Hace más de 10 años, Ignacio “Nacho” Torre (Mat. 9366) decidió ser médico paliativista con el único propósito de brindar a sus pacientes una vida digna hasta morir. La finalidad es aliviar el dolor y mejorar su calidad de vida. Para ello, se alejó de los lineamientos preestablecidos en la universidad y comenzó a abordar a los enfermos de una manera distinta, mucho más humanizada.
“Las consultas de 15 minutos con un escritorio de por medio nunca me terminaron de convencer. Dejar de lado el contexto social, emocional y espiritual del paciente no era lo mío. Me sentía incómodo y no me era suficiente para conectarme con el otro. Así, con esas herramientas fue que comencé a formarme en cuidados paliativos”, contó el médico a El Sol, sobre sus inicios.
Luego de recibirse como clínico y tras sus prácticas profesionales en el Hospital El Carmen donde, además fue jefe de Residentes, inició cursos y posgrados de manera virtual y presencial en Buenos Aires para perfeccionarse en Cuidados Paliativos, algo que definitivamente quería para su vida ya que implicaba una conjunción perfecta entre la ciencia y el trato compasivo.
La especialidad de Cuidados Paliativos es nueva en el país, no tiene más de 60 años, y si bien la profesión ha crecido mucho a nivel nacional, en Mendoza se estima que existen unos 25 especialistas, de ellos, muy pocos deciden ejercer el oficio mediante la atención domiciliaria.
“Somos pocos porque es una especialidad que demanda un compromiso importante con el paciente y su familia. En la facultad nos nos enseñan a conectar con el otro, a acompañar al que se está muriendo, menos a la familia de esa persona. Nos marcan que hay que tener distancia con el paciente, que no hay que involucrarse y menos llorar con ellos, cuestiones que las considero pésimas ya que no hay un momento más necesario para acompañar que cuando uno se está muriendo”, recalcó Torre.
La importancia de acompañar al otro
Los cuidados paliativos van dirigidos a pacientes con enfermedades que pueden ser potencialmente letales o mortales para la vida, pero también son abordados para pacientes con enfermedades crónicas prolongadas.
“Normalmente se relaciona a los cuidados paliativos con el cáncer, pero en realidad de cada 3 pacientes que requieren de estos cuidados sólo 1 padece cáncer y el resto, tiene otro tipos de enfermedades como insuficiencia de órganos, enfermedades neurológicas o infecciosas”, contó Torre.
A la hora de hablar sobre su rol frente al paciente y la familia, Ignacio manifestó que “no es sólo asegurar la muerte digna del paciente, sino lograr que ese paciente viva dignamente hasta morir. Tenemos que dignificar la vida hasta el último momento”.
De este modo, la función del médico paliativista consiste en controlar los síntomas del paciente, aliviar todo lo que pueda estar molestando o interfiriendo con la calidad de vida, sobre todo el dolor, y también prevenirlo.
“Acá hay que considerar que el que sufre no sólo es el enfermo sino también su núcleo familiar, sus amigos, sus cuidadores, entonces no tenemos un paciente en cada casa sino varios, porque todos sufren a la par”, reflejó.
“Nuestro trabajo pasa más por la escucha. Hay que entender que hoy soy yo el que está de este lado como médico, pero mañana me puede tocar ser paciente o ser familiar de un paciente y cómo querría yo que me traten si así fuera”, refirió.
El médico paliativo no trabaja solo, sino que ejerce el oficio acompañado por un equipo interdisciplinario conformado por un enfermero, un psicólogo o psicooncólogo y todo lo que pueda ayudar al paciente y a su familia kinesiólogo, nutricionista, trabajadora social. Se trata de agentes que ayudan a aliviar el sufrimiento.

Cómo encarar la muerte desde la verdad
Uno de los momentos más cruciales para estos doctores es cuando les tienen que anunciar a los pacientes que la muerte se aproxima, algo que no sólo afecta al enfermo sino también a sus familiares.
“Los pacientes que están en una situación de potencial riesgo de vida siempre buscan que uno no les mienta y que siempre se les diga la verdad. Es una premisa fundamental que cuesta que se entienda, sobre todo, por parte de los que están acompañando a esa persona porque creen que, si uno le dice la verdad, se deprimirá, se dejará morir o se asustará y la realidad es que cada uno es dueño de su vida y de su tiempo, no podemos jugar con esa vida y ese tiempo, por eso la honestidad es fundamental”, relató el médico.
El especialista, además, agregó que ellos no dan un pronóstico de tiempo, “lo que sí se asegura es que uno lo va a acompañar en todo el proceso y va a hacer el esfuerzo posible, desde lo médico y humano, para aliviar su sufrimiento”.
Esto pasa con los que mueren y los que quedan también son asistidos moralmente por los paliativistas. “Mi consejo para los que quedan es que siempre generen recuerdos como un bien preciado, como un tesoro para cuando los otros no estén. Aquellos que amamos no mueren porque los mantenemos vivos en los recuerdos, por lo que siempre seguirán con nosotros”, sentenció.

Volver a casa y soltar
Los días de estos médicos arrancan temprano y no tienen un horario de cierre. Ignacio atiende un promedio de 20 pacientes, su teléfono está abierto las 24 horas del día y su atención es incondicional.
Recién cuando regresa a su casa y cuelga el maletín es cuando conecta con su ser interior y es ahí donde carga energías para volver a arrancar.
“El grado de compromiso de este trabajo demanda un acompañamiento emocional importante y uno requiere ciertos escapes o liberaciones ya que cuando terminás tu labor y te vas de la casa del paciente no te olvidas de lo que pasó, de lo que se habló o se vivió, sino que eso permanece. Entonces la cabeza y el corazón siguen trabajando y eso influye en la vida diaria, en la vida de familia y en la vida social”, explicó.
A la hora de hablar de su cable a tierra, el médico manifestó que lo encuentra con sus hijas y su aventuras al aire libre.
“No me imagino otra cosa dentro de la vida. Hago lo que me gusta. Siempre que los pacientes mueren quedo conectado con las familias y, muchas veces, termino siendo parte de esas familias y eso es impagable”, reflexionó.

En busca de una ley de paliativos
A la hora de hablar de una muerte digna, cuidada y decidida, inmediatamente se vincula a los cuidados paliativos con la eutanasia, sin embargo, Torre manifestó que se trata de dos cuestiones completamente diferentes.
“El proceso de eutanasia consiste en administrar métodos para terminar con la vida del paciente, ya sea acordado o no, y nuestra función no es acelerar la muerte del paciente, pero tampoco prolongar la agonía. Nos dedicamos a aliviar el sufrimiento y a dar los métodos posibles para que la vida sea digna hasta el último momento”, explicó.
El especialista aseguró que el próximo debate grande en Argentina, tras la legalización del aborto, es la legalización de la eutanasia y el suicidio asistido en determinadas situaciones puntuales, sin embargo, aclaró que “los médicos paliativos estamos en una disyuntiva ya que creemos que antes de abordar este tema, que es necesario, es pertinente que en el país se reglamente la ley de cuidados paliativos”.
La Ley Nacional de Cuidados Paliativos cuenta con media sanción de la Cámara de Senadores desde hace más de 1 año, y los médicos solicitan con urgencia que el proyecto sea tratado en el recinto de Diputados para su aprobación definitiva.
“Con la aprobación de la ley buscamos que el acceso universal esté garantizado para todos los pacientes con necesidades de atención paliativa, ampliando la cobertura a las patologías no oncológicas, en todos los niveles de atención, así como su inclusión estructural en las instituciones que prestan servicios de salud”, dijo Torre.
Hoy en Argentina, entre el 10% y 15% de los que necesitan acceder a cuidados paliativos lo hacen, por eso se exige mayor cobertura para que mayor cantidad de personas tenga acceso a la medicación, asistencia y sobre todo acompañamiento en el hogar.
