Un equipo de investigadoras del Conicet Mendoza está trabajando para identificar cuáles son las combinaciones de desechos de la industria agrícola que resultan más eficaces para cultivar gírgolas. Este hongo comestible, conocido científicamente como Pleurotus ostreatus, es valorado por su alto contenido de vitaminas del complejo B, como B1, B2, B3 y B12.
El proyecto es liderado por las investigadoras Magdalena Espino, María de los Ángeles Fernández y Joana Boiteux, quienes forman parte del Grupo de Química Verde y Sanidad Vegetal del Instituto de Biología Agrícola de Mendoza (IBAM, Conicet-UNCuyo). Además, la empresa Fungus Conexión Simbiótica S.A.S., a través de sus especialistas Matías Suárez, Juan Pablo Giol y Guillermo Navarro Sanz, colabora aportando su experiencia en el cultivo, inoculación e incubación de estos hongos.
Según explicó Magdalena Espino, el estudio permitirá analizar si los distintos sustratos utilizados generan diferencias en la composición química de las gírgolas. Estos resultados podrían abrir la puerta a la producción de alimentos con propiedades funcionales o nutricionales específicas.

Los beneficios para el sector productivo
Este avance representa también un beneficio directo para los productores de hongos, ya que podrían acceder a insumos más económicos y sustentables mediante la reutilización de residuos agrícolas locales.
Estiman que esto no solo reduciría los costos de producción, sino que también promovería prácticas más amigables con el ambiente, en línea con los principios de la economía circular.
“Además, como grupo de investigación podremos fortalecer nuestra línea de trabajo en la revalorización de residuos y la biotecnología aplicada, generando conocimientos que podrán servir de base para futuros desarrollos”, destacó María de los Ángeles Fernández.
