque no hay pruebas de que los autores de esta modalidad estén en Mendoza, el uso de hoteles y alojamientos reales de la provincia coloca a la provincia en el centro de una red internacional de fraude. Las transferencias finales suelen hacerse a cuentas argentinas, lo que convierte al país en un eslabón clave.
Mendoza, en este caso, es un escenario elegido por su imagen turística y por la facilidad de verificar en Google los alojamientos mencionados. Pero el mismo libreto puede adaptarse a cualquier ciudad del mundo con presencia online.
El único punto en común entre todos los casos es que, sin prevención y sin denuncias, el ciclo se repite. Y cada vez que lo hace, deja nuevas víctimas con sus cuentas vacías.
