La Escuela de Música de la Universidad Nacional de Cuyo tiene edificio nuevo en el predio universitario. Esta primera etapa consta de 29 aulas para el dictado de clases prácticas y los estudiantes las estrenarán en las mesas de diciembre. El moderno inmueble se ubica detrás de la Facultad de Artes y Diseño. Allí se trasladará 75 por ciento de las actividades que se desarrollan actualmente en el edificio de la calle Lavalle. La construcción comenzó en el 2007, con una inversión de más de cuatro millones de pesos. La inauguración formal se realizará el 23 de noviembre.
El lugar actual donde funciona la escuela no se adapta a las necesidades de los docentes ni de los estudiantes. Las clases se dictan en sótanos y la pésima acústica dificulta la ejecución de los instrumentos. “El nuevo edificio es una excelente noticia para el claustro universitario. Hace 40 años que funciona en calle Lavalle y es una casa que no cumple con los requisitos funcionales académicos para el dictado de las clases musicales”, señaló la decana de Artes y Diseño, Silvia Persio. Además, agregó que el edificio nuevo tiene las características adecuadas para que se den procesos de excelencia académica, ya que cuenta con acústica sonora para el funcionamiento de las carreras musicales.
La vicedecana y profesora de Flauta, Beatriz Plana, señaló: “Dictábamos las clases en sótanos sin luz ni ventilación. La construcción de la escuela es un sueño hecho realidad”. Las aulas a estrenar son pequeñas porque se adaptan a las clases personalizadas de estudio. Los instrumentos se trasladarán al edificio en los próximos días, para que en la inauguración esté todo en su lugar. Por el momento, sólo descansa en una de las salas el piano del maestro Julio Perceval, primer director del Conservatorio de Música. La obra se realizará en tres etapas de 1.800 metros cuadrados cada una. La primera incluye las aulas de la planta baja. La segunda etapa es de 10 aulas teóricas.
Y la tercera fase consiste en la construcción de la biblioteca, la sala de profesores y dos auditorios. Las paredes del edificio son de bloques de hormigón rellenos de arena aplastada y están revestidas con mallas metálicas que mejoran la aislación sonora entre los recintos contiguos y el exterior. La decoración combina vegetación autóctono, coirones y jarillas, continuando el piedemonte mendocino.
